Leitmotiv

Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.

Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.

Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.

-C. Lispector, La hora de la Estrella-

lunes, 27 de junio de 2011

VENI, VIDI, VICI

San Juan cumplió con creces y yo, que no creo en santos/as, recogí los frutos de su compromiso volviendo con más fuerzas (si cabe) a esta ciudad de fuego. A este horno con mil ojos que tanto odio a ratos. Y digo a ratos porque también hay cervecitas a la luz de la luna y cretinos de los que reírse (o no) para aliviar las penas. Ahora, además, con la nueva entrega por fascículos que me ha regalado la vida (nota: el 15M) he empezado a mirarla desde otro prisma. Y no, no me refiero a ese cigarro que me ofreció mi compañero de suelo en la última Asamblea a la que acudí. Un chico rubio y de ojos verdes con el que compartí galletas, agua, bolígrafos, fancines feministas estupendos y aquel salvoconducto a otra libertad (más) en forma de firmas para que el dinero público no pague la visita papal. Bueno, no me refiero a eso, pero podría valer. Me explico. Es un aliciente (más) acudir a las Asambleas y ver como un chaval en edad de merecer, sano e inteligente, empapado de compromiso y sin ánimo de lucro, rellena varios folios con todo lo que allí se dice. Un mozo que bien podría estar haciendo cualquier otra cosa mucho más fácil y cómoda, pero que prefiere intentar esa tontería, fíjate, de, no sé, ¿cambiar el mundo? De dentro a fuera y de fuera adentro. Y de Madrid al cielo y de París a África. Y de un lugar de la Mancha a ese levitar que tienen los monjes budistas.
¿Por qué no?
Porque el 15M no es solo compartir miradas, galletas y un hueco bajo el toldo. Ni siquiera rellenar folios. Y porque a veces la vida es cuestión de fe.
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Yo creo en:
-La bondad de las personas y su capacidad para cambiar las cosas.
-Las alfombras voladoras.
-La propiedad curativa de un buen gazpacho.
-El milagro de las miradas limpias, esas que evitan, por defecto, todo conflicto imbécil.
-Los caballitos de mar.
-Mi estómago.
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No creo en:
-Dioses, piedras con poderes sobre naturales, aquelarres ni conjuros. No creo que las pirámides de Egipto las hayan hecho los extraterrestres ni que el espíritu de una tal Raimunda se pasee por el Palacio de Linares. Tampoco creo en el milagro del pan y los peces ni conozco a nadie que haya adivinado mi pasado (ni siquiera a cambio de dinero), por lo tanto no creo en los videntes. Tampoco creo en el destino.
Sin embargo para la noche de San Juan, la noche más larga del año, viajé cerca del mar para ver cumplidos mis deseos. Tres:
-Jugar con el mar
-Saborear una paella
-Tirarme al sol
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Tres factores que no requerían ningún señor con túnica, alzacuellos u ojo en la frente y cuyo orden no alteraba el producto. Sin embargo, el producto se multiplicó mágicamente en cuanto pisé aquella playa sembrada de hogueras que me ofrecieron un reflejo de mi misma que no conocía. O que conocía poco. Allí, sentada sobre la arena, con un papel arrugado ente las manos (en el que previamente escribí aquello que quería echar fuera de mi todo el tiempo posible: las dudas, los malos rollos, el trabajo basura y las posibilidades de mala salud para mi y mis seres queridos), esperé como una virginal doncella en su noche de bodas a que dieran las doce. Sin rechistar y sin tener idea de lo que estaba a punto de pasar. Ya sabéis, con la emoción contenida de la primera vez. Ni siquiera bebí el vino que, amablemente, la familia de al lado (mesa plegable, gran hoguera, carne a la parrilla) me ofreció entre bailes y risas. Decidí, no sé bien por qué, que aquella primera vez tenía que ser solemne.

Mis acompañantes en aquella celebración (dos seres fantásticos de los que hablaré en otra ocasión porque lo merecen) también esperaban con gran emoción el momento de quemar los malos augurios. Permanecimos juntos, rodeando nuestra pequeña hoguera, charlando, pegados a la tierra y al mar, sorprendidos por el ambiente festivo, la música, el arrullo de las olas, la buena temperatura y la cordialidad que nos amparaba. Y así, juntos, dimos la bienvenida al verano quemando nuestros papelitos unos minutos antes de las 12 y saltando sobre las olas cuando el 24 de junio se elevó por encima de nuestras cabezas.

Reclamé tres deseos que nada tenían que ver con saborear una paella. Tres deseos que bañaron mis pies de agua salada y que se van a cumplir ¿sabéis por qué? porque he descubierto que el mejor antídoto contra la idiotez, sino el único, es la inteligencia unida al respeto (no vale solo con uno de los ingredientes, advierto). Quizás me ha hecho falta quemar un trozo de papel en una hoguera en la noche de San Juan para darme cuenta de que yo misma genero ese antídoto, no digo que no, pero no me hace faltan más hogueras que me lo recuerden.

16 comentarios:

rombo dijo...

Grande Sue. No sabes cuáannnnto disfruto leyéndote.
Un beso.

Norma Desmond dijo...

Ole!
Yo también creo en las alfombras voladoras. Tengo una ;-)
Muchos besos Sue, y bienvenida!!!

Ruben dijo...

Aquí no tengo playa.
Me gusta tu "creo".
El 15M es como el "redireccionando" del ordenador, estamos virando el barco, lentamente, pero yo creo que se mueve. El timón: ese y otros jóvenes, porque tienen la llave, y ahora ya lo saben.

virgi dijo...

En las cosas pequeñas hay granitos de felicidad que se expanden cuando las realizamos.
Me alegra leerte, más bien me fascina, chiquilla.
Te abrazo y que los deseos te cubran con su manto, como la noche.

Anónimo dijo...

Esas hogueras siempre encendidas, siempre cerca para no olvidar lo que somos.
Saludos Sue

TORO SALVAJE dijo...

El fuego todavía nos fascina.
Es algo que me cuesta entender pero es así.
Han pasado miles y miles de años y ahí estamos mirando el fuego con ojos absortos.

Besos.

Nómada planetario dijo...

Los humanos no paramos de inventar conjuros y rituales. Al final es nuestra energía la que mueve los hilos en un sentido u otro.
Beso grande mientras hago los preparativos para la playa.

mariajesusparadela dijo...

Qué hermosura Sue.
Preo yo creo en todo lo que crees y en lo que no crees.
Porque, como gallega, yo no creo en las brujas, pero sé que las hay.


(Yo nunca quemo nada en san Juan: lo quemo en la chimenea, a lo largo de todo el invierno, seleccionando cuidadosamente)

LA ZARZAMORA dijo...

Seguro que se cumplen esos tres deseos desde la inteligencia y el buen rollete.
El fuego lo purifica todo.
Me alegra tenerte de vuelta.
Abiantó, Sue.

Dr.Mikel dijo...

Osea que para combatir la idiotez propones inteligencia y respeto.
No se si estoy muy de acuerdo, yo creo má bien que inteligencia y desprecio, en el sentido de que el mejor desprecio es no hacer ningún aprecio.

Sue dijo...

Gracias Rombo.

Te mando un beso de verano
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Norma, ya sabía que tú, heroína en potencia, tenías alfombra. Ya te la pediré algún día, ya.

Besos.

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Qué bonito eso de virar al barco Rubén. Yo también veo que nos estamos moviendo en otra dirección, lentos pero seguros. Una vez que se tiene la información y la ilusión es complicado que vuelvan a ponernos la bota encima.

Por cierto, tu tierra no tiene mar pero es bien linda, así que no lo necesita. Vamos, vamos. Qué envidia me das. Qué me gusta a mi tu tierra. ¿No te dije? Creo que sí.
Soy un poco cansina.

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Virgi, gracias por tu abrazo y tus palabras. Qué guapa estás en esa foto, aunque como ya te dije, lo eres en versión original. Por dentro y por fuera.
Un beso.

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Viking, del fuego venimos y al fuego volvemos... ah, no, que no era eso... bueno, queda más bonito que eso del "polvo". ¿No?

Un saludo.

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Toro, si te soy sincera a mi no mucho, pero en el mediterráneo (sobre todo en tierras levantinas) lo llevan en la sangre. En realidad el fuego hizo al hombre, para bien y para mal, así que no va desencaminada esa fascinación.

Un beso.

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Nómada, al final es nuestra energía lo que mueve el mundo, en efecto, pero es cierto que hay personas que creen necesitar algún tipo de rito para sobrevivir: sentirse protegido, alzarse valiente, conseguir metas... hasta el punto de que al final lo necesitan de verdad.
Que pases buen día de playa (ya habrás vuelto, lo mismo).

Un beso.

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Maria Jesús, claro que las hay. Me alegra comprobar que aún quedan personas apegadas a la tierra, como tú. Me encanta pasar por tu blog, que lo sepas, es como volver al origen que nunca viví. No sé bien si soy rata de ciudad o de campo, pero me fascinan ciertos espacios naturales y esa calidad de vida a la que uno puede aspirar en zonas rurales.
Un beso.

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Eva, ya te digo yo que sí, que se van a cumplir. Life provides, que reza el dicho yanqui.

Bizz.
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Mikel, no me refería a combatir la idiotez ajena sino a evitar la propia. De esta forma, si cada uno se mira "lo suyo" no hace falta combatir nada. Y creo que todos tenemos el antídoto para que sea así. Y el que esté libre de culpa que tire la primera piedra.
No sé si me explico.

Miguel Baquero dijo...

Qué bueno. Yo soy también un descreído total en esas cosas que dices, y en objetos mágicos y telúricos, y creo que el mundo pasa por el gazpacho, la paella, juguetear en las olas o un chaval al lado que apunta las cosas que se dicen en un papel...

O SuSo dijo...

Esta noche es muy especial, y no es porque los de siempre la hayan acaparado poniéndole nombre de santo, que va, es por lo mismo por lo que la celebraban nuestros paganos antepasados: LA victoria de la luz frente a la oscuridad, el solsticio de verano, la noche más corta...

Me llena de emoción leerte, porque noto la consciencia en tus palabras, el interior iluminado. La evolución ha comenzado.

Inteligencia unida a respeto, grande Sue, grande caminemos pues.

Sue dijo...

Miguel, los mejores momentos tienen poco que ver con grandes gestas, lo dice un cuento armenio.

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Suso ¿la noche más corta?... tienes razón, ups, pero es que para mi fue larga y diferente y mágica. Y todo.
Espero que seamos muchos los que caminemos por ese sendero luminoso.
Bueno, la verdad es que ya somos muchos.

Beijos de verao.

Elysa dijo...

Me gusta venir por aquí, a veces no sé porque y otras por el entusiasmo que intuyo, y yo si creo en la intuiciones...
Besos

Sue dijo...

Gracias por venir y volver, Elysa. Siempre es un placer.

Un beso.