
“La vida transcurría en un equilibrio constante entre el toma y el deja. Y lo difícil no era tomar, sino dejar, desasirnos de las cosas que merecen nuestro aprecio. Aquí estribaban las posibilidades de felicidad de cada humano: en que su facultad de desasimiento fuese mas o menos elástica, en que el hombre estuviese mas o menos aferrado a las cosas materiales. Por ello, tal vez el secreto básico estuviese contenido en el hecho de no tomar nunca para no tener que dejar nada. Era un remedio negativo, de renunciación, pero con certeza, el adecuado a mi calidad humana, desprovista de reservas y de capacidad de sacrificio. Lo cuestionable consistía en saber si el hombre tiene alguna probabilidad de subsistir sin aprehender nada, desasido de todo, desconectado de los seres y las cosas que le rodean, si el individuo es capaz de desarrollar su individualidad propia y primitiva sin necesidad de echar mano de recursos extraños a sí ”.
Seguidamente me acuerdo de El cero transparente, de Alfonso Vallejo, ese neurólogo santanderino convertido en dramaturgo, poeta y pintor que deja un reguero de talento a cada paso que da. Su lenguaje es directo y apasionado, marcado por una profunda introspección y cuajado de preguntas sin respuesta. Algunas de sus obras han obtenido prestigiosos premios, pero la realidad es que es bastante desconocido para el “gran público”. Y es que a muy pocos nos gustan las preguntas que no tienen respuesta...
El día que acudí al estreno, agradecida y emocionada, me encontré con una sala de butacas vacía y la posible fatalidad de que la obra no fuera representada. Al final, la suerte, los cinco actores y el director, se reunieron y decidieron que sí me harían feliz aquella tarde. Bueno, a mi y al chico que apareció cinco minutos antes de dar comienzo la representación.
Nos dijeron que nos colocáramos muy separados y aplaudiéramos fuerte para simular una platea colmada y vigorosa y así lo hicimos, pero no por recomendación, sino por devoción. Sin duda fue una de las mejores representaciones teatrales que he visto, y prácticamente en la intimidad. El mejor regalo después de un largo, cansado y espeluznante día de laboro mal pagado.
¿Seré capaz –me pregunto- de desasirme de estos regalos para ser feliz?
No sé, de momento me vuelvo al Niágara en bici a ver si refresco este cuerpito mal trecho. Os invito a que bailéis un ratico conmigo. ¿Venís?
Y me entró la calentura y me fui poniendo blanco
Me acarició con sus manos de Ben Gay y me dijo
Hay que chequearte la presión pero la sala está ocupada y,
Abrí los ojos como luna llena y me agarré la cabeza
No me digan que los médicos se fueron
No me digan que las pinzas se perdieron
Me apoyé de sus hombros como un cojo a su muleta
Me acarició con sus manos de Ben Gay
Bajé los ojos a media asta y me agarré la cabeza
No me digan que los médicos se fueron
No me digan que las pinzas se perdieron
(No me digan que me va cayendo de tanto dolor
No me digan que me van pariendo

24 comentarios:
A quién se le ocurre pedalear por el Niágara y encima acudir a la sanidad pública tal como está la cosa.
Buen finde.
Entonces para Pedro el secreto de la felicidad sería algo así como no ir al teatro por miedo de que anulen la función porque no va a ir nadie a verla.
No creo que las teorías del desapego se refieran exactamente a eso. Los de la compañía representaron la obra, a pesar del escaso público. Ellos sabían que la función era buena. Y de echo triunfaron. Quizás mañana cierren el teatro, pero mientras tanto...'the show must go on'
Muy bueno tu blog, me gusto bastante.
saludos.
Tal como se presenta la realidad en los últimos tiempos, a la felicidad hay que buscarla en la evasión...
Un saludo
A esa renuncia voy encaminando mis pasos desde hace tiempo.
No porque lo diga nadie.
Lo descubrí yo solo.
Besos.
Yo también bailaba esa canción dentro de mi coche , durante muchos días.
Bailo contigo.
En cuanto a la felicidad...uuuuuf...puede estar en todas las cosas, pero es inasible.
A veces se presenta pero no sabemos cuándo.
Besos.
Nómada, puede ser que estemos ante un explorador...alguien a quien se le ocurren cosas que a otros no...
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En realidad Pedro estaba divagando y tomó una experiencia concreta como base de sus divagaciones. Además, su maestro y tutor Mateo, le daba muchos que pensar con sus elucubraciones durante sus largos paseos por Ávila...
En fin, que no sé cuales son ni a qué se refieren las "teorías del desapego", pero estoy segura de que Pedro no hubiera rechazado ir al teatro por miedo a que la representación fuera anulada.
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Gracias brokenmind.
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Guido, en esas estamos y gracias a esas (evasiones) sobrevivimos.
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Pues buen descubrimiento Toro, y yo que me alegro por ti.
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Ay, Reyes, qué bien nos lo íbamos a pasar tu y yo bailando este merengue (nos estoy viendo). Pero tendrías que enseñarme que yo un poco pata.
Un beso.
super interesante... gracias por compartirlo con todos nosotros :)
Un placer Javier.
Vale, igual no me he expresado bien (y tampoco lo lograré ahora). Hacía referencia a 'modelos' como el budismo o el Tao, donde una de las premisas para evitar el sufrimiento es romper las ataduras que suponen los 'apegos'... mal entendidos, cuando la pérdida crea ansiedad o dolor. Ellos hablan de un trabajo interior, donde se modifica el estilo de pensamiento que nos hace sufrir. 'Querer lo que se tiene, en vez de tener lo que se quiere'. Algo así. Esto no supone renunciar a lo que la vida tenga a bien ofrecernos, el sufrimiento se acepta como algo natural que debe fluir. Y al menos para mí aporta una visión más serena de la existencia.
Siento que la felicidad esta en ser uno mismo, en ser completo y abundante en todos los aspectos. Hacer que el pensamiento esté a tu servicio, no tú al servicio del pensamiento.
Bailar es una muy buena medicina.
Un placer, Sue
Te dejo un abrazo muy sereno, silencioso con aroma canela,
Naia
Hola !!! Que raro eso de estar en el teatro y no haber nadie...me hubiese dado pena por los actores y el director, pero claro, me imagino que para ellos no hay mejro premio que el aplauso, aunque este sea medio solitario.
Muchos Saludos !!
Hay que tener un instinto especial y reconocer esos momentos de felicidad, porque se escapan como el agua de las manos.
Y pocas veces lo tenemos, nos suele llegar su aroma cuando ha pasado.
Así que, Sue, disfruta y sigue compartiéndolas.
Un abrazo
Quizás sea una de esas pequeñas preguntas sin respuesta, pero yo por un lado odio las concentraciones de masas y por otro un cine o un teatro vacíos me causan una congoja de pena casi insoportables...
Existe el secreto de la felicidad? Demasiado bien guardado debe estar.
Saludos y un abrazo enorme.
Anónimo, te has expresado estupendamente, solo que yo no dije que las teorías del desapego se refirieran a nada, ni me referí a ellas. Solo estaba ilustrando el post con un pasaje del libro de Delibes.
En cualquier caso, gracias por tu exposición, me ha recordado en mucho a Tolle.
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Naia, ser uno mismo no funciona si eres un ser maligno y despiadado (que los hay), esos casi mejor que intenten ser otra persona. ¿No? ...Al menos para que dejen ser felices a los demás.
En cuanto a la felicidad propia, yo creo que se trata más bien de, como bien ha dicho Anónimo, modificar nuestro estilo de pensamiento. Como tu bien dices, que nuestro pensamiento esté a nuestro servicio y no al revés.
A mi me sirve mucho tu Blog y tus mails, ya lo sabes. Me aportas una serenidad inaudita.
Un beso Naia.
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Alvaro, sí, la verdad es que es muy raro y también me dió algo de penilla por los actores (sobre todo), que al final también nos aplaudieron a nosotros por ir.
Eso sí, tal y como me dijo uno de los actores era la primera vez que les ocurría, ya que son una compañía modesta pero siempre habían tenido algo de público. Solo que aquella tarde noche había fútbol y tal como dijo el director: "ante el fútbol no hay nada que hacer".
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Tienes razón Virgi, cuántas veces disfrutamos de las cosas cuando ya han pasado. En el recuerdo.
Mal, mal. Carpe diem.
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Miguel, a mi también me fastidian las concentraciones de masas en ciertos momentos,así que estuve encantada de estar allí. Eso sí, lo siento por la recaudacion de aquella noche que fue nimia para los currantes del teatro.
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Hiperión, pues habrá que empezar a buscar... ¿no?
Pues yo sí estoy un poco con lo que dice Pedro: cuanto menos se tenga (no me refiero sólo a la custión material), menos esfuerzo hay que hacer para cuidarlo y menos se echara en falta si se pierde.
No sé..., la cuestión es echarse bien las cuentas y elegir tener sólo lo imprescindible. Todo lo demás, lo superfluo, puede irse por el desagüe. Menos preocupaciones = más felicidad, sin duda.
Cuidado esa bici por el Niágara, que suena peligroso ;-)
Saludos.
S. Cid
Sue, me alegro de que estemos de acuerdo en algunas cosas. Como anécdota te diré que me gusta mucho Delibes y que el libro del ciprés lo tengo a medias, esperando su momento.
Me parecen muy interesantes las opiniones aquí vertidas(Naia, que sabias palabras). Sin embargo yo no siento pena por los actores, siento admiración y respeto. Siento pena por los tipos desalmados esos que cita Sue.
La felicidad existe a cada paso, pero no siempre sabemos apreciarla.
Quizá porque está sobrevalorada.
Delicioso cuando nos tocan esos regalos del arte, de esa gente valiosa pululando por ahí (existen!)...
Desasirnos... me quedo muy muy colgada pensando en eso. Me viene más que bien.
Beso!
Yo es que bailo fatal, Sue...
Mi coterránero JLG siempre canta a la esperanza. En estos días, también he pedaleado en otras Niágaras.
Son cosas de los cuerdos.
Saludos mientras bailo un merenguito.
Lo interesante es ver como personas que se han desasido de casi todo son la mar de felices con tan poco.
Bien, pues todos contentos Anónimo.
Naia es una tia genial, great, super molona. Te lo digo yo.
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Quizás lo que ocurre es que buscamos la felicidad ajena, lo que otros creen que es la felicidad, lo que nos hacen creer que es... y en realidad es mucho más sencillo que eso.
Un saludo Tesa.
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Sí que existen Lua, tú y yo lo sabemos. Solo hay que prestar un poquito de atención.
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Strongboli, lo que cuenta es la intención, Uknow :)
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Rober, volviste! Pues bienvenido seas. Ya me enteraré de qué Niágaras son esas...
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Cierto, Cesc, en realidad, como le dije a Tesa, no es tan complicado.
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