Leitmotiv

Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.

Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.

Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.

-C. Lispector, La hora de la Estrella-

jueves, 22 de septiembre de 2011

TRABAJO BASURA

Recuerdo un trabajo que tuve cuando aún estudiaba. En realidad eran dos trabajos en uno porque ya se sabe que cuando eres joven, inexperta, mujer, española y te contrata una empresa de servicios eres como la pilingui comodín que lo mismo va a por café que elabora un informe de mercado para el consejo de administración. Que no, que no hace falta tener un Master para eso. Os lo digo yo. El del Master es el que engorda a costa del trabajo del que no tiene Master, en este caso era “el tirantes”, la madre superiora de una de las empresas que me hacía el inmenso favor de darme trabajo. El hombre no tenía desperdicio. Él solito daría para hacer un Blog. Heredero de la ética fascista del "tú no sabes quien soy yo" y firme defensor del orden y las buenas costumbres solía soltar perlas como la que sigue: "mi secretaria no está, así que me cogéis las llamadas y como se pierda alguna vais todas a la puta calle. Y quien me pase a mi mujer igual" o, esta (que es mejor aún): "La de recepción se ha dirigido a mi sin usar el "don". La quiero en la calle".

Era muy divertido "el tirantes". Nos daba la risa floja cuando osaba pisar la moqueta acarosa de nuestro humilde departamento, aunque ni bajo tortura se dirigía a los empleaduchos, claro. Con mucho dolor y picándole todo el cuerpo llegaba a soltarle un par de perlas (como las citadas) a la jefa del departamento, pero siempre a una distancia prudencial y gritando mucho. Un par de veces llegó a dirigirse a Mariola, nuestra humilde coordinadora (una empleaducha más con la promesa de un ascenso sobrevolando su nómina) pero fue por teléfono y en monosílabos.

Su hermano mayor, el de “el tirantes”, tenía un cargo político de esos de "te ha tocao" y su padre dicen que fue la tercera mano de Franco (la que usaba para agarrársela y mear, supongo) y que además había ayudado a redactar la Constitución de 1978. Cuando me enteré de esto último y comprobé que así era mi respeto por la Constitución se fue por el retrete.

La cosa es que mi segundo trabajo, del que yo quería escribir, no era en la empresa del tirantes sino en otra con menos pedigrí y a tomar por culo de la civilización. Tan a las afueras estaba que si el bus giraba por mal sitio acababas en Burgos. Por esta razón, mi despertador sonaba a las 5 de la mañana cada día y mi cuerpo llegaba a casa a las diez de la noche. En ese intervalo de horas yo perdía el tiempo haciendo un montón de cosas inútiles (exceptuando el que ganaba estudiando en los trenes, metros y autobuses), entre ellas atender a los usuarios de toda España de unos conocidos grandes almacenes. Éramos cuatro "agentes telefónicos" por la mañana y cuatro por la tarde para los centros desplegados por todo el país (ole) y nuestro material de trabajo se componía de: un teléfono, una libreta grande de anillas y un bolígrafo. Los veteranos que llevaban allí tres o cuatro meses contaban también con un listado de teléfonos de todos los centros y uno de ellos, le llamábamos "El elegido", tenía además los teléfonos de todos los transportistas. Cuando necesitabas llamar a un centro o un transportista tenías que recurrir a un veterano (esto le hacía sentirse muy importante) y éste, condescendiente (y cuando podía), te lo marcaba en tu teléfono para que no lo apuntaras ni memorizaras. Imagino que los usuarios que llamaban pensaban que los que atendíamos el teléfono éramos estúpidos (yo lo pensaba), pues el servicio que dábamos era lento y, por mucho que te empeñaras en hacerlo bien, deficiente.

Yo pasaba allí cinco horas de mi día (con diez minutos para tomarme un café rápido y aguado) y luego volaba rauda a encontrarme cara a cara con "el tirantes". No era feliz, pero hubo momentos que me provocaron lágrimas de risa. Recuerdo la llamada de una señora que había comprado una bandeja de filetes de ternera. Decía que estaban "verdes" y exigía que le devolvieran el dinero "a la de ya porque esto es inadmisible, anda que si me intoxico y me muero voy y les denuncio". Estirando todo lo que pude mi sonrisa telefónica le dije que debía personarse en el centro donde los había comprado con el ticket (me faltó añadir: “como se ha hecho toda la vida, vaya”), pero no la convencí en absoluto: quería que yo, en persona, le llevara el dinero a su casa. Me dio la risa floja y tuve que irme al baño porque me ahogaba. No tenía tanta gracia, para la señora ninguna, pero supongo que el resto lo hizo el estrés acumulado.
En aquel trabajo no aprendí a tratar a la gente pero comprobé que el incipiente auge de los teléfonos de atención al usuario había vuelto a la gente cómoda y algo idiota. Es el efecto de la globalización, me decía yo, no lo tomes como algo personal, es normal que la mujer prefiera que le lleven el dinero a casa.

15 comentarios:

U-topia dijo...

Me has recordado mis trabajos de juventud, también trabajos basura. Lo que más me fastidiaba es que te trataban como si fuera una la basura.....cagüen...

Buen repaso, Sue.

Un abrazo!!

Elysa dijo...

Vaya repasito, Sue, leyendo esto tuyo, no me voy a quejar, no. Uno de los que tuve fue de encuestadora y bueno como estaba todo el día en la calle o viajando no tenía que aguantar a ningún "tirante", aunque me encontré en cada situación con la gente que "pa qué"

Besitos

Norma Desmond dijo...

"Tirantes" de esos los hay por todas partes. Yo conocí y sufrí a más de uno... pasó el tiempo y me prometí a mi misma convertirme en una de ellos en cuanto tuviese ocasión. Las tuve, varias... pero al final como que no...
Beso!!

Anónimo dijo...

Bravo !!! Imposible redactarlo mejor. He visto al de los tirantes. Lo he visto, hasta lo he oído.
Insisto... dedícate a la política. No, no, que tonto soy. Dedícate a la literatura. Volveré a hablar con tu Jefe...a ver si por fin me entiende y se da cuenta de lo que tiene allí.
Beso.

V dijo...

Me ha gustado eso de la alfombra acarosa. Y el anecdotario es muy reconocible, desde luego. Veo que lo llevas con sano sentido del humor,. Mejor, ya que si uno se para a pensar estas cosas en serio...Saludos

Dr.Mikel dijo...

Creo que lo importante en un trabajo y en un puesto ya consolidado por el conocicimiento y la experiencia es el no perder nunca la perspectiva y las referencias de como se ha llegado hasta allí, de lo que ha costado, y de los que ahora estan en ese camino.

Sue dijo...

Laura, cuando naces sin estrella ni contactos es lo que toca: fastidiarse. A veces hasta el infinito y más allá, como decía Bud.

Un abrazo laura.

---
Elysa, quéjate, este es tu espacio. Cuéntaselo a la Sue, venga.
Yo siempre atendía todas esas encuestas en el metro, me daban mucha lástima los chavales, supongo que por empatía (yo también me daba lástima).

Un beso.

---

Norma, yo nunca podría ser un "tirantes" porque vengo de una familia sin pedigrí y entre mis contactos no tengo seres de las altas esferas. Y sin eso no hay tirantes que valgan.
Tampoco sufro por ello, también te digo.

Un beso.

---
Rombo, no me extraña que le hayas oído con lo que gritaba el tío :)
Me alegra trasladarte, aunque sea a lugares tan poco agradables.

Un beso.

Mi jefe no escucha, creo que le extirparon el oído interno a los catorce. Casi mejor escríbele un mail... :) Gracias.
Esperaré ansiosa lel veredicto.
---
Mikel, jajajaja, de verdad, qué guasón eres. Me encanta. Un puesto consolidado. Me gusta. Voy a buscarlo en el diccionario.
Te diré que yo nunca perderé las referencias porque siempre estaré en el camino. Esa es la suerte que tengo, que la cosa no ha mejorado mucho desde "el tirantes" y sigo comiendo mierda como al principio. Es solo que ahora la gestiono un poquito mejor.
Pero solo un poquito, eh, no te vayas a pensar.

Jajajaja.

interpreta-sones dijo...

estoy contigo, cuanto más facilidades, internet, secretaría virtual, herramientas online, guías de usuario, FAQS, más parece embrutecerse el nivel de los alumnos universitarios, que es en lo que yo trabajo. a veces hacen unas preguntas realmente estúpidas, que si tuvieran un mínimo de sentido común, pero mínimo, mínimo, eh? les avergonzaría pronunciarlas!! en fin. menos mal que ya es viernes...

mariajesusparadela dijo...

Cuanto horror, cuánta inoperancia y cuánta estulticia.

LA ZARZAMORA dijo...

Ahora ya no hay gente competente detrás de los teléfonos como tú.
Hasta eso se ha perdido.
Yo en mis tiempos mozos trabajé como traductora para una empresa de hotelería, un día de estos te cuento... basura era poco, me pagaban los folios traducidos por horas...
Bizz Sue.

Sue dijo...

Raúl, no creo que la tecnología embrutezca en absoluto, todo depende del uso que se le de. Como todo.
Algún día deberías escribir sobre esas preguntas que te hacen...

---

En efecto, Paradela, cuánta!

---

Zarzamora, yo creo que sí la habrá, como de todo hay en la viña del señor, lo que ocurre es que con la mierda que pagan nadie se esfuerza en hacerlo mejor. Está muy bien eso de "yo quiero hacer mi trabajo bien independientemente de cómo esté la situación y cuáles sean mis condiciones" pero cuando ves que solo tiran de ti y nunca aflojan, se te va la competencia a tomar por saco. Y es entonces cuando pierden, como siempre, los que menos culpa tienen.

Bizz.

Zayi Hernández dijo...

Mi primer trabajo fue vendiendo libros puerta a puerta, ganaba una mierda pero me la pasé genial con los chicos, aprendi a ser independiente, tuve el mejor jefe que he tenido en la vida y viví una bonita historia que dejé ir por gilipollas.
Un besito.

Sue dijo...

Zayi, no te fustigues. La vida te da la oportunidad de vivir bonitas historias cada día.

Un beso.

MUY SEÑORES MÍOS dijo...

Ay, qué recuerdos de aquellos primeros trabajos, simultaneados con los libros. El mío, mi primer trabajo, terminó cuando el jefe descubrió la libreta en la que, a pesar de no ser de letras, ponía en letras las andanzas de aquel individuo que, además de jefe era músico nocturno en un cabaret y que aprovechaba la oficina como picadero con las vedetes que se le ponían a tiro. Me despidió negando la mayor y por si su mujer... bueno, la verdad es que tardó unos cuantos días en ponerme de patitas en la calle y, en el ínterin y como castigo, me mandó a limpiar el almacen, donde, no con demasiada sorpresa, encontré el mayor alijo condones que uno se pueda imaginar. Menos mal que lo negaba...

Besos

Sue dijo...

Muy señores, qué jefe más divertido! Aunque te echara.Lo de negarlo es lo normal, hasta la muerte.

Qué tiempos aquellos, sí.
Besos.