El viernes es el día que elijo para salir a desayunar y fantasear que en mi ausencia se hunde la oficina.Suelo ir a un lugar discreto, encantado y encantador. Uno de esos rincones en peligro de extinción social, de aire decadente, que a duras penas conserva un ápice de su grandeza pasada. Una antigua quesería que tuvo su éxtasis como pub inglés y su pequeña fama como bar de desayunos, aperitivos y comidas laborales.
De su etapa de Formargerie conserva la vitrina de los quesos, ahora vacía y apagada. Del éxtasis inglés resiste aún una docena de botellas de licor en las estanterías más altas (demasiado para llegar a ellas). De aquellos desayunos no queda ni la bollería ni el camarero mallorquín, vivaracho y daltónico.
Hace un par de años aún era difícil pillar sitio para tomarse un café si llegabas a la hora punta, pero con los nuevos tiempos y la crisis se ha convertido en un lugar inhóspito que se mantiene a flote (estoy segura) porque el dueño es un sentimental con mucha guita.
A pesar de encontrarse en una calle importante y de alrededores bulliciosos, su clientela es escasa y siempre la misma. Tres o cuatro funcionarios, el conserje de la finca de al lado (con solera y de alcurnia), algún repartidor despistado y una servidora. El camarero es un tipo silencioso y amable(nada que ver con aquél mallorquín que te discutía hasta la temperatura de la leche sin probarla), se nota que lleva en sus hombros una carga de siglos de duro trabajo hostelero y en sus ojos la condena al olvido del local. Sin embargo, siempre tiene a punto una media sonrisa y una palabra (o un par) para sus clientes más fieles.
En otra vida yo solía pasar por allí algún viernes después del trabajo y comprarme un bocadillo para comer en el Retiro. Mientras el camarero lo preparaba, en la pequeña cocina, solíamos hablar del tiempo meteorológico, de la fiesta que se avecinaba, o de qué tipo de queso le venía mejor al lomo.
Tiernas banalidades que una echa de menos con el tiempo, a veces incluso cada día, porque se intercambian con personas que inspiran ternura y bondad, personas con las que te pasarías horas hablando de nobles chorradas y a las que, si estuviera en tu mano, pondrías hasta una calle.
Recuerdo que un día, harto ya de verme mal comer, mi amigo el camarero consideró la idea de prepararme un plato del menú para que me lo llevara, pensando que yo vivía por allí y que no iba al Retiro sino a mi casa (en ese lujoso barrio) a comerme el bocata de lomo con queso.
-“No te preocupes por el plato, me lo bajas cuando puedas, ya que somos vecinos hay confianza”- me dijo.
Le sonreí casi tan bondadosamente como él solía hacer y le dije: “Eso estaría bien, pero no vivo en el barrio, solo trabajo por aquí”.
Durante un tiempo dejé de ir a verle por motivos tristes y ajenos, pero recién empieza nuestra relación de nuevo. Sencilla y discreta, sin aspavientos ni exclamaciones sobre lo mal que está la vida y esta crisis que nos malhumora a todos. Su café, me temo, sigue siendo el más rico (nunca olvida que me gusta muy caliente y en taza), sus ojos los más tristes y además nos entendemos con pocas palabras. Me encanta que no me moleste cuando leo el Metrópoli manchado de aceite de oliva que siempre me guarda.
Y es que, a veces no es necesario hablar.

22 comentarios:
En nuestro interior queda el espiritu romántico de lo vivido, en un pasado no muy lejano. Los recuerdos presentes en la memoria..., observando con se mueve el presente. Pero un buen café, no se deja al margen. Cuando regresamos a lugares, que dejamos de ir durante un tiempo, observamos lo mucho que hemos cambiado...pero el buen café !!!! Ummm !!! no es fácil encontrar un lugar donde den buen café. Sorbea uno a mí Salud...
Un Abrazo Grande
Namasté.
Me resulta entrañable.
Os imagino.
La sencillez de las cosas es muy bella si se sabe mirar.
Besos.
que bien nos hacen esos lugares sencillos, cálidos e íntimos que le ayudan a dar un respiro a nuestras agitadas vidas.
Un abrazo.
Siempre he querido tener un bar para cuidar así a mis clientes.
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Me ha gustado mucho.
Besos.
Gracias por pasarte por mi blog. Por comentarme. Alguien, más arriba o más abajo, tiene razón: entrañables tus relatos o retales de historias.
Te empiezo a seguir.
Un abrazo.
Le cogemos apego a los rincones que nos refugian.
"Durante un tiempo dejé de ir a verle por motivos tristes y ajenos,"
Pues corazones abiertos... Sabes una cosa? mañana también amanecerá...
Saludos y un abrazo.
sumamnte aww!
Un hermoso relato con detalles sencillos pero que nos invade el alma de buenos recuerdos.
Saludos
Naia, es cierto, regresar a un lugar que una guardaba como suyo la hace a una verse en un espejo del pasado y el futuro...
Qué cosas.
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Cierto Toro, la sencillez hay que saberla apreciar.
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Cierto, Luis, sin estos lugares qué sería de nosotros. Gracias por tu paso por acá.
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Reyes, cuando tengas ese bar te visitaré (ya sabes: con la leche muy caliente y en taza :)
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Gracias Mario, nos seguiremos mutuamente.
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Tesa, ese gatito que se mira al espejo también es entrañable.
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Hiperión, es cierto! Amaneció! Con las pocas esperanzas que yo tenía.
Gracias :)
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Javier, gracias por tu aww :)
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Medianoche, bienvenida.
Hermoso y con sabor agridulce lo que relataste. El antes y después de determinadas situaciones, que no fueron provocadas por esta gente.
Ojalá difrutés mucho tiempo más del lugar y de esa persona.
Gracias por visitarme.
BESOTES Y BUENA SEMANA!
Ya van quedando pocos lugares así. Hoy en día, se multiplican los bares con mucha formica y materiales plásticos, atención impersonal y clientela uniforme que más tienenque ver con el elenco de alguna película de terror que con gente con quien no te importaría compartir espacio. Mucho ruido, papeles por el suelo, productos congelados y el café frío son ya, desgraciadamene, un moderno clásico de la hostelería nacional.
Saludos.
Me ha encantado, Sue.
Parece que transcurre ante mis ojos, tan tierno, sereno y alejado del bullicio y el egoismo.
Un abrazo, disfruta de esos momentos
Al lado de mi casa hay un lugar así, lleno de recuerdos, donde siempre he ido. Me gusta mi barrio porque está lleno de sitios así, donde te conocen y conoces, pequeñas tiendas, bares o comercios que son de toda la vida. Me gusta mucho tu historia, es francamente entrañable.
Muchos besos
Stanley, no lo había visto así, pero sí que es algo "agridulce".
Más besotes para ti y una mejor semana.
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Cierto Guido, no paramos de generar basura: tv basura, política basura, educación basura...y hostelería basura, claro. Por eso, cuando se encuentra un lugar como este es mejor no perderlo de vista. Aunque solo sea para salir a flote de la basura un rato.
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Gracias Virgi, ya sabes que a mi me encantan tus poemas.
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Alba, tienes suerte de vivir en un lugar así.
Besos.
Como nos gusta volver al pasado...
Tienes razón, a veces no solo no es necesario hablar sino que es maravilloso compartir silencios.
Un bonito texto que me ha hecho recordar tiempos pasados con algunas cosas en común.
Un abrazo
Si tienes la oportunidad de recrearte en una de las pocas cosas de las que se puede disfrutar en la vida, y, además, mientras tanto, se hunde la oficina, es que has alcanzado la perfección.
Envidia me das.
Está muy bien eso de encontrar un sitio donde esconderse mientras todo a nuestro alrededor se cae!
Besicos
Dinobat, en realidad no es el pasado, es el presente.
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Milagros, conozco mucha gente que no estaría de acuerdo contigo. Yo sí. Gracias!
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Bats, querida amiga, te guardo un taburete a mi lado, frente al cuadro del mar, cerca, muy cerca de Chaplin. Compartiremos juntas este paraíso.
Un beso.
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Y que se caiga, Belén, que se caiga!
Hay una cita que siempre me ha gustado, aunque no estoy muy seguro de si viene al caso, juzguen Uds: "Ésta es la diferencia entre el sabio y el tonto: éste último se maravilla ante lo inusual, mientras que el sabio se maravilla ante lo cotidiano"
(La cita no es de J.S. pero podría serlo)
Bonito relato.
Bonita cita.
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