
Y ahora regresa Medem a dar la brasa otra vez con sus historias de amor erótico sin sentido, como si no tuviera una ya bastantes sin sentidos en su vida. Pero es lo que tiene ir a la peluquería, que te empiezan haciendo tragar revistas fashion y sales de allí usando palabras como “reina mora”, “divina” y “esmaltado francés”. Y yo que pensaba que todo era un invento de Bigas Luna, pues no, las peluquerías existen y en ellas habitan mujeres del planeta Peluqueríl que tienen unas cien reglas, todas muy raras y secretas. La primera es que siempre sonríen.
Una vez cruzas el umbral de su planeta te atrapan con su simpatía rosa coral y ya no puedes salir, pero no es que te lo impidan, es que no quieres. Pero quién va a querer salir de un lugar en el que te sonríen a discreción, te ofrecen asiento mullidito color cereza, revistas, café al gusto, alaban tu pelo y esos rasgos “tan divinos y actuales” de tu cara. Habría que estar loca para regresar a la cruda realidad, ahí, siempre lloviendo como en casa de los Monster y con todo el mundo de mal rollo. No, este planeta me gusta así que me quedo un par de años (o tres), aunque solo haya entrado a preguntar si el perro que está ladrando en la puerta de la Peluquería es de alguien. A mi qué me importa el perro.
Ni siquiera me importa que durante más de dos horas no sepa lo que va a suceder y que me coloquen en varios potros de tortura. En el primero de ellos, una agradable androide de pelo color arándano me pregunta qué tipo de champú, mascarilla, suavizante y cera quiero.
-La verdad es que...no sé, me pillas un poco así, todo esto me supera, yo uso un champú...pues normal...
-¿No te pones mascarilla para hidratar el cabello? ¿Ni cera? Pero suavizante sí usarás, o un champú especial para tintes al menos...
Ay pobre, qué pena me está dando, le voy a tener que decir que sí, que de vez en cuando me echo un poco de agua de peinado, solo por no verla triste. Una tristeza rara, eso sí, porque no deja de sonreír. Es como si tuviera un alambre de lado a lado de la boca. Algo estupendo. Y así, sin aflojar su alambre, comienza a darme el masaje en el cuero cabelludo, algo muy de peluqueros y que después de un buen café es como un cigarro después de un polvo (para los que fumen), en mi caso es como un masaje después del polvo. A ver, superad eso.
Insuperable, lo sé. Pero solo dura diez minutos y entonces me deja allí tirada con una plasta en el pelo que huele a vainilla y me endosa tres revistas de cortes de última generación, “para que te vayas orientando”, me dice ¡y se va! Yo no quiero orientarme, quiero que vuelvas y me des otro masaje y me preguntes chorradas como si quiero que me maquillen después o si voy a los fuegos artificiales por la noche con mi marido (¿?). Todo se vuelve gris cuando la veo alejarse hacia otra clienta. Maldita zorra. Entonces llega la hora de aplacar mis celos con las revistas. Esos masajes en el cuero cabelludo son de lo más peligroso.
Y luego ya vino Medem, que me cae bien pero que hace unas pelis que no entiendo, y mientras hablaba de su habitación en Roma con sus chicas ahí dale que te pego todo el tiempo, yo escuchaba los piropos que me echaba mi peluquera y disfrutaba de lo bien que estaba dejando esta maraña de pelo de chiquillo que tengo.
Al final me dejó tan guapa que le pedí un alambre para mi boca y salí de allí más contenta que Paris Hilton atrapada en el ascensor de Harrods (o algo así). Y nada, que no pude dejar de sonreír hasta el día siguiente (que me lavé el pelo y volví a ser un chiquillo).

21 comentarios:
Dan ganas de irse a vivir ahí.
Un micromundo feliz.
Es como un parque Disney para adultos.
Besos.
Y ahora sonreímos nosotros.
Debido a mi alopecia, estoy excluido de esos mundos de que hablas, y bien que lo siento. En mis tiempos melenudos iba a peluquerías unisex, donde también había mujeres con papel de plata en el pelo, y me encantaba leer el Pronto de hacía dos meses, allí en un rincón, casio escondidos, mientras oía parlotear a las clientas.
Hoy todo eso se lo ha llevado la alopecia seborreica (suspiro)
Pues aunque mi ordenador no deja de hacer cosas raras , yo comento por mis cojones.
Si los tuviera.
Que me gusta tanto cómo cuentas las cosas que te lo tengo que decir y no es pa corresponder ; ya quisiera yo tener el pelo de chiquillo .
Mi pelo es de señora y ayer me lo corté.
Totalmente de acuerdo en que cuando la peluquera te masajea el coco y enseguida te deja por otra chorla da coraje .
Y el color rosa coral.
Qué bonito todo , joé.
Un beso despelucao .
Pondré foto de mi nuevo look .
Chica, lo que mola que de vez en cuando alguien te haga sentir como en la habitación de Roma...
Besicos
Toro, la verdad es que casi sí, es como un parque Disney con café rico.
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Eso está muy bien Cesc, así me gusta.
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Tranquilo Miguel, ahora en las peluquerías se hace de todo, así que seguro que encuentras algo que te puedan hacer ...
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Reyes, espero tu nuevo look. Y sí da mucho coraje que te den mimos durante media hora y luego te abandonen. Si es que no hay corazón ya en ninguna parte.
Gracias señora.
:)
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No he visto la peli Belén así que no sé cómo se sintieron las protagonistas, pero es que aunque la vea, seguro que no la entiendo.
Revistas rosa, cotilleos de barrio (sobre gente que no conozco ni me interesa)y esos espejos enormes en los que una ve cómo "sólo las puntas" se convierte en cuatro dedos menos de melena.
Sin embargo el masaje capilar, el olor de los productos, esa facilidad de las peluqueras en repartir piropos y la magia de la que hacen gala domando un pelo que, en casa, incluso tratando de hacer lo mismo, nunca queda igual, sí que son para quedarse a vivir una temporada.
Pero poco... qué pereza.
A Medem no lo aguanto. Sus películas son pretenciosas, inintegibles y puro artificio pero, ya sabes que yo no veo cine español desde hace tiempo, así que no voy a sufrir ahora una recaída e ir a ver su última entrega. No aguanto ni las historias absurdas, ni los diálogos idiotas y tampoco las malas interpretaciones.
Me gustan esas peluquerías donde alguna chica te lava la cabeza; uno se relaja y tiene que luchar para no quedarse dormido mientras siendo las endorfinas disfrutan.
Un saludo
PD: Ayer por la tarde me acordé de ti. En Pº de la Florida, poco antes de llegar a Casa Mingo y por la acera de enfrente, hay un establecimiento donde venden pastelitos árabes. Están siempre frescos y vale la pena llevarse una bandejita de vez en cuando (22 euros el kilo)
Blanche, a mi me encantó la experiencia pero porque era sino la primera sí la tercera vez en mi vida que iba a la peluquería. Eso sí, es la primera vez que me ha gustado mi look. Se nota cuando te menenan la cabeza profesionales del sector (en las otras dos ocasiones fui a peluquerías de esas globales en las que ni siquiera te llaman por tu nombre, te queman el pelo y te hacen un daño horrible).
También es verdad que no seré de las que vayan todas las semanas (que las hay).
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Guido, ya somos dos, por lo de Medem digo. Y mira que intenté estár "en la onda" y que me gustaran sus pelis, por eso de que muchos decían que era el adalid del cine contemporáneo (o algo similar), pero es que no. Pude con dos de ellas a duras penas, pero me quedé igual que estaba. Y es cierto, las interpretaciones suelen ser bastante mediocres.
Hay directores que tienen la capacidad de anular el talento de un actor... porque sino no me lo explico.
Lo del masaje en la cabeza ha sido un descubrimiento maravilloso, la verdad.
Esa pastelería que dices tiene buena pinta, seguro que me paso en breve y así recuerdo mis noches en Marrakecht. Bueno, y mis días.
A mí, una conocida vinculada con el cine español (nadie es perfecto) me vendió a Medem como si fuera una especie de David Cronenberg. Si no fuera tan patética la comparación, todavía me estaría riendo.
Esos pastelitos los suelo tomar después de cenar, con una cachimba de tabaco de melón y un ron añejo mezclado con limón y lima exprimida. Pruébalo un día de estos, aunque no sea en Marrakech.
Confieso que a mi también fue un tipo quien intentó venderme a Medem como el genio que no es, y yo (que tampoco soy perfecta) me dejé llevar. El tipo en cuestión (el mismo que quería que me plantara una pamela para ir a cenar) me pasó como cuatro o cinco películas y solo pude con dos (que no entendí), igual que con los libros de Marías (tan soporíferos como él mismo).
Lo que hay que aguantar...En fin, ya pasó.
Probaré los pastelitos como dices.
Me gusta el ron añejo y siempre lo tomo con limón (a poder ser natural) o lima. No puedo con esos cubatas de coca cola. Bueno, es que no me gusta ese refresco.
Es cierto Sue, ir a la peluquería es entrar en mundo aparte. Sales diferente a como entraste. Yo voy muy de vez en cuando, que me den un masaje en el cuero cabelludo, retocar puntas y sobre todo tapar las miles de canas que van aflorando en mi linda cabeza.
Me ha encantado el Post...
Te dejo un abrazo y beso silencioso impregnados de aroma de manzana,
Naia
Pero..., Sue..., ¿¿¿se puede saber de dónde sacas esas fotos??? Jajajaja, qué buena, jajajaja.
Bueno, de mi última experiencia peluquil salí un poco escaldada: primero me recibió un chico jovén que me saludó algo así como: "Hola, cariño. ¿Qué vas a hacerte, cariño? Ven, pasa por aquí, cariño. Siéntate, cariño. A ver..., cariño..., déjame verte, cariño...". Unos 20 ó 30 cariños después supe que si volvía a llamarme cariño me levantaría y le metería el secador de mano entre los dientes. Afortunadamente..., le pasó el marrón (o sea, yo) a una peluquera que estuvo haciédome cosas y a quien, cuando me dejó con una plasta en el pelo (no recuerdo si olía a vainilla o a cariños), vi mirándose en el espejo y quitándose granos... Sí, sí..., como lo cuento. Me dije: "Dios mío, haz que no vuelva a atenderme ella y venga otra. Si lo haces, prometo encender 500 velas en la Almudena". No hubo suerte..., una vez más no llevaba el boleto ganador. Ay... :'(
No tomo café, no me gustan los masajes, no uso mascarilla, Paris Hilton sin Hilton mejor, no me dicen nada de mi pelo, Y...
me gusta poquísimo ir a la peluquería
Pero........ algún piropillo ya me dicen aunque no sea ........en la peluquería(jajajaj)
Qué gracioso retrato, compa Sue, del mundo peluqueril; uno de esos mundos que me resultan completamente extraños (hace siglos que no entro en una pelu digamos que convencional...), lo pintas con mucha flamenquería, vaya que sí. En lo que no estoy de acuerdo es en las diatribas contra Medem (dejando aparte el tema de su última peli, que aún no he visto). ¿Que no es Orson Welles ni Billy Wilder? Vale, hasta ahí llegamos, pero tampoco es tan desastroso su cine. Y, claro, situar como referente suyo a Cronenberg, pues, en fin, también podemos comparar a Marifé de Triana con los Rolling Stones (se dedican a la música, todos ellos, ¿no...?). Pero, bueno, son percepciones, cada cual con las suyas, cómo no...
Un fuerte abrazo y buen fin de semana.
Jua, jua, jua!! Qué gracia! Yo también odio ir a las peluquerías. Precisamente el otro día... (mejor te copio y hago un post sobre eso).
Lo del alambre, muy bueno. Mucha gente debería instalárselo (o tomarse un par de Soberanos, como el del anuncio), que una sonrisilla de vez en cuando no va mal.
Petons.
Naia, lo de las canas es un timo, como otras muchas cosas. ¿Por qué una mujer no puede dejarse las canas y un hombre sí? Quiero decir que ambos pueden, pero en el hombre quedan bien y en la mujer no (o te hacen creer que no). Estoy harta.
Gracias por pasarte por aquí una vez más y por ese aroma de manzana. Me viene muy bien a estas horas.
Un beso.
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Cid, las fotos son de google, bueno algunas, otras son mías (eh sgae). Esta es de google.
Eso del "cariño" esta muy bien un rato, pero como bien dices, cuando por cada dos palabras que te sueltan, una es esa te dan ganas de saltarle los dientes al cariñoso de turno. Ya está bien, un poquito de vocabulario nene. Eso sí, lo de la peluquera quitándose los granos no tiene precio, es para no volver desde luego (y darle un toque a su responsable, si me apuras).
Ahora que me acuerdo, eso del "cariño" me ocurrió una vez que fui a comprar una crema limpiadora de mi marca habitual a un establecimiento nuevo (no habitual). Me atendió un chico encantador que me empezó con el "cariño" y acabó vendiéndome una mousse de Chanel para "encender mi cutis" (que, por supuesto, usaba él). Me dejé engañar solo esa vez y la mousse funcionó, pero vaya, mi jabón de pepino y almendras funciona igual y me cuesta tres veces menos.
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Carmen, un piropillo de vez en cuando no viene mal, eh! Y sí, Paris mejor sin Hilton.
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Manuel, contra gustos no hay nada escrito, ya lo dice el refrán. A mi no me gustan las pelis de Medem, no porque las compare con otras, sino porque no me aportan nada, puede que sea porque no las entiendo, no lo sé, en cualquier caso, es mi opinión. A lo mejor si me explicas tú "Lucía y el sexo" descubro un mundo nuevo... je,je.
Un abrazo para ti.
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Stronboli, sonreír es estupendo cuando te sale de dentro, yo lo admiro con todas mis fuerzas, pero si no sale tampoco hay que forzarlo.Ya sé que la gente te devuelve lo que le das y todo eso (siembra y recojerás), pero cuando no te sale de dentro y tienes que provocarlo resulta falso y entonces... solo recoges falsedad. Yo prefiero sonreír solo cuando me apetece, que son pocas veces. Algunas de esas veces es porque las personas que sonríen de forma sincera me provocan, cosa que está muy bien, pero en general no tengo motivos para sonreír.
Si no es que den ganas de irse a vivir allí... es que uno ya no podría vivir de otra manera jajaja
Saludos y un abrazo enorme.
Este post te ha quedado fantástico, auténtico, me veo como en un espejo...y sin ir a la pelu.
Fíjate que yo algunas veces, me pongo delante del espejo, me doy un par de trasquilones, me echo gomina y los pelos me los coloco en diferentes direcciones....
Total, luego me dicen :¡Estás genial!¿a qué peluquería vas?...
Lo único que extraño es el papel couché.
:) :) :)
Eso es cierto Hiperión, luego se hace duro volver a los empujones y las malas caras (incluso delante del espejo).
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Virgi, muchas gracias. Yo también me he plantado delante del espejo para trasquilarme y también me han dicho lo de la pelu! jaja. Pero tengo que reconocer que en la peluquería me dejaron mucho mejor.
Un beso!
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