Leitmotiv

Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.

Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.

Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.

-C. Lispector, La hora de la Estrella-

domingo, 13 de marzo de 2011

CLAUSTROFOBIA

La verdad es que no siempre fui una chica discreta en el vestir. Este estilo mío es un poco fruto de las circunstancias y de la imposición de esta maldita sociedad que te obliga a seguir unas normas incluso en algo tan personal, tan absolutamente íntimo como es tu segunda piel. Tengo claro que si tuviera el trabajo que quiero, que no sería en una oficina, volvería a mis andadas de chica "estrafalaria" sin que se me moviera un pelo en el aire. Aunque mi sueño dorado, para ser sincera, no se acuerda de la ropa para nada, pues pasa por vivir en un lugar cálido donde no tenga que preocuparme por: lavar, secar, planchar y ordenar los trapos sucios. Es como estar en la rueda de un hámster, que diría mi amiga Blanche, siempre lo mismo. ¿No os parece de un aburrimiento supino? A parte de una pérdida de tiempo, claro.

La cuestión es que he pasado la mitad de mi vida enclaustrada en la ropa que me hacía mi madre, que no tenía nada de malo porque mi madre ha sido siempre una modista estupenda (aún sin ser modista) y todas mis amiguitas envidiaban mis vestidos de señorita, monísimos de la muerte, pero, aquí, entre nosotros: no era la ropa más adecuada para hacer el cabra. No sé si lo habéis intentado alguna vez, pero es muy difícil subirse a los olivos y jugar a "burro, media manga, manga entera" con uno de esos vestiditos de posguerra. Y no digo ya meterse en el refugio donde paría la perra Teresa, la guardiana de la Casa de Maderas, para ver a sus cachorros. Era misión imposible sin romper y/o manchar el trajecito de marras. Afortunadamente la pesadilla de los vestiditos se reducía a un par de días a la semana, a veces solo a uno: el domingo, que si ahora son un rollo entonces eran un verdadero suplicio (excepto por el desayuno): nada de TV, (ya visteis La bola de cristal ayer, así que no me hagas enfadar), el vestidito de marras, la misa de las narices y juegos tranquilos con las amigas en el parque hasta la hora de comer. Nada de béisbol, relevos o hacerse amiga de perros callejeros. Y, por supuesto, ni hablar de ir a la Casa de Maderas (como me entere se lo digo a tu padre). Mi padre, que era y es un santo, se veía en la obligación de sacar la mano a pasear si no obedecía a mama, así que yo obedecía. No fuera a ser. 
Lo que nunca entendí es lo de la misa de las narices. Con lo impía que es ahora mi madre y había que ver la vara que dio con visitar al señor cura cada puñetero domingo.

En fin, en cuanto a la ropa, en el momento que vi la oportunidad me liberé de las cadenas de mi sastrecilla valiente particular e hice alarde de todo tipo de explosiones artísticas en el vestir. En la Universidad fue mi apogeo, aunque el objetivo no era llamar la atención sino ponerme aquello con lo me sentía más cómoda: gorros, pañuelos, chalecos y camisas de mi padre, y, por supuesto los consabidos vaqueros rotos y camisetas desteñidas. Camisetas que mi madre, cuando veía un hueco, dejaba caer en el cubo de la basura de extranjis, un poco como si la cosa no fuera con ella. Sin embargo, siendo como era para mí una tragedia lo de las camisetas que desaparecían (a parte de un misterio), lo peor no era eso, lo peor era que me cosía los vaqueros. "Los vaqueros no se cosen" le decía yo "es que, de verdad". Pero nada, no había manera.

Con el tiempo y unos golpes dejé de hacer alardes y aunque aún hoy conservo algunos ramalazos electrizantes, no soy lo que fui. A veces me siento apagada, no solo porque quieran “normarme” en cuestiones de etiqueta, sino por cómo siento a veces que nos dejamos domar sin oponer resistencia en otros aspectos de la vida. Como si nuestra existencia, hasta el más privado rincón, fuera un dictado que nunca termina.

Por eso es que nació Cartografía, supongo, y renací yo en ella. Si me pongo poética (y un poco farandulera) podría decir que Cartografía es la llave de la jaula en la que encierran cada día a la pantera que llevo dentro. Pero aunque suene novelesco es cierto, porque entrar aquí es en realidad SALIR. Es girar la llave y abrir la puerta, tomar aire, desnudarme y arrojarme dentro un mar celeste. Es lo mismo que cuando me calzo mis zapatos verdes de volar o me ahorco de mentira con mi corbata amarilla. Aunque a mi paso escuche comentarios desagradables de gente encorsetada que no entiende ni de colores ni de mares.
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En realidad es mucho más fácil de lo que parece ser un poquito feliz cada día, basta con disfrutar del enorme placer de sacar agua de un pozo y pasar de los que pretenden que instales una bomba, como le ocurría a aquél campesino que se negó a que castraran sus instantes felices. Mi pozo es este Blog y el agua que extraigo es rica y fresca porque viene directamente de las montañas del arco iris que yo quiero. Aunque suene cursi. ¿Queréis un sorbito?

29 comentarios:

S. Cid dijo...

Lo de las madres y la ropa de las hijas es un clásico. Para mí que las madres deben de llevar inserto en el ADN un gen especial e idéntico en todas ellas que les impulsa a coser vestiditos con los que una no puede hacer ninguna de las cosas que tan bien describes en tu post.

En cuanto a lo otro..., estoy de acuerdo, sí: el blog es como un tubo de escape (aunque me gusta más tu imagen del pozo con agua fresca). Hablaría largo y tendido al respecto, pero para eso ya tengo un rinconcito anónimo y secreto, que nadie visita, donde puedo largar a mis anchas.

Muy buena entrada: muy bien escrita, muy bien hilada... y con mucha trastienda ;-)

Tempus fugit dijo...

Preciosa la metáfora final :)

besos

TORO SALVAJE dijo...

El blog es mi espacio de libertad preferido.
Y espero que lo sea siempre.

Besos.

rombo dijo...

Ha sido para mí, con total y absoluta diferencia, el mejor momento que he pasado contigo...(ufff, como suena esto,jajaj). Pero lo que siento, lo digo.
Un beso Sue. (dentro de un rato me lo vuelvo a leer)

Norma dijo...

Sue, preciosa entrada y de acuerdo en todo con algunos matices. En mi caso, mi madre no cosía vestidos para mi. Yo heredaba los vaqueros y las camisetas de mis hermanOs mayores, lo que hacía que envidiase profundamente a las niñas vestidas de princesas...
Y sí, tu blog es un pozo de agua fresca y rica. Claro que quiero un sorbito, de hecho vengo todos los días a por un poco ;-)
Besos

Javier Muñiz dijo...

Hola, bello blog, íntimas entradas,si te gusta la palabra en el tiempo,la poesía, te invito al mio,serça un placer,es,
http://ligerodeequipaje1875.blogspot.com/
gracias, buen lunes, besos adoquinados...

LA ZARZAMORA dijo...

Siempre me he vestido a mi aire y mi madre se ponía mala...
Ah y yo también quiero un sorbito :D
Bizz Sue.

Sue dijo...

Cid, supongo que los clásicos nunca mueren, pero se pueden modificar, je,je. Te lo digo porque tengo una amiga que deja que su hija de cuatro años elija su propia ropa y la niña es más feliz que un regaliz. Supongo que influye el hecho de que la madre de mi amiga hizo lo mismo con ella.

En cuanto a lo otro, te leeré en tu espacio largo y tendido, ¿Qué es eso de que nadie te visita? Cómo vaya pallá ...
Claro que te visitan!

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Cenizas, las metáforas es lo que tienen :)

Un beso.


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Toro, que así sea.

Besos.

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Rombo, calla, que te van a oír y van a descubrir lo nuestro jajaja.
Gracias por requetevolver, si no estuvieras tan lejos te invitaba a un trozo de tarta (que aún me queda el finde cumpleañero).
Cachis en la mar.

Un beso para cuando vuelvas.

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Norma, si es que tenemos siempre lo que no queremos, bueno, o eso o es que no sabemos valorarlo. Si hubiéramos sido amiguitas podíamos habernos cambiado los trapos, yo tan feliz con la ropa de tus hermanos y tú con mis vestiditos. Hala. Si es que yo tenía que haber nacido y vivido en el Norte, leñe. Ya le echaré la bronca a mis padres, ya.

Besos.
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Gracias Don Vito, te visitaré, claro.

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Eva, es que tú eres una rebelde nata :()

Bizz y abiantó :)

Carlos dijo...

Muy bonito el post. Da gusto leerte por la sinceridad que aportas y la facilidad con que escribes cosas cotidianas que las convierte en literatura para todos/@s.
Besos.

Belén dijo...

Yo creo que en el vestir se diferencian muchas cosas... los que llaman la atención son los más valientes, será que soy una cobarde...

Besicos

S. Cid dijo...

Que no, que no..., que no es que me queje de las visitas a mi Finis, es que me hice otro agujerito en esto de los blogs secreto y anónimo p'a desparramar a gusto, jaajajaja ;-)

Siona dijo...

Me has hecho recordar los vestidos que me imponía mi madre(lo peor eran los calcetines blancos de puntillas)y de mis estrategias para deshacerme de ellos. OH,mamá,no me di cuenta, se rompió. Por suerte mi madre no tenía mucho tiempo para costuras y no estaba mucho en casa para poder controlar lo que me ponía. Yo tenía mis pantalones y camisetas fetiche, que llevaba y llevaba hasta que se desmaterializaban o mi madre las hacía desaparecer.
Al igual que tu, también tengo esa sensación de estar domada de algun modo. Con el paso del tiempo me he ido "normalizando" y eso me intranquiliza. Un abrazo!!

E dijo...

yo tengo sed de agüita de arcoiris ;)

Elysa dijo...

¡Vale! Y se agradece ese sorbo, sobre todo por que llega fresco y directo.

Y lo de la ropa, qué recuerdos, en mi caso además de los vestiditos, los lazitos para las trenzas, mi madre los llego a comprar por rollos, a ver quien ganaba ella o yo perdiéndolos, con lo bruta que yo era.

Besos.

Sue dijo...

Gracias Carlos, me alegro que te haya gustado y también que esto que escribo suene a literatura.

Un beso.

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Belén, no estoy de acuerdo, no siempre los más arriesgados en el vestir son los más valientes, al menos si se hace con el propósito de llamar la atención. El ser valiente en el vestir a veces revela una carencia: la de que en otros aspectos de la vida no existe esa valentía.

Besos.

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Ahhh Cid, ya decía yo!
Desahogarse está muy bien y sobre todo: es muy sano.

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Siona, hay que conservar las garras para arañar de vez en cuando sino... sino te comen.

Un abrazo.

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E, pues nada, bebe un sorbo.

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Elysa, ves? yo siempre quise tener el pelo largo y mi madre siempre me lo cortaba como un chiquillo. Y luego quería que me pusiera vestidos. En fin, corramos un
tupido velo.

Dol dijo...

jajajaj qué bueno el texto....y tú misma.
Genial la teoría aliciana de entrar como salir a lo que somos de verdad en esta parte del espejo.
Un beso, gordo, y dame un poco de esa agua YA , que tengo a la niña con fiebre y lo veo todo negro.

carmen dijo...

Mira, SUE, entre los trajes de la postguerra y el desnudo integral hay muchas opciones. Vete como te de la gana.Estarás guapa, seguro

Por cierto, que aquella misa te ha servido muy bien para poder ahora ir de " impía"... Pues que no te creo, que no te creo
Tu padre un santo.¿¿ Pero es que existen los santos??
Pues claro, Sue, claro. Y uno de ellos, tu padre, que de impío no tiene nada
Un abrazo,peliculera!

Anónimo dijo...

Entonces ahora comprendo algunas cosas. Mi madre también me vestía con sus propias manos, claro está que los modelos eran dignos de Carolina de Mónaco y no de mi jaja!
Luego vino también mi época de liberación. Llegué a tejer mis sweaters tan estrafalarios como únicos. Cierta vez, en la clase de psicología yo me sentaba en el primer banco, cuando la profesora llegó, se detuvo delante mío antes de llegar a su escritorio, quedó muda por un rato hasta que le pregunté que le pasaba a lo que contestó: nunca vi una combinación de colores así jaja! (casi la mato del disgusto)

Para mi entrar aquí es un oasis
Saludos

Sue dijo...

Reyes, te mando mi más raudo mensajero con un par de botijos, a ver si llega a tiempo para la fiebre.
Yo creo que sí.

Besos.

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Carmen, en realidad fueron muchas misas y de todo se cansa una.
Lo de "santo" es una forma de hablar, un simil de "buena gente". Reconozco, eso sí, que es un simil mal traído porque muchos de los que llaman "santos" no son tan buena gente como mi padre ni como mándan los cánones, pero en fin, hablando de misas se me ocurrió ese.
No, mi padre no es impío y es igual de buena gente que mi madre o yo que sí lo somos :)

PD: Ay, qué malísima soy que me meto con los curas siempre :) Me voy a dar.

Un abrazo Carmen.

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Viking, ¿has oído ese refrán de "ande yo caliente, riasé la gente"? Pues eso. La combinación de colores y sabores es tan personal como el paladar, así que los demás no deberían meterse en ella.
¿Un oasis? Vaya! Gracias.

rombo dijo...

He venido de nuevo...leí, y recogí mi beso...
Otro para tí.

Ana Laura dijo...

Yo hace muy poquito que bebo agua de tu pozo, pero la que he bebido me sabe fresca y limpia.

Me gusta mucho esa metáfora. Preciosa entrada, me hizo recordar mis propios vestiditos -que también cosía mamá.

Un saludo muy grande

Sue dijo...

Se agradece Rombo.
I,ll be there, U know.

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Ana Laura, es que los vestiditos tienen cada uno su propia historia. Y cada una digna de contarse.

Un saludo y gracias por volver.

NáN dijo...

Genial post que desparrama libertad. Hala. Y me callo.

Sue dijo...

NáN, pues vale. Esta es tu casa. Habla, grita o calla sin problema.

virgi dijo...

No tuve yo esa influencia materna, pero sí otras, con las que moriré, je je. Mi madre nos dió siempre bastante libertad para muchas cosas.
Besitos, querida Sue, es un gozo leerte.

Sue dijo...

Un beso Virgi, a ti sí que es un placer leerte.

O SuSo dijo...

Pienso que la ropa sólo es una parte de nuestra expresión como seres humanos. De adolescentes parece importantísimo como vistes, pero creo que es porque aun estás formando tu interior y tratamos de sacar al esterior toda esa rebeldía.

A mi me ha pasado como a ti, bueno sigo siendo un pintas, pero más moderado, de adolescente llevaba cadenas, chupa de cuero (que compré con mi primer sueldo descargando pescado congelado) hasta en varias ocasiones me dejé el pelo largo, pero ¿para qué? Al final me he ido dando cuenta de que todo eso sólo es una imagen de ti mismo, que quieres fabricar y dar. Así que ahora bisto informal, casual, y me adapto para la ocasión, hasta me he puesto traje para las bodas de mis amigos....que más da.

Las madres, no coments, he aterrizado en casa-padres y es una regresión a mi adolescencia ;-)

Lo del blog es tal cual lo describes, creo que aquí nos desbestimos más que bestirnos, pero también nos adornamos, nos vemos con otros ojos, nos liberamos y eso está genial.

No tenía dudas de que eras una niña de la generación más imaginativa que ha parido este país:
Holaaaa que taaaaal
es la bola de cristaaaaal


Bejines pantera.

Sue dijo...

Suso, en efecto me crié con La bola de cristal, Barrio Sésamo, La cometa blanca, Jackie y Nuca, Heidi, Mazinger Z y el UN, DOS, TRES de la Ruperta.
Qué mayor.
La bola de cristal es uno de los mejores programas que han exisitido en la tv, es una pena que ya nadie se atreva a hacer algo ni parecido. O no sepa, por eso de que no evolucionamos que dije.

En cuanto a la ropa, tienes razón, el vestir está ligado a la imagen que queremos proyectar y no tiene mayor importancia. Bueno, supongo que para una persona que esté en el negocio de la moda será importante, pero vaya, a mi me da un poco igual. Y no es que no mire lo que me pongo, es solo que no me obsesiona. A veces ni siquiera me preocupa, aunque a veces me guste estar "mona".

Conocí a un tipo que apareció en una boda con un pantalón de pana y un chaleco de piel de oveja. Todo el mundo se reía de él , le miraba raro... Era el tío de la novia, una persona no solo interesantísima de conocer, sino con más poder adquisitivo que la mayoría de los que estaban allí aparentando un poder adquisitivo inexistente. Mientras todos le tomaron por un pobre hombre y un loco, él dió una lección de humildad.

En fin. La vida.

Beijos.

Sue dijo...

El chaleco era de pelo de oveja, de lana vaya, no de piel (ayss).