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No penséis que se me acabaron las ideas o las ganas de escribir, que algún vampiro me ha chupado la sangre esta noche (tampoco os lo iba a contar a estas horas), o que la momia de La Momia me ha dejado seca para la eternidad con los ojos fuera de sus cuencas rodando calle abajo.
No, de momento y a pesar de las brujas y los Freddy Krueger de medio metro sigo dando guerra y ojo avizor ante todos los cambios que se avecinan y todas las palabras que sobrevuelan mi corona. Es solo que encontré un artículo muy interesante y ad hoc con los tiempos que vivimos y la noche de todos los santos y se me ocurrió postearlo.
¿Por qué no?
Pinchando el título se accede al artículo, para todo el que desee beber de la fuente original.
(Sé lo que estáis pensando "joder, qué largo, yo paso de leerme este rollo, comentaré algo neutro y que le den. Esta tía de qué va" pero no os engañéis, el artículo tiene miga, como la tiene la vida. Hacer un esfuerzo coño, si os he puesto hasta negritas).
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Mucho truco y poco trato: el Halloween del neoliberalismo
Juan Carlos Monedero
Es un lugar común entender que la mejor manera de exorcizar a la muerte es convocándola, de manera que así, frente a frente, se la priva de esa capacidad de sembrar miedo que tiene cuando se la sabe rondando pero permanece invisible. Cuando empezamos a hablar –hace unos centenares de miles de años- empezamos a enterrar a los muertos y a inventarnos dioses. Pensarse a uno mismo y saberse con fecha de caducidad siempre ha sido un espacio de inquietud. Pero no siempre acertaron los creyentes en su elección. Los neandertales, que ya hacían ritos funerarios, desaparecieron como especie, de manera que parece haber una relación directa entre la inteligencia y los dioses que uno escoge. Basta ver algunas manifestaciones para corroborar este aspecto.
La noche de Halloween (en su original inglés, ”All hallow’s eve”, la víspera de todos los santos) es una fiesta pagana de celebración del sol, cuyo éxito en países católicos llama la atención –aún más cuando tenemos el preceptivo “día de todos los santos”- aunque no deja de tener detrás razones bien comprensibles. Podemos atrever algunas de ellas.
En primer lugar, hay que entender la capacidad del imperio de imponer sus modelos culturales (los valores dominantes, dijo Marx, son los valores de las clases dominantes). Si en pueblos del Caribe celebran a un gordo abrigado para burlar la nieve y guiado por recios renos, no parece extraño que en Madrid la gente se eche a la calle vestida de hada de Walt Disney o de vampiro hollywoodense. No hay que dejar de lado también la crisis económica. Si los grandes almacenes agotaron los días en donde la elegancia social del regalo debía ejercerse –en sociedades sin tiempo para el amor que buscan compensarlo comprando mercaderías que compensen la falta de cariño-, Halloween ha venido a ofertar una nueva excusa para hacer gasto. Es también importante reseñar el agotamiento de las propuestas católicas, empeñadas en reprender, asustar, castigar y amenazar.
Vestir a tu hijo para la primera comunión va a obligarle de por vida, mientras que disfrazarle de osezno tiene detrás la diversión de inventarnos nuevas identidades (una vez más, una manera de burlar a la parca escondiéndonos de nosotros mismos) y muy pocas obligaciones, algo que se agradece en sociedades poco dadas al esfuerzo y acostumbradas al hedonismo. Para cerrar el círculo, en nuestras sociedades marcadas por el miedo, con un pasado que ha perdido interés y un futuro incierto, sin garantías laborales, habitacionales, sentimentales ni culturales –donde ya no hay certezas, donde todo es fugaz, vertiginoso, líquido-, el culto al horror parece que juega el mismo papel que la convocatoria a la muerte de los pueblos antiguos. Convocar para conjurar. Eso nos daría cuenta del gusto por el cine de terror o catástrofes, las películas de zombies o vampiros, la tentación del suicidio, el consumo televisivo de la muerte y, también, la fiesta de Halloween, manera dulce e inocente de ese diálogo con la inevitable.
Viendo Inside job, Marginal Call o Debtocracy, peliculas recientes e indispensables que tratan de cómo una reducida secta de satánicos se reúnen para beber la sangre de sus millones víctimas –que no viajan con escobas, sino en helicóptero-, parece evidente que el verdadero Halloween es el que marca el aquelarre neoliberal. Celebrado por encorbatados pistoleros –y algunas pistoleras, cierto que pocas- y tolerado por los sacerdotes políticos –y alguna sacerdotisa, aquí más presentes- que hoy gobiernan a través de los ejecutivos y los parlamentos, mañana a través de Goldman Sachs, del FMI, del Banco Mundial o de las agencias de calificación.
“Truco o trato”, reza la crónica que ofrecían la noche de difuntos los que llamaban a las puertas de las casas reclamando la ofrenda a los dioses de la noche. Aquí y ahora sólo hay truco. El del Banco Central Europeo, nombrando al que fuera Vicepresidente y socio de Goldman Sachs –empresa responsable de falsear las cuentas de Grecia para incorporarse al euro-, Mario Draghi, como Gobernador de la máxima entidad emisora de Europa; el de Mariano Rajoy, que en vez de presentar un Programa electoral presenta una “lista de tareas” en una rueda de prensa donde no se permiten preguntas. El de las autoridades europeas, que siguen drenando fondos para los bancos mientras la soga aprieta más el cuello de la ciudadanía. El de la socialdemocracia, que no se atreve a decir que con estas reglas de juego sólo le queda parecerse a los que generaron su nacimiento hace casi dos siglos.
La pagana fiesta de Halloween coincide con el otoño, la estación en que se caen las hojas y se anuncia el invierno. Recordatorios de la fugacidad de las cosas. El comienzo de la etapa oscura. Metáfora incomparable del neoliberalismo. El que hemos tenido, tenemos y promete agravarse si no se agudiza la oposición a las decisiones de esa minoría ávida de sacrificios ajenos.
De lo contrario, más de uno lamentará no haber guardado la pulpa de la calabaza para poder comérsela cuando arrecie el hambre.
17 comentarios:
Qué mala baba destilas y cuánto odio alberga tu corazón. Esa falta de respeto sangrante y flagrante hacia Mariano Rajoy (el próximo presidente del Gobierno de ESPAÑA) que evidencias en tu post te hace merecedora de todo el desprecio y toda la censura de la cual han de hacer gala las personas de bien.
Como entenderás, no he leído tu texto, debido a la mofa estúpida y estéril que efectúa.
Confiésate. Rectifica. Vota PP.
Un saludo.
José Luis (becario del Comonunca). Re-trasmitiendo desde París de la France.
Aquí hemos apostado una botella de champáñ porque el gran Pitufo no va a ganar las elecciones...
El becario perderá y regresará a Lutecia mal le pese.
Y tú no andes pitufando tanto...
Bizzz♥
Contra los fantasmas presente y los que se auguran en el futuro, no hay disfraz apotropaico ni conjuro, sino dosis de 15M y un voto ejemplarizante el próximo 20M que convierta la próxima legislatura en "reconstituyente", sí, constituyente de nuevo. Voto nulo.
Coño, que honor, el Lariso afrancesao te ha visitao...jajaja
Parece mentira que en este país seamos tan imitamonas con todas estas vainas importadas, que si Papá Noel, Santaclaus y sus mulas cancas, las calabazas y los muertos estos del Jalogüin, pero en fin por mi, cada quién que haga lo que le de la gana mientras no hagan mal a nadie, lo malo es que los críos dentro de poco no van a saber a que atenerse, claro que mientras disfruten, a ellos se la trae floja...
Luego dicen que no reinventamos...jajaja
Besitos y salud
También hay quien dice que procede de los ritos celtas y que a America llegó por medio de los irlandeses (que lo comparten con los gallegos).
Lo que sí es cierto es que hay que buscar disculpas para el consumo.
Pero te gustará leer un post de ayer de "Otoño casi invierno" que habla de un estudio por el que se demuestra que, cuando la gente pierde seguridad y prestaciones sociales (sanidad y educación), para ser feliz se refugia en la religión...¿no ves que contentiños andan los obispos ultimamente y que declaraciones hacen?...
Nunca me gustó esa fiesta. Más bien diría que la odio. Nunca me he disfrazado, ni lo haré (alguno me dice porque siempre voy disfrazado). La otra noche manadas de niños llamaban a mi puerta, mientras yo hacía caso omiso a sus timbres...¿Qué quieren? ¿Caramelos? No tengooo. Si, igual soy odioso, pero es que si abro la puerta, igual me como a alguien.
Ah, y no te preocupes por lo de "copiar-pegar", ya que lo que ha salido de tu cosecha ha sido memorable (como siempre).
Beso.
Gracias por las negritas, se agradecen, jajaja ;-)
Sue
Vaya por delante que a mi sí me gusta la fiesta de Halloween. No creo que sea más ridícula que otras que tenemos por aquí, ni más consumista. Además, es pagana, con lo cual, es estupendo. Cada año compro una cajita de caramelos de Halloween por si pasan los niños disfrazados por mi puerta, pero como nunca llegan termino comiéndomelos yo. Intento masticarlos con unos colmillos de plástico y es la mar de divertido. Probadlo!
Por estas fechas, además, suelo comprar calabaza (este año me regalaron un trozo, así que eso que me he ahorrado) con la que hago puré y una especie de quiché que no me queda como debiera, pero que también me vale porque me lo como tó pensando en mis días y noches vividas en USA.
Y ahora paso a comentaros como os merecéis:
Jose Luis, veo que no has leído el artículo completo, si así fuera (o fuese) comprobarías que el artículo no destila odio hacia Mariano. Muy mal becario eres, me voy a chivar a tu dueña Larisa.
Venga, vuelve a leerlo y luego tráeme un café con leche y unas galletitas de caramelo.
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Eva, yo también me he apostado eso conmigo misma, así que me tomaré la botella de champán sola.
La resaca será fina pero... :) ¡y lo bien que me lo voy a pasar!
Bizz, Eva.
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Juan, yo tampoco tengo intención de votar a Emilio Botín, Jose María Arias, Pedro Guerrero, Antonio Basagoiti, Angel Ron o Francisco González, fantasmas de carne y hueso que se han beneficiado de la crisis y han robado al ciudadano medio protegidos por los voceras de turno (periodistas y políticos).
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Genín, Halloween, como cualquier otra fiesta, puede celebrarse sin consumo innecesario y sin convertir a los chavales en marionetas del sistema. En realidad nunca hace falta gastar tanto para pasarlo bien. Todo tiene su lado constructivo y la imaginación es un arma necesaria para la vida.
En cuanto a Papa Nöel, no creo que sea menos ridículo que los Reyes Magos, ni menos innecesario, y hay muchas formas de celebrar su llegada. Incluso sin comprar regalos!
Qué cosas, eh.
Besos y salud.
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Paradela, lo leeré. EN efecto, allí donde hay peores prestaciones y las condiciones de vida son de penuria la religión triunfa, al menos la católica. La Iglesia siempre se ha aprovechado de la pobreza y el analfabetismo que fomentaba a su alrededor.
Será por eso que me gusta Halloween!
Un beso.
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Rombo, la próxima vez me mandas a todos esos críos a mi casa, que me duele la barriga de comerme yo sola tanto dulce. Jo.
¿Me lo prometes? ...
Un beso.
¿Te soy sincero? Aparte de que tenga o no razón, a mí es que no me gustan los artículos así, que aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid (en este caso que se celebra Halloween) hablan de otra cosa que no tiene nada que ver. Las metáforas como recurso adicional, sí me gustan, y son la sal de un buen artículo; las metáforas como base son contraproducentes, en mi opinión, porque dan la idea de que el autor ya venía a soltar su discurso (no entro si está en lo cierto o no) y lo mismo podría haber utilizado como inicio Halloween que el Carnaval que el mundial de patinaje artístico. Vamos, que es un poco de piñón fijo.
Yo creo que, si quieres decir una cosa, vas y la dices. Te adornas de alguna metáfora, para entretener y divertir, o de una pequeña introducción, vale, en plan "romper el hielo", y luego vas al grano. No me gusta ese perderse en meandros, giros y volteretas, nada menos que durante cinco párrafos, para luego soltar lo que querías decir como si fuera una conclusión final y lógica...
Igual te enfadas conmigo, pero te soy sincero y no, no me ha parecido un buen artículo...
Miguel, ¿por qué iba a enfadarme? Es tu opinión y la respeto. No te gusta el artículo porque crees que ha mareado la perdiz para terminar hablando de lo que quería hablar (los peligros del Neoliberalismo), ok, me parece bien. Pero bueno, al fin y al cabo es un artículo de opinión y de eso se trata, de opinar. A ser posible con un poquito de rigor.
A mi me gusta como está escrito, el estilo me refiero, pero es que además me parece, en general, bastante objetivo porque habla de lo que acontece (son datos directos que cualquiera puede comprobar) y tampoco me parece mal que el tipo deje clara su oposición al sistema imperante. Al contrario, considero importante que la sociedad, también los que escriben en los medios, se pringuen en ella y de ella. Y ojo que no hablo de partidismo, sino de compromiso social. De política social. Me parece muy loable que defina sus posiciones. Que de nombres y apellidos. Y si lo hace "a costa" de Halloween o de la Semana Santa a mi, particularmente, me es indiferente.
¿Que se salta nombres? pues claro, yo hubiera añadido muchos. Pero me quedo con el ánima y con la moraleja final: lo que se nos viene encima no es ninguna fantasmada, es muy real.
Norma, adoro tu sinceridad jajaja!
Un beso.
en descuidarnos ya no nos permitirán ni votar, no vaya a ser que la gente quiera algo distinto a lo que dictan los mercados, como puede suceder con el referéndum de papandreu!!
Y si no nos movemos menos, Raúl, de eso puedes estar seguro.
Aquí el referendum tendremos que provocarlo y firmalo nosotros, porque como esperemos que lo haga el que gobierne vamos listos.
Pero bueno, allá cada cual, yo estoy del lado de los que luchan no de los que se rinden.
Señor, cómo han cambiado los tiempos. ¿Te acuerdas que hace no muchas elecciones yo proclamaba a los 4 vientos que, además de luchar en la calle, había que votar contra la llegada del monstruo, porque los pobre no nos podemos permitir perder ninguna oportunidad, ni dejarnos un mendrugo sin roer?
Pero ahora ya has comprobado que la política que es aburrida es la que hacen ellos.
Así que el 20-N no votaré a Bríos, sino a quien debo. Pero votaré. Y el 21, seguro que sin beber champán... ¡a la puta calle a decir No, diguim No, nosaltres no som d'ese mon!
Entre los "bravos" de callejón oscuro se dice una frase muy chula: "Comer mucho, cagar fuerte, y enseñarle los cojones a la muerte". Me chifla.
Genín, lamento que la primera vez que me dirijo a ti sea para contradecirte: el consumo, que es lo que mueve este mundo, sí hace daño, y mucho: cambiamos valores por objetos, nos empobrecemos, nos endeudamos y terminamos siendo marionetas en las manos de nuestros acreedores.
José Luis: vete a cagar fuerte o haz como tu padre y monta bares de tapas de puta madre a buen precio y en los barrios normales. Es decir, en Zona No Nazional.
NáN, qué brío!
Si no bebemos champán al menos beberemos gin o vino, el caso es beber.
Y sobre todo VOTAR.
Votar, votar, votar. Abstenerse kk.
Sue, me lo perdí y volveré a leerlo, no te voy a engañar , ahora tengo saturación visual ; que estoy chocha , vaya.
Hasta me ha parecido ver un pitufo con la cara de Rajoy.
Ta mañana.
¿Un pitufo con la cara de Rajoy? estás fatal, sí, anda descansa txotxo.
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