Leitmotiv

Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.

Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.

Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.

-C. Lispector, La hora de la Estrella-

sábado, 7 de noviembre de 2009

VIAJE ESPISTOLAR


Cuando te diagnostican gripe A solo puedes hacer una cosa: quedarte en cama. Al menos al principio, cuando eres una muñeca de trapo con fiebre y dolores musculares a gogó.
Según va remitiendo la fiebre puedes hacer algunas cosas más: llamar a todo el mundo para darles la noticia (ey, que tengo la gripe A, que me han dado baja toda la semana, que por dos pulsaciones no estoy dentro del grupo de riesgo, que mi médico de toda la vida, el Muñoz, me atendió con guantes... etc.), leer todo lo que tienes pendiente, beberte hasta el agua de la regadera, navegar por la red hasta hartarte, hacer yoga, ponerte el termómetro en lugares que nunca probaste, toser alto y claro, hacer mermelada de albaricoque, leer viejas cartas, planchar los tangas...

En esta segunda etapa, menos febril, también puedes salir a la calle para no convertirte en un topillo de almacén plancha tangas. Eso sí: sin contagiar al personal, es decir, hay que salir con mascarilla. Y aquí, mucho más que releyendo viejas cartas no contestadas, es donde una experimenta eso de que el hombre es un lobo para el hombre:
“Oye, que he visto a la del tercero con mascarilla”, “claro, la anoréxica ha cogido la gripe A, no me extraña, si ejque no tendrá defensas con lo poco que come”, “pobre chica, con lo mona que era”...

Que mis vecinos piensen que soy anoréxica es una exageración (en realidad solo lo piensa la gorda del sexto), pero salir a la calle con mascarilla no tiene precio. No es como llevarla en el ambulatorio, donde la lleva hasta el gato del bedel, es mucho más arriesgado. Una mira la cara de la gente y empieza a imaginarse todo lo que están pensando, verdaderas historias de terror. Sobre todo si se está un poco sonada y atiborrada de pelis yanquis y de imaginación como yo.

Pero esto es cierto: algunos al cruzarse contigo y tu mascarilla te miran de reojo y se apartan sutilmente, supongo que porque creen que te va a dar un tíboli, te vas a bajar la mascarilla de repente y le vas a soltar un lapo vírico en la cara. Nada más lejos de la realidad, por otra parte, porque eso es algo que yo jamás haría, entre otras cosas porque mi hermano nunca me enseñó a fabricar lapos (y mira que se lo pedí un millón de veces). Todo lo más un estornudo pueril tirando a babilla.

Pero vayamos al grano, que yo quería hablar de mis viejas cartas, no de mi gripe A, que tanto hablar de ella se le está subiendo a la cabeza y este Blog es mío. Mi tesoro.

Título: Viejas cartas
Personajes: yo y mi estupidez supina.
Conclusión: me siento como Andrew Whitaker.

A veces guardar viejas cartas y releerlas pasado el tiempo sirve para darnos cuenta de cómo éramos y comprobar si hemos evolucionado en algo y/o para bien. En mi caso ya os voy diciendo que nanai, que de evolucionar nada y menos para bien. En todo caso para regular, aunque eso sería ir de Miss Optimista.

La vida me ha enseñado, a base de golpes, que el mensaje epistolar ya no se lleva ni se entiende y que da igual el esfuerzo que tu hagas en elaborar una carta (confesión o petición escrita), por muy sincera que sea, muy pocas personas lo entenderán. La mayoría consideran que ciertas cosas (o todas) hay que decirlas “a la cara” y el resto ni siquiera se molestan en pensar. Para eso ya está la tele.

Pero me estoy desviando de la linde, en realidad la torpe soy yo y no aquellos que no quisieron responder a las misivas, no sé por qué despotrico contra ellos. Qué manía tengo.

La verdad es que me he sentido un poco ridícula releyendo estas viejas cartas. Ahí, tirada en la cama con mi pijama tres tallas más grandes y el pelo enmarañado, con el rollo de papel higiénico a un lado, el paracetamol al otro, el termómetro en la axila y diez o doce libros desparramados por el suelo.
Tan, tan, tan ridícula que hasta he llorado. Por haber amado tanto, por haber perdido tanto el tiempo, por haber arrancado palabras de mi interior que nadie quería escuchar (y mucho menos leer), por no haber tenido un momento para quemar esas cartas, por haberlas escrito, por haberlas enviado y pensado y por qué tuvo alguien que estornudarme encima, metiéndome su virus en el cuerpo y obligándome a estar encerrada varios días.

¡Eh! ¿por qué?

34 comentarios:

Anónimo dijo...

No te preocupes, no te preocupes.
Releer cartas sirve , en efecto para darse cuenta de que hemos amado y escrito mucho más de lo necesario.
Si no te pareciera una ofensa iconoclasta te diría que las quemaras todas.
Ahora eres una persona nueva , y a no ser que desees legarlas , no tienes por qué mirarte en el pasado .
(Aunque yo también lo hago , con los diarios babosos que sí conservo ).
Supongo que es una tentación .
Bueno, mejórate , y cuando estés curada, quema la mascarilla y las cartas viejas el 24 de Junio .
Jaja.
Renovación total.
Un beso , y ánimo.

(soy la June , con mis problemitas del blog que no se actualiza, el tío , ni me deja entrar ni ná ).

Belén dijo...

Yo no veo ridículo leer viejas cartas, faltaría mas!

Solo que a veces esos sentimientos son los que nos remueven por dentro...

Besicos

LA ZARZAMORA dijo...

La gripe A me tiene hasta la madre. Y el que no sepa aún que tendrá 42 de fiebre y no podrá salir de casa, pues es que no sabe informarse tras haber tenido una sobredosis de información.
Aquí en Francia, ya cerraron clases, y trataron a los alumnos como si tuvieran la peste.
Respecto a las cartas, te diré que las de antes, las escritas a mano, ésas las conservo todas, las informáticas, no.

Una cosa era escribir y leerle el alma a alguien en su escritua y su grafología. Eran cosas pensadas y pesadas y dejaban un poco el sentimiento al descubierto.
Hoy, con esto de la informática todo va deprisa, pasas, dejas, y cuando te reeles no hay tachón que valga.. te tienes que "suprimir" que ya es... y yo no me corto, y lo hago.

Cuídate mucho y ponte buena pronto, con o sin mascarilla.
Eso sí yo te mando un beso y un abrazo.

Sue dijo...

Gracias June, tus palabras me tranquilizan. Mal de algunos consuelo para mí. Y tienes razón, lo de mirarse en el pasado es trampa, hay que mirar al futuro, o mejor : al presente, que es lo único que tenemos. Con o sin gripe.

En cuanto pueda quemo las cartas y la mascarilla.

Por cierto si alguna vez escribes un libro me encantaría prologarlo, ¿me tendrás en cuenta? :)

.....

Gracias Belén, pero tendrías que ver mi pijama y mis pelos!
.....


Eva, Yo tb hecho de menos las cartas escritas a mano. Era otra cosa, ciertamente.
Gracias por ese beso y abrazo. Valiente!

Aurore Dupin dijo...

Sue:

Ni te angusties de la gente. Aquí en México tenemos la máxima "No soy monedita de oro, pa' caerles bien a todos".

O esa fábula universal "El viejo, el niño y el burro".

Y con respecto al virusejo mutante de la influenza AH1N1, tampoco te angusties. Paracetamol, líquidos y reposo. Receta de abuela no superada.

Ah. Esa nostalgia epistolar. Se ha perdido tanto la dichosa palabra, entre SMS y chats. Ver cómo destrozan el lenguaje me parece un linchamiento a la usanza medieval.

Quemar las cartas...es como quemar las naves. Confieso que me he entregado a ese tipo de pulsiones...de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Mutamos, como los virus. Cronos nos devora, o nos da golpes con el cayado para acomodarnos los granos de arena del propio reloj.

Saludos que pasan.

fiorella dijo...

Opino como Belén. Verse en ese espejo de palabras dichas, reconocerse y darse cuenta de tantos cambios. Conservo años de cartas, las de papel, sellos y largas esperas. Lo que soy tiene aquellos cimientos. Un beso

carmen dijo...

Querida SUE:
Tú nos has escrito una carta sincera y sentida, como siempre.
Nos cuentas que has llorado , y eso es bueno, según santo Tomás, además de ducharse y charlar con los amigos... Lo leí hace años a propósito de lo que el filósofosanto escribía acerca de la tristeza
Yo tengo una amiga en Madrid a la que le escribo cartas a la antigua, de vez en cuando, porque tiene una gran cómoda donde las guarda, y creo que le gusta mucho recibirlas
Quizás cara a cara las palabras que traducen los pensamientos sean más directas y menos sentimentales. Escribir parece que mitiga el pudor y nos decimos cosas tiernas que nos alivian el cuore y hasta esa temida gripe A...

Espero que te recuperes pronto, y espero que la lluvia del Norte y los vientos pasen de largo, ellos sí.
Un beso, y nunca te sientas ridícula, o siéntete sólo cinco minutos...

Zayi Hernández dijo...

Siempre tengo mis cartas conmigo... tengo una cajita: "la caja de la tapa azul" con las cartas de gente que quiero mucho y gente que quise mucho ( algunos ya no están...mejor dicho, muy pocos siguen estando) y me gusta leerlas. Siempre divido la lectura en dos, cuando leo a Joselo ( un amigo que murió) no leo a más nadie, sólo a él y es que sus cartas son maravillosas, están llenas de mucho amor y mucha ternura...cuando leo a los demás, los leo en tandas y rara vez, llegó a sentir esa nostalgia que me da como cuando leo a José Luis...
Hubo una época en que escribi mucho para otros, ya no... ya casi no escribo cartas...no sé por qué...pero llegué a la conclusión de que no vale la pena...y es que hay días, y días...

Espero que te mejores linda.
Besitos.

iñaki zaratiegui dijo...

Quizás para que harías esta hermosa entrada.
Un saludo.

Palabrasalbapor dijo...

No puedes sentirte ridicula por haber amado y por haberlo expresado, aunque las cosas no hayan salido como se esperaba. Muy buen post, y ahora descansa y cuídate.

Un beso muy fuerte

Unknown dijo...

Grato pela tua visita.

Abraço.

Volta sempre.

Saioa dijo...

Qu´bueno el comienzo, Sue, no has perdido el sentido del humor a pesar del la gripe..., jajajajaja
Besaxo,
Sai

Sue dijo...

Ojalá, AURORE, la Gripe A fuera la máxima de mis angustias. Ahorita mismo firmaba eso con los ojos vendados. Es mejor la fiebre temporal que otras muchas cosas que le suceden a una a diario.
Ya me deshice de muchas cartas, así que es cuestión de tiempo que vaya exterminando el resto...

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"Lo que soy tiene aquellos cimientos", qué cierto Fiorella.

....

Carmen, si yo tuviera una cómoda para guardar las cartas también seguiría escribiéndolas y guardándolas. Pero este mundo loco y pequeño nos obliga a ser prácticos.
¿Sto. Tomás decía eso? Vaya, no lo hubiera imaginado. Pensé que por esa época el agua (de la ducha) no lo querían ni en pintura ;)

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ZAYI, guarda esa cajita de tapa azul. Sin duda representa algo bueno para ti y no hay por qué tirar lo bueno. Al contrario.
Un beso.

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Quizás Izara, quizás..

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ALBA, eres la última romántica :) El amor puede hacernos sentir muy ridículos a veces, pero eso no le quita valor.
Qué bueno volver a verte por acá.

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Obrigado Manuel, reunir novamente.

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Anónimo dijo...

Me gusta leer cartas, de esas que las páginas son amarillas.

Cualquier excusa es buena para quedarse en casa,hasta la jodida gripe.


Besitos viajeros,

Anónimo dijo...

¿ Por qué?

¿ Y por qué no?

PD: ¿Te aseguraste de poner las señas?

A corderetas con mi alma: "Corde" dijo...

Lo siento, pero me ha perecido cómico de la leche, qué quieres que te diga. Me lo he pasado pipa con tu relato. Puede parecer cruel, pero imagina cómo ha sido mi semana para que esta historia me haga partirme de la risa.

Besicos maños desde lejos, of course.

Sue dijo...

ACORDE, decía Mafalda que cuando las cosas empiezan a tomarse a broma es cuando realmente están mal y es por eso que las tomamos a broma... Pero en este caso tienes razón, ni mi gripe ni esas viejas cartas son una tragedia.
La verdad es que no recuerdo la última vez que falté al trabajo, así que me han venido bien estas mini vacaciones, aunque fuera para descansar en casa.
Por otro lado, las cartas no son más que instantes de una vida pasada al tiempo que una especie de barómetro que mide (en lugar de la presión) lo que merece la pena conservar.

Me alegro haberte hecho reír mañica. Sigo tus andanzas.

Un beso.
....

Sai, lo mismo te digo. La verdad es que no sé donde guardo el sentido del humor. Creo que lo reservo para cuando escribo, porque en persona ando más bien con cara de perro ultimamente. Mejor dicho: de perra.

....

Anónimo hijo, ¿entonces?

Sue dijo...

Roberto, que casi te olvidaba (qué tremendo error!) ¿no te han dicho nunca que te pareces a Obama en esa foto?... si es que eres tú claro.
Recogo tus besos afectuosos.

 Mayte dijo...

Las cartas son como la gripe...igual que vienen se van. Son parte de la vida y vienen de vez en vez.

Sonrisas eso si, muchas para ti.

Biko.

Aurore Dupin dijo...

Cosas diarias y fiebres recurrentes, a lo Benedetti:

"Por fin junto coraje y asumo la prevista
hostilidad de mi biblioteca
los libros son por naturaleza rencorosos
recuerdo que a Proust le vino el asma

cuando abrí el primer Fanon
Joyce se volvió realmente esotérico
cuando me enfrasqué en Gramsci
Faulkner jamás perdonará
mi apego por Rulfo su legatario
Borges se puso necio y laberíntico
cuando volví a Quiroga
sarmiento se alunó durante un siglo
cuando aprendí las claves de martí
los libros son por naturaleza rencorosos
absorbentes posesivos y sin embargo
se parecen a mi historia privada

allí están los amores o mejor dicho
los libros que uno lee cuando está enamorado
allí están los deslumbramientos y las fobias
las caducidades y permanencias
seis mil o siete, mil odios y afectos
novelas-ríos poemas-lagunas ensayos-bahías
filatélicamente juntados en treinta años
siempre pensé que
aunque no lo admitiéramos en público
mi biblioteca y yo éramos uña y carne
así hasta que la muerte famosa analfabeta
nos pusiera en distintas madrigueras

cuando la radio y el cantor cantaban
vivir sin ella nunca podré
ah yo pensaba en mi biblioteca

después supe que los tangos mentían
pero era inapelablemente tarde
uno puede llevar al exilio sus agravios
sus deudas sus problemas sus desesperaciones
pero no puede llevar su biblioteca
así que de a poco me vine a enterar
que realmente puedo vivir sin ella
ni siquiera eché de menos los estantes
con estas traducciones y ediciones
de mis libros
es decir la egoteca

seguro las nostalgias cambian de sitio pero
qué menos va a pedirse a un escritor de pedigree
que un poco de morriña hacia su biblioteca
ergo no soy de pedigree
ni tengo epígonos mas si tuviera
les podría colgar este bochorno
hubiera sido un lindo sambenito
caramba mis morriñas no eran profesionales
además del amor y otros nudos gordianos
como extrañé las calles en especial las feas
y en ellas las muchachas en especial las lindas
y uno que otro café mejor si llovía a cántaros
los árboles los quioscos la dura militancia
los domingos de estadio y los viernes de marcha

por un atardecer en Malvín habría dado
dos Shakespeare tres Balzac
y lodo Toynbee que no es verdurita
por un solo vistazo a mi vía láctea
y ahora me enfrento a ellos tan adustos
con su soberbia encuadernada
su desapego en rústica
desde lomos inhóspitos me juzgan
con manchas de humedad o con letras a fuego"

Abrazos epistolares asépticos.

Cesc Sales dijo...

Releer, reencontrar... Muchas veces pasa que mejoran con el tiempo, otras pierden todo el encanto. El tiempo va poniendo a todo en su debido lugar.

Unas anchoas??

Saludos

Anónimo dijo...

¿entonces... qué?

Sue dijo...

AURORE, confieso que me perdí en la belleza del texto, más o menos a partir el tercer párrafo, pero te prometo que vuelvo a tu biblioteca (o la de Benedeti) en breve, en cuanto me tome el jarabe. ¿Quién dijo miedo?
Hoy me siento chiquita.

....

Honorable Cesc, espero las anchoas.

....

Anónimo: el "¿entonces?" es como el "¿pues?" de los leoneses. A ver sino, quise decir y no dije, cómo iban a llegar las cartas. Puse remitente y dirección, of course, y llegaron. Sé que llegaron y todo eso.
Claro. Hombre. Cómo no.

Anónimo dijo...

Hola Sue! Sé que tuviste la gentileza de visitarme cuando yo estaba enfermo, te agradezco el comentario, y ahora ya estoy de vuelta y cuando quieras pasar por mi blog, ya estoy para poder recibirte como corresponde.

Estuve leyendo tu post con mucho interés. Evidentemente tenés un gran sentido del humor, se nota cuando contás tus tribulaciones con la gripe A.

Respecto a las cartas, ya las leiste y te sugeriría que no esperes a San Juan para hacer una fogata. Quemalas antes.

Pero también considero que no fueron una pérdida de tiempo, aunque hayan sido plegarias no atendidas; pues gracias a esas cartas y a algunas cositas más, en este momento sos una diosa con un camisón varios talles más grandes y el pelo desordenado. Aprendiste a reirte de vos misma, algo que muchos mortales desean y no pueden. Y llorar de vez en cuando viene bien, es una buena catarsis.

Claro que podés tutearme, la presentación es algo desmesurada, jajajajaja!!!

Te dejo un beso grandote y espero que te curés pronto!!

Anónimo dijo...

No tenés nada que agradecerme. Ya te incluí en mis favoritos, no te vas a escapar tan fácilmente.

Aaaah!! Mañana posteo una nueva Historia Cálida, historias que me hicieron taaaaaaaaaaaaannn famoso!!!
Jajajajajajaja!! Mentiras!!! De famoso nada. Si querés pasar, estás invitadísima.

BESOTES GUAPA!

Sue dijo...

Gracias Stanley, será un honor leer una de tus historias. No me escaparé, tranquilo, aunque la gripe me esté matando (no literalmente, no se me asusten).

Un beso.

marichuy dijo...

Sue

Me pasa exactamente igual. Ahora que releo viejas cartas que nunca envíe (porque aún haciéndolo, el destinatario no habría entendido nada), es inevitable no sentir un poco de pena propia. Y sin embargo, no me arrepiento de haberlas escrito. Por alguna razón, creo que esas viejas cartas de amor son como pequeños pedacitos de mi alma. Por otra parte, al releerlas siento que, pese a todos mis defectos, he evolucionado (aunque sea un poquito).

Un saludo

PS que mejore tu salud

Sue dijo...

Marichuy, lo has definido muy bien y es cierto que no hay que arrepentirse, todo lo más, aprender de las acciones emprendidas.
Un beso hasta méxico!

virgi dijo...

Como te leo después de un par de días seguramente estarás mucho mejor. Y te habrá servido para otras cosas...¡yo siempe añoro "aquella" vez que tuve que quedarme acostada una semana, con fiebre y escalofríos!
leer, dormir, empijamda todo el tiempo, la lluvia...

Besos, Sue, cuídate mucho

Guido Finzi dijo...

Yo he padecido gripes, de las tradicionales, y hubo ocasiones en que ni siquiera podía mover los párpados.

En cuanto a las cartas, uno siempre tiene que tener el cajón de un escritorio o una caja de zapatos para guardarlas, atadas con un balduque rojo o una gomita. Sobre todo si son de amor, tan ridículas como volver a leerlas pasados los años.

Un saludo.

S. Cid dijo...

¡Qué texto tan bonito, Sue! Absolutamente delicioso. Éste es de los que luego, dentro de un tiempo, cuando la ocasión lo requiere, una recuerda y se dice: "Leí un texto en 'casa' de Sue que ¡necesito volver a leer ahora!". Y viene una y se pone a rebuscar entre los entresijos del blog. Si hay suerte, da con él; si no, sólo queda el recuerdo de "pero es que era tan bonito..." y un vacío interior que susurra: "justo hoy... que tanto necesitaba leerlo".

Felicidades y saludos.

S. Cid

Sue dijo...

VIRGI, gracias, estoy mejor. Bicho malo nunca muere :) un beso.

.....

GUIDO, ¿tu también tienes una caja con cartas de amor guadadas?

....

S.CID, gracias miles por tus cumplidos. Me alegra que te haya gustado el post. Estás invitada a volver siempre que quieras. Esta es una casa sin llave, ya lo sabes.
Un beso.

Anónimo dijo...

Eso que llaman lenguaje
“no se si sí, no se si no”
es un siniestro mestizaje
un asesino, vamos
atrevido o cobarde
acostumbra lavarse las manos,
tira la piedra pero
esconde lo humano.

Al grano,
de que estamos hablando
de quemar las cartas
o de quemar los barcos...
que mas da quien lleve razón.

Los trenes pasan
la vida, sin embargo,
trascurre en la estación.

Sue dijo...

Cierto Anónimo: ¿qué más da?