Foto Google
Una vieja mejicana adivinó mi presente. Lo hizo en el pasado, viendo mi futuro. Sin yo saberlo seguí sus pasos como la anciana que fui. Cargando sobre mi espalda un saco de maíz y siglos de mala-buena suerte. Con mi pañuelo de colores al cuello por eso de que el calor aprieta en esta otra parte del mundo. Me lo contó mi hermana que no cree en brujas (aunque sea un hada), una fría tarde de domingo en que la nieve le impidió salir de casa y a mi volar hasta ella. La misma nieve que nos alejó fue la que volvió a unirnos. Algunos ilusos aún piensan que fue skype quien permitió nuestro delirio.
La vieja mejicana, a la que imagino con collares tintineantes y sonrisa benévola, predijo algo que ni siquiera mi hada sabía que yo pensaba. ¿Cómo iba a saberlo si estaba tan dentro de mí que aún no había nacido palabra que le diera forma? Y, por tanto, sentido. No se puede decir que fuera un sueño, sino algo indefinido que recién empezaba a esbozarse. ¿Cómo fue que la vieja lo supo?
Sin saberlo supe yo que en realidad tengo 76 años y vivo al otro lado de la gran charca, que la razón es un arma poderosa capaz de encadenarte al suelo de por vida, a esa visión única de las cosas que te impide ser tu propia cometa y te ayuda a morir.
¿Si los pájaros razonaran volarían?
--
-¿Cuál es su nombre? Pregunté. O el mío
- Ahora no lo recuerdo.
-Pues juraría que esa vieja está dentro de mi o está siendo yo en este momento.
En el cuento que escribí aquella vez tras las cortinas solo había dos hombres y un perro. Un anciano vivido y un joven cetrino que se protegían de la tormenta de arena tras un peñasco. A su lado dormía un camión con las ruedas enterradas en la arena. El perro era un ser lánguido y sediento de sombra. En la taberna desvencijada (dos vasos secos de vino sobre la madera roída de una mesa) no se ve más que una… sí, una niña con trenzas que ordena las ausencias. De piel oscura como la vieja que adivinó este destino mío de ahora. Como la niña que seré. También vio sin verme mis molestias de estómago. Y mi lucha. La niña. Y que alguien se levantaría con el corazón en la mano y de un salto me acompañaria en mi camino.
No le voy a esperar, pero qué bueno sería un corazón exaltado con el que compartir vasitos de tequila bajo las pancartas y el frío.
-¿Y qué es eso de que no quieres escribir?
-No, no es que no quiera, es que estoy en otras cosas, tengo un nudo aquí… no me salen las palabras.
-¿Qué cosas? ...
-Cosas, no sé…
14 comentarios:
¡Qué preciosidad Sue!
Por puro egoísmo te diría que dejes todas las cosas. Solo, por favor, escribe.
Y yo opino lo mismo. Escribe, escribe... como si no hubiera un mañana!
Un besín
"existe un hermoso país en su cabeza
allí donde la promesa del cielo le toca con su mano
desnuda está la piel del cielo y desollada por los racimos de roquedas
los ásperos itinerarios de los convoyes de las penas
han limitado el enfebrecido perfil del aire
y en la cisterna de su memroia el enjambre de las tribus
maduradas en los pérfidos nivelamientos
desagrega la espuma jadeante la razón sin salida".
Tristan Tzara.
'El hombre aproximativo'.
(Le he pedido a mi novio que te diga algo al respecto y ha salido esto. Ahora, olvídate de nosotros, pega un grito en la esquina que no elijas y escribe sin concierto. Por haber creído que amar era el verbo más bello. Como dice la canción).
Estoy con las gallegas (Una casi, pero ejerce) que me anteceden, si escribiera una sola palabra ensuciaría las de ellas, las tuyas y las del novio de mi amante...
Mejor el silencio de admiración ante la genialidad...
Besos y salud
Escribe, ¡Maja!, "esas cosas"... seguirán teniendo portagonismo, ¡qué te compartan con nosotros!
Magnífico Sue!!
Estoy con los demás comentaristas, no dejes de escribir... lo haces con fluidez y con pasión.
Un beso!!
Me ha recordado a un cuento que leí que era todo verde y amarillo;quizá eran las viejas y las niñas,quizá es tu estilo,quizá es que tienes la capacidad de dejarme siempre como un perro husmeando una estela en el aire.
Un aire literario,claro.
...
Te apetece un gin tonic??
Yo quiero dejar de beber pero no lo consigo,aunque me da más por el ron.
Besos,a tus pies,te escribí muy malita.
Secundo la moción de todos los comentaristas anteriores. ¡¡escribe!!
Besitos
La ficción, si está bien escrita, es la realidad de dentro. La buena.
Esas cosas que una no sabe son las que hacen literatura...
Bizz, Sue.
Ah y no te fíes de las viejas mexicanas ;-)
Paradela, gracias, a mi no me parece tan precioso, son más los ojos de quien lo lee.
---
Norma, gracias también. Escribiré. En realidad no hay mañana, solo ahora.
Besos.
---
Larisa, precioso lo que escribe tu novio. A su lado lo que yo escrito es chiquito como cuerda de violín.
Pero no me pidas que me olvide de vosotros, eso sí que no.
---
Genín, no sé si he entendido lo de las galletas...
---
Rubén, vale ¡majo!
---
Laura, pasión una poca sí, fluidez ya no sé...aunque si, sale del tirón (así sale).
Besos.
---
Reyes, voy a pasar de los gin del aperitivo a tomarlos hasta para desayunar, como la de esa peli de tu amigo. Los tomaremos juntas.
No estoy muy segura aún de mis cualidades literarias... pero Gracias.
Un beso.
---
Elysa, gracias.
Un beso.
---
NaN, gran apreciación.
---
Eva, ciertamente.
Besos.
¡Ah, tus muchas cualidades! Entre ellas, la de escribir, que es la que más conozco.
Alguien, lejana, que te adivina. Dos hombre y una tormenta de arena. El silencio de la niña que ya no es, quizá tampoco fue...en todos estás y tu mirada profunda ve más allá que otros.
Un aureola de cualidades, lo sabe el hada, también la anciana.
ESCRIBE
ESCRIBE, Sue.
Virgi, uno a veces no sabe qué edad tiene en realidad y te diría que es el mejor estado.
Un beso cargado de gratitud.
Lo he disfrutado; has dibujado una sonrisa en mi boca, durante toda la lectura.
Besos.
Publicar un comentario