Leitmotiv

Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.

Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.

Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.

-C. Lispector, La hora de la Estrella-

domingo, 21 de marzo de 2010

SUE WINEHOUSE


El vino es un ser vivo. Nace, respira, se alimenta crece y muere. Antes de morir tiene un momento álgido que solo puedes descubrir si eres enólogo, viticultor o sumiller. Si no, es posible que lo bebas en su punto medio o bajo. Aún así, si te gusta el vino y no vas de experto por la vida, lo disfrutarás como si fueras una auténtica “nariz de oro”. ¿Por qué no?

Puedes hacerlo en compañía de alguien especial, de ti mismo, de ese pequeño librito-joya que recién empiezas a leer (o que retomas), o del solomillo de ternera rosa con puré de higos que alguien te sirve en un lugar tranquilo.

No siempre hace falta que sea un buen vino, pero lo que sí es necesario es que no quieras estar en otro lugar. Si no, la cosa no funciona y de nada sirve todo lo que te voy a contar.

El mejor vino suele germinar y crecer lejos de la ribera de los ríos y allí es donde el viticultor debe mantener los niveles del llamado “estrés hídrico” que tanto en exceso como en defecto cae mal a la uva. Puede parecer un snobismo, pero... ¿a quién no le cae mal una "mala gestión" del estrés?
Durante su crecimiento, si se quiere obtener un buen “caldo”, la uva debe vigilarse como a un recién nacido y retirarla de la cepa solo cuando esté lista. Después se prensará de forma natural, sin maquinaria ni elementos externos que interrumpan la doble fermentación.

La barrica en la que el vino descansa ha de ser de roble, cuyo tueste también marcará el carácter del vino, su sabor y su olor, principalmente. Mientras él respira a través de los poros de ella, ella (la barrica), se emborracha de él hasta tal punto que al tercer año queda inservible para estos menesteres. Aunque no para otros.

Antes de ser embotellado, el vino se depura con clara de huevo y al final se cierra herméticamente con el mejor corcho del mercado. Éste puede ser de silicona solo si se trata de un vino joven, que debe consumirse antes de dos años, y solo en este caso puede almacenarse en vertical.

El vino pasa como mínimo 6 meses en bodega, haciéndose a sí mismo, adquiriendo olor, textura y sabor, por lo que no tiene mucho sentido seguir almacenándolo una vez está embotellado. Es por ello que los expertos recomiendan que no lo guardemos en casa durante mucho tiempo, ya sea joven o gran reserva, sino que lo abramos a la mínima ocasión. Con cualquier excusa. Carpe Diem.

Yo, en mi calidad de aficionadilla, aconsejo que en casa bebáis el vino bueno y fuera de casa el vino de la casa. Vuestro paladar y, sobre todo, vuestro bolsillo os lo agradecerán.

Y colorín, colorado, este cuento sobre el vino se ha acabado.

32 comentarios:

Guido Finzi dijo...

A mí lo que me está empezando a fastidiar es la nueva manía por utilizar tapones de plástico sustituyendo al clásico corcho. Tampoco me aguanto a los que, sin saber más que de vino el nombre de algunas marcas, se erigen, por su cuenta y riesgo, en abanderados de la cata y en medio de una reunión sueltan una consabida estupidez que los deja en evidencia: "Hummm, está afrutado". Por desgracia, rara es la cena de varias personas donde no haya uno de éstos.

Un saludo

Lua dijo...

Quisiera creer que soy como el vino, luego de arduos procesos estar en el período de los seis meses en la bodega... previo a llegar al momento de salir al mundo o a la copa, directo al paladar de alguien.
Me gustó el comentario arriba del mío. Odio a los sabelotodos. Y extraño los corchos de corcho.
Eran lo más.

Belén dijo...

Pues la verdad es que a mi el vino ni fu ni fa... me lo bebeo si, pero no sé nada ni de su historia ni de su conservación... y viviendo dónde vivo, casi parece un pecado, pero es verdad...

Besicos

Sue dijo...

Guido, yo no entiendo de vinos, pero me gusta escuchar a los que saben, a los que saben de verdad (no a los enteradillos), esos que no te dan una perorata a no ser que les preguntes y cuyos conocimientos se extienden más allá de la uva.
Lo de los tapones de plástico puede acabar con parte de la ceremonia que supone abrir una botella de vino, ciertamente. Muchas denominaciones se niegan a dejar el corcho, a pesar de que sigue representando el grueso de la inversión de una bodega, junto con las barricas.

Sue dijo...

En España y Francia aún puedes encontrar muchos corchos de corcho, Lua, incluso en vinos de mesa, rosados y blancos. Quizás algún día el corcho deje de fabricarse porque su elaboración no resulte rentable (o porque nos quedemos sin bosques). Entonces ya no importará ni el vino ni otras muchas cosas... así que, por el momento, bebamos sin olvidar la naturaleza. Pequeños gestos unidos consiguen grandes logros.

----
Belen, que no te guste el vino no es ningún pecado, vivas donde vivas. Tu tranquila.

Cesc dijo...

Si es que el buen vinillo...

Guido Finzi dijo...

Lo peor, con todo, es que la sustitución del corcho por el plástico, arrastre consigo a los alcornocales del Alentejo...

Un saludo

milagros dijo...

Yo no entiendo ni de textura, ni de olores, pero me gusta la sensación de un traguito de vino tinto, a temperatura ambiente, con un queso de sabor fuerte, con jamón serrano, con carnes rojas, butifarra, morcilla, chorizo... y en copa grande de un cristal muy fino... Qué bueno.

josé rasero dijo...

Dejé de beber.

Saludos!

S. Cid dijo...

Pues, chica, yo en cuestión de vinos soy una analfabeta funcional. Eso sí, admiro a los que controlan el tema y a aquellos cuyo sentido del gusto está tan entrenado que sólo por probarlo ya saben si es tal o cual, del año x o del año y.

Me ha entretenido mucho tu post. Es todo un mundo el que hay tras una botella de vino. Supongo que debe de ser un trabajo muy interesante.

Sue dijo...

Claro que sí, Cesc.

---

Guido, si queremos conservar el planeta para los que vengan detrás debemos estar dispuestos a renunciar a muchos pequeños (y grandes, los que los tengan) lujos, o, en su defecto, buscar alternativas sostenibles.
En Francia hay una ley que establece que por cada dos robles talados debe plantarse uno.
Quizás podría hacerse lo mismo en todas partes y con las especies de árboles más demandadas.

Guido Finzi dijo...

En el caso del alcornoque, no coincido contigo, porque se usa la cáscara y, desmontada esta fuente de ingresos, se corre el riesgo de desforestación para implantar otros cultivos. Y a mí, me encanta cruzar la frontera y ver esa magnífica gama de verdes recibiéndome.

Saludos

Sue dijo...

Guido, lo mejor sería no talar los árboles, de ningún modo, pero si hubiera que hacerlo ¿no es mejor plantar lo que se tala? A eso me refería.

Sue dijo...

Milagros, que sepas que ahora mismo soy como una perra de Pavlov, babeando sobre el teclado. He comido fatal (y poco) y sigo teniendo hambre.
---

Bien por ti, José, en realidad no tomar vino también es bueno.

--

Sí, Cid, debe ser apasionante porque es un trabajo de campo, muy manual, que avanza hacia las nuevas tecnologías y se se nutre también de la gastronomía.
Alguien que entiende de vino entiende de todas esas cosas.

Anónimo dijo...

Excelentes consejos. Soy buen bebedor de vino y obviamente los aprecio. Imposible que beba solo, no puedo. Para mí el placer y el encanto de un buen vino es poder compartirlo.

BESOTES Y BUENA SEMANA!

Dr.Mikel dijo...

Vino que del cielo vino, madre de la cepa tuerta.
Que opinas del vino de mi tierra, un buen Somontano??

ÁFRICA dijo...

Querida amiga blogera, llego tarde, me dices que has estado este fin de semana en Valladolid, una pena porque en estos días estoy por Barcelona, en concreto en Terrassa.
Pero ten por seguro que de haber estado por Valladolid, te habría enseñado algunos lugares.
Un gusto saber de ti.
Un beso.

Guido Finzi dijo...

En la parte baja de cierto establecimiento madrileño, cuya localización conviene no divulgar, no sólo puedes degustar exquisitos vinhos do Porto (vintage, concretamente) sino que además, te abren la botella sin sacar el corcho. Lo hacen cortando directamente el cuello de la misma con unas tenazas al rojo. Luego, cuelan el caldo con un tejido especial y, tras dejarlo reposar unos instantes, está listo para ser bebido. Se recomienda acompañar la operación con diversas variedades de queso y foie.

Un saludo

PD: ah, el vintage hay que tomarlo antes de las 48 horas de haberlo abierto, como mandan los puristas.

Sue dijo...

Bueno Stanley, eso ya va en gustos y es libre para beber solo o acompañado.
Yo... depende (más vale sola que mal acompañada)

----
Los somontano tinto que he probado me han gustado, algún Onate y algún A.Na, pero no me preguntes la añada, no soy una experta.
Buena denominación, of course.

---
Vaya, si lo hubiera sabido te hubiera preguntado algún lugar majo para comer ¿cómo sabes que estuve en Valladolid? ¿me viste por un agujerito?...
Ahhh, que es por el post de los vinos.
Sí, me has descubierto, estuve por la Castilla León, durmiendo en un molino harinero a orillas del Duero.
A la próxima ya te pregunto.

----

¿Te abren la botella sin sacar el corcho? Eso sí que jamás lo había oído. Qué pasada!
Ya me puedes decir (en secreto) que lugar es ese para gozar algún día de ese Oporto y ese foie.

LA ZARZAMORA dijo...

Pue la peli me encantó. Cuando tomo siempre suelo hacerlo en compañía, ahora eso sí, ir buscando viñedos antes de una boda, va a ser que no;)
Que luego no sabes ni con quien compartes uvas.
Besos, Sue.

Sue dijo...

Sí, Cenizas, un buen vino servido por ahí es un atraco a mano armada.

---

Eva, me alegra que te gustara el cuento, o la peli, o el post :)
¿Buscar viñedos antes de una boda¿ ummmm...¿De la boda de quién?

Naia Marlo dijo...

¡Qué buen Post!
Me gusta mucho el buen vino tinto, rojo con sabor afrutado, seco y rasposo sabor a madera.. muy buena información. Me gusta saborearlo sola mientras cocino, con buenos amig@s o cita especial. Como es un ser vivo, megusta sentir su vida dentro de mi.

Te dejo un abrazo muy sereno,
Naia

Paco Gómez Escribano dijo...

Pues a mí me encanta el vino, me parece la bebida por excelencia, con sus variedades, sus matices, no hay otra bebida igual. Eso sí, reconozco que no tengo ni pajolera idea, sólo sé algunas marcas buenas. Y que para entender de vinos hay que estudiar muchísimo.

Sue dijo...

Sí Paco, por eso digo que el que entiende de vinos (de verdad) sabe de muchas otras cosas.

virgi dijo...

No entiendo de vinos y por ahora no tengo tampoco ese interés, pero sí que, por experiencia cercana, sé que un vaso de vino en las comidas es como una medicina.
Besitos, Sue

Un chico de Lima dijo...

vino... uhm! que rico!

Miguel Baquero dijo...

¿Te confieso un secreto? ¡Me da un asco tremendo el vino! Seguro que es una tara de la infancia que tendría que analizar un psicoanalista, pero es que es olerlo y revolvérseme el estómago. Y no es que sea abstemio, que bebo de todo... menos vino. El blanco, todavía, pero el vino tinto es que ni acercarme a él. No sé, algo de la infancia, seguro.

Sue dijo...

Gracias Naia, sabía que tú eras de las mías.
Un beso.

----

Virgi, eso dicen algunos médicos. Otros no, en cualquier caso, ahí estamos.

---

Algo había leído Miguel, pero tranquilo, no pasa nada. No es una tara que no te guste el vino. Oye, a cada uno le revuelve el estómago lo que el estómago quiere, faltaría más.
A mi me pasa con las migas, ya ves tú. No puedo con ellas.

carmen dijo...

Me gusta el vino tinto. Una copa en la comida y otra en la cena.
Es un placer que además se comparte con gusto.
Y lo de gestionar el estrés lo he aprendido de ti. Muy bueno!
Quizás por eso hay vinos que sientan requetebién, porque han sido bien gestionado en sus estreses...
Un abrazo, SUE

Magnolia dijo...

In vino veritas...

Un abrazo

Ani dijo...

Totalmente de acuerdo querida Sue. Me has contado algunas cosas que ya sabía y otras que no, pero ambas, me ha encantado oirtelas a ti.
Choquemos nuestras copas. Salud! y recuerda mirar siempre a los ojos mientras lo haces.
Un beso muy fuerte

Sue dijo...

Yo también prefiero el tinto Carmen, al menos desde hace unos años. No sé muy bien por qué... serán cosas de la edad.
---

Buena frase, Magnolia.

---

Ani, gracias por recordar algo tan importante como el hecho de mirar a los ojos al brindar. Lo había olviado!