Mi amigo J me dijo ayer que puede que sea una quejica. Lo hizo porque yo le pregunté directamente tras una conversación en la que, más o menos, ya me lo había dejado caer un par de veces. En parte me sorprendió pero en parte se lo agradezco (y esto queda escrito).
Me sorprendió porque hasta hace bien poco (ayer, sin ir más lejos) pensaba que yo no soy de esas que van de víctima, pensaba yo, para mi, para dentro, que siempre he sido bastante consciente de mis limitaciones y errores, y que he pasado, en un 85%, de victimismos y pavadas por el estilo. He aceptado las consecuencias de mis actos no diría que con valentía pero si con cierta entereza y no me he quejado demasiado de fulanitos y menganitos. Creía yo saber que esa no es la actitud para la vida, que hay que levantarse y seguir adelante cueste lo que cueste ("de Este a Oeste"). Que no digo que nunca me queje, a ver, tengo mis derechos, pero pensaba yo que el victimismo no era mi modus operandi.
La parte en que lo agradezco, de todo corazón, es porque J, que casi siempre está cargado de razones, me ha hecho pensar que puede que en esta ocasión también la tenga. Según él yo tengo casi todo lo que puedo desear, por lo tanto debería ser mucho más positiva y menos cardo. Abrazar más, quejarme menos y mirar la vida desde otro prisma. No lo dice con estas palabras, claro, pero yo lo escribo así que es más mi estilo. Y bueno, cierto es que a veces me obsesiono con problemas que no existen o que yo misma genero (aún no he logrado saber qué es peor, estoy trabajando en ello) y lloro por los rincones penas que no lo son tanto, igual que es cierto que si hay ciertas cosas en mi vida que no están bien, es por mi culpa. Mi grandísima culpa. Porque no sé hacerlo de otra manera. Pues aprendes.
El otro día, precisamente, viendo "The other woman" me sentí tremendamente identificada con la protagonista, Natalie Portman, no por su belleza obviamente, sino por su condición de mujer espinosa (que rima con asquerosa). Una mujer que no es capaz de esconder las púas ni en el tiempo muerto y que parece que no sabe muy bien lo que quiere en la vida. Tiene la rara habilidad de convertir sus buenas intenciones en pifias de renombre y al no saber comunicarse como lo hacen los demás, muy a menudo es mal interpretada y juzgada como una hijaputa. Como además no tiene tendencia a frotarse con sus congéneres (abrazarse y besarse), se la acusa de arisca.
En resumen, aparentemente lo tiene todo para ser feliz, pero, aparentemente también, le faltan las ganas de serlo. En su caso tiene una buena y muy cinéfila disculpa pues viene de una familia rota (su padre gastaba grandes sumas de dinero en una especie de cabaretera mientras seguía viviendo con su madre) y soporta el trauma de haber matado a su bebé (sin querer), pero a mi esa excusa no me vale porque yo no tengo traumas familiares y tampoco maté a mi bebé sin querer (lo hice queriendo y no era un bebé).
Es por ello que voy a hacer un ejercicio de limpieza y aceptación aquí delante de todos, a ver si funciona. Es algo que hago prácticamente todos los días, a solas frente al espejo, mientras se calienta el puchero, en la ducha, de camino al cadalso, cuando escribo frente al PC... pero como está claro que no sirve (las púas siguen ahí), voy a hacerlo a lo público. Agotando el cargador que se dice.
Y por ello acepto que:
-Tengo el trabajo que tengo no solo porque vivo en el país que vivo, sino porque no me he esforzado por conseguir algo mejor.
-Si los que quiero que me amen no lo hacen como yo quiero es porque yo no les dejo. Ante cualquier gesto de amor se impone mi desconfianza y mi agotamiento.
-Si los demás no me entienden es porque no me explico correctamente.
-Tengo una salud que me permite no temer a la muerte.
-El mundo no va a cambiar porque yo quiera que cambie.
-Todos los puntos de vista no son válidos, hay opiniones que me parecen mierda, pero yo no soy nadie para quejarme de ellas ni para imponer las mías.
-No soy la persona que quise ser y que mis padres educaron. He traicionado a personas que confiaban en mí y que me querían. Pero no soy un monstruo ni merezco llevar una cruz eterna por ello.
-Suelo ser desagradable con las personas que hablan de lugares comunes y se empeñan en tener existencias grises. Debo aprender a gestionar estos disgustos sin joder al prójimo.
-Al menos 20 días al mes siento que mi vida también es gris.
-Me asfixian las convenciones sociales, pero no debe molestarme que otros las necesiten para vivir.
-No tengo todo lo que deseo en la vida, pero tengo una familia fabulosa que siempre estará ahí para ayudarme.
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Bueno, a ver qué tal. Ya os contaré. A gusto me he quedado, la verdad.
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PD: J, espero que no te mosquees, en realidad me has ayudado mucho así que no lo analices demasiado. Venga, que nos conocemos.
9 comentarios:
Pues si tú te quejas... ¿qué tendríamos que hacer otros.
Venga, un beso y no porque sea Navidad.
Quejate porque hay que quejarse y nunca te calles, que es malo para el espiritu y luego pasa lo que pasa.
Como unos chicos bajitos le dijero a una chica con trenzas...."sigue el camino de baldosas amarillas".
Por cierto, tu vales mucho baby!!
Un beso desde las baldosas amarillas :))
Quéjate de todo lo que te dé la gana. Ser quejica, en mi idioma , es lamentarse sin luchar. Para mi, tu no eres quejica, eres contestataria. Y cambias el mundo. Ya lo creo que sí.
¿Quejica tu?
Mira, yo no te conozco lo suficiente como para tener la osadía de decir como eres, pero en esta ocasión, J, con todos los respetos, ha metido la patita.
Sigue intentando cambiar el mundo, que lo haces de puta madre!
Besos y salud
Cada uno es como es y quien te quiera te querrás tal cual, en toda tu salsa. Creo sin embargo que eres una afortunada inconforme que le saca punta a todo, rebelde con causa o sin ella. Me gusta.
Sue,te puse deberes y me alegra saber que J. es más influyente que la menda.
Se trata de que vayas siendo más feliz porque te lo mereces.
Que le dén por culo a tó.
Besos.
Juan, no sé si aceptar ese beso porque tu blog me niega UNA Y OTRA VEZ. A ver qué pasa, que no soy un virus.
Venga, otro beso para ti. Sin lengua, eh, que he cenado pil pil.
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Keiko, ¿tu también crees que soy quejica? vaya hombre. La cuestión no es soltarlo sino hacer lo posible por no ver en todo una queja, no es mi caso pero podría llegar a serlo.
Seguiré el camino de balsosas amarillas y miraré debajo de las pajas del señor espantapájaros a ver qué hay. Siempre he tenido curiosidad.
Un beso baby.
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Paradela, eso de que cambio el mundo me ha llegado al alma (eso que decía Aristóteles que no tenemos las mujeres). No es así, pero me gusta pensar que gotita a gotita, batallita a batallita, entre todos podemos hacerlo algo más justo. Y tú también cuentas, ya lo sabes.
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Genín, deja a J no vaya a ser que se enfade. En realidad tiene su parte de razón, pero es solo porque no me conoce del todo. Algunas de mis quejas están no solo fundadas sino refundadas (paso por alto mis protestas quincemeras que, obviamente, son una contestación justa a la mierda de sociedad que nos ha tocado vivir).
Venga ese beso y te mando otro. Sin lengua también.
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Ana, eso de que le saco punta a todo me lo decía ya mi profesora de Arte del instituto. La pobre, decía que no entendía mis exámenes.
Un beso Ana y sí, cada uno es como es.
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Reyes, tus palabras también han surtido efecto, aunque no sé si estoy haciendo bien los deberes. Ya sabes que últimamente lucho cada día por no lanzarme al vacío de la desesperación y del ¿para qué? Cada día.
Un beso.
Bueno, si quieres quejarte hazlo, por lo menos te quedas descansada. Pero eso de que no te comunicas bien... ¿has pensado que a lo mejor quien escucha simplemente no quiere entender?
Besitos
Elysa, sí, eso también lo he pensado.
Besos.
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