Leitmotiv

Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.

Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.

Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.

-C. Lispector, La hora de la Estrella-

domingo, 15 de agosto de 2010

EL EDÉN


A mi primer novio le faltaban los dientes delanteros y se pasaba el día molestando a los gatos. Me declaró su amor con un dibujo del monstruo del lago Ness, que su madre tuvo a bien enviarme por correo postal cuando las cartas aún volaban. Se llamaba Alberto y era rubio como un querubín, pero travieso como el demonio. Solía tirar piedras a la ventana del aseo que daba a las cuadras cuando yo estaba dentro, y si no le contestaba, entraba corriendo al molino, subía las escaleras y aporreaba la puerta de madera verde. Gritaba mi nombre varias veces, con un tono fastidioso, y amenazaba con marcharse a coger moras a la Ronda sin mi. Entonces yo abría la puerta del aseo y él decía: “Venga, tardona” y corría escaleras abajo echando furtivas miradas hacia atrás.

En realidad nunca se fue sin mi. Era una trola.

El molino fue un lugar mágico durante algunos veranos. Estaba tan lleno de posibilidades que daba hasta un poco de vértigo pensar en ellas. Pasadizos, estancias oscuras llenas de aperos de labranza, muebles con cajones hasta el cielo, puertas entre abiertas que invitaban a entrar, miles de escaleras... Y luego estaban las cuadras: gallinas, cerdos, conejos, gatos y la puertecilla que daba a las viñas por la que nunca se podía salir porque era “peligroso”.
Alberto y yo siempre salíamos por esa puertecilla, procurando que nadie nos viera, claro, porque era la más próxima al paraíso de los Arribes, nuestro parque de juegos. Aunque entonces solo era la ribera del Duero y el lugar donde los pescadores hacían sus cabañas.

A unos 14 Km. hacia el sur, en un lugar que fue aldea, después pedanía y ahora pueblo, se encuentra la casa de la foto. Está situada sobre el Tormes en su tramo más estrecho (ya casi en el final de su recorrido) y perfectamente oculta entre las montañas. Ahora es un lugar privilegiado e idílico para el turismo rural llamado Parque Natural de los Arribes, pero hace cincuenta años era un entorno agreste por el que muy pocos paisanos se dejaban ver. A penas un par de familias y el cabrero que pasaba las noches cerradas en su cabaña y el día con sus cabras entre estas peñas. Cada mañana le visitaban las hijas de Antonio “el portugués”, mi abuelo, que fue uno de los habitantes de este caserón.

Hacia el noreste se encuentra Bemposta, un pueblo tranquilo y sin pretensiones al que los vecinos españoles se acercaban a comprar material para el ajuar y ruedas de carreta. Los bempostanos les devolvían el favor arriesgando su vida para cruzar el Douro y acudir a las fiestas de San Agustín, en Fermoselle, llevando la ropa sobre sus cabezas. Los vecinos de este pueblo fronterizo recuerdan que algunos portugueses se ahogaron en el intento, pero no recuerdan que eso atemorizara a las siguientes generaciones de mozos que siguieron cruzando el río.

Alberto, mi novio el trolero, solía escaparse a menudo a la Ronda para realizar sus fechorías. Desde alli se divisaba el Duero y Bemposta, pero a él lo único que le interesaba era la caseta de mi abuelo y sus perros. En realidad era un pedazo de pan de seis años que tuvo la suerte de nacer y vivir en uno de los lugares más bellos de España. Porque, vamos a ver ¿quién en su sano juicio podría desaprovechar el edén portándose bien?

24 comentarios:

S. Cid dijo...

Verdaderamente..., el edén.

Guarda el post. Es una maravilla.

NáN dijo...

Ja, já. Una trola, sí, pero te tomó la medida. La desesperación que producen las chicas en el aseo justifica el trolerismo.

Qué gran fuerza puedes sacar de ahí. Solo de escribirlo ya la estás sacando. Viviste peligorsamente, Pulgarcita, sin que el bosque te comiera.

Belén dijo...

Tu novio el trolero era listo, en el paraíso hay que portarse muy mal :) y si, todos tenemos algún novio trolero y malo... yo también lo tuve, algún día hablaré de el...

Besicos

Sue dijo...

Gracias Cid.
Así lo recuerda mi memoria. Tal cual.
Lo guardaré.

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NáN, a esa edad casi se justifica todo :)¿que no?
Te aseguro que yo no soy tardona, si yo te contara la de veces que he tenido que esperar a un tío a que terminara de "arreglarse" ... en fin. Tenemos una fama injustificada jaja! yo por lo menos.


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Belén, sin duda lo leeré para saciar mi vena cotilla (que es muy pequeña pero existe).

Un beso.

Susi DelaTorre dijo...

Qué razón tienes!

Brindo por la infancia, los recuerdos y la suerte de haber hecho con ellos un paraíso indestructible.
A ellos volvemos para escapar de la idea de estar expulsados para siempre.


Un gran saludo, Sue.


Una estupenda entrada, con muchos y buenos ingredientes!

Sue dijo...

Sosita, gracias. Ya sabes que las cosas no son como son, sino como las recordamos y así lo recuerdo yo.

Un saludo.

virgi dijo...

Desde luego que es un lugar delicioso. De esos que te llenan de recuerdos mágicos. Escribe unos cuantos más, porfi, me transportas de verdad.
Besos, preciosa.

Sue dijo...

Gracias Virgi, todo depende de mi estado de ánimo y mis viajes, pero lo intentaré.

Un beso.

Gabrielle dijo...

Jajajajajajaja lo del novio sin dientes, es verdad? Yo con un desdentado jamás! En serio!

Molestaba a los gatos.... jajajajajaja

Buen edén, nadie se quiere resistir a él...

Sue dijo...

Gabrielle, se le habían caído los de leche y le estaban saliendo los de "verdad", por eso estaba desdentado. Teníamos 6 años!

Paco Gómez Escribano dijo...

Desde luego el lugar se ve delicioso, igual que tu descripción. Como dice Cid, guárdalo, aunque intuyo que lo tienes bien guardado en tu corazón. Un abrazo.

Unai, Eibar dijo...

Me a gustado mucho esta entrada:)

Por cierto, gracias por pasarte ;)

Sue dijo...

Gracias Paco, así es. Guardado está.
Un abrazo.

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Unai, tú sigue recorriendo el mundo que yo te seguiré leyendo.

Ricardo J. Román dijo...

Muy buen blog!

Saludos!

strongboli dijo...

Es que portarse bien es muy aburrido, y más en el edén... Tu post me ha hecho recordar muchas cosas de mi infancia, y la casa y el paisaje de la foto tiene un sospechoso parecido con la tierra de mis abuelos. Y eso que están en el V pino una de la otra.
Fantastique, Sue.

La sonrisa de Hiperion dijo...

El Edén se encuentra en los ojos de una mujer...

Saludos y un abrazo.

Sue dijo...

Pues gracias Ricardo.

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Strongboli, a veces los lugares más lejanos son los más semejantes.

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Jo, Hiperión. Qué bonito. No sé qué decir... chicas, decid algo.

keiko dijo...

Me ha encantado la historia y tambien me ha traido muchos recuerdos como a todos de la infancia.
El sitio como tu has dicho un completo Edén.

Un beso desde las baldosas amarillas!

Sue dijo...

Gracias Keiko.
Otro beso para ti.

Javier Ferrer dijo...

;)

Sue dijo...

Javier, puedes comentar algo, no pasa nada ;)

Dr.Mikel dijo...

Desgraciada de aquella que no haya tenido un novio trolero a los 9 años, que prefiriese los gatos, las gallinas, y las correrias, a festejar por las plazas y huertas del pueblo de veraneo.

Guido Finzi dijo...

Novios como ése, los puedes encontrar todas las tardes en El Diario de Patricia. Los únicos requisitos que piden son; ser cateto, gordo, tener carencias dentales y pocas luces

Saludos.

Sue dijo...

Sí, Mikel, desgraciada.

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Guido, ¿el diario de quién? ...