Leitmotiv

Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.

Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.

Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.

-C. Lispector, La hora de la Estrella-

viernes, 25 de septiembre de 2009

LA CUCARACHA (POST LONGO)


Acabo de caer en la cuenta de que nunca he hablado aquí de mi trabajo. Sí he hecho alguna referencia a esa oficina a la que acudo cada día, a esa conversación con algún compañero, a esa coz al gran jefe o crítica al estado general de la situación laboral, pero no he hablado directamente de mi ocupación. He escrito sobre cine, libros, viajes, pensamientos circulares, literatura, amigos, amores, teatro, filosofía, sentimientos e incluso sobre mi dentista y mis problemas de salud… pero nunca de mi trabajo.

En realidad ya caí en la cuenta el invierno pasado (pasado invierno), en aquél inolvidable encuentro con tres amigos blogers: Paloma, Ani y Davidik cuando dos de ellos me preguntaron, precisamente, a qué me dedicaba. “Nunca hablas de ello en el Blog” me dijeron. Y la verdad es que leyendo Cartografía parece que no me dedique a nada, cual fresita mejicana o florero de naviero. Pero es obvio que no es así.

Soy una persona “normal” (aunque a veces no lo parezca o no me sienta como tal) y tengo una ocupación como todo hijo de vecino, tan detestable o soportable como cualquier otra. La razón por la que no escribo sobre ello es porque se trata de un trabajo aburrido y bastante poco gratificante. No es ni por asomo lo que yo soñaba para mi, ni siquiera se aproxima, y por ello jamás he pensado dedicarle el mínimo esfuerzo para un post. Ni siquiera teniendo en cuenta que los post me “salen” solos como si fueran (como son) mi propio aliento.

Sin embargo y para que no parezca que hago apología del odio al trabajo hablaré hoy de él, a mi forma claro, porque de eso sí que no se libra nadie.

Estamos ante un micro mundo que sobrevive en una maraña de pelos, detritus y otros micros mundo tan detestables o soportables como él. En este micro mundo hay microorganismos que cumplen una función y conviven pacíficamente y microorganismos que ni funcionan ni conviven. De esta última clase es de la que voy a hablar, en concreto de un microorganismo que yo llamo: la cucaracha. Le llamo cucaracha porque no se me ocurre un animal más feo y desagradable y dado que los insectos me dan grima (sí, las mariposas también) no podría haber mejor definición.

Pensad en un alimento que no os guste nada, o muy poco, no sé, zarajos, judías verdes, sopa de cocido (a mi es que me gusta todo y no puedo poner un ejemplo personal). Pues bien, imaginaros que cada día tenéis que comer eso que no os gusta con leves variantes. Bien, hasta ahí es soportable. No hay otra cosa de comer o no podéis acceder a ella y vuestro cuerpo necesita alimento, así que coméis cada día ese plato que no os gusta.

Ahora imaginad que un día os ponen una cucaracha sobre las judías verdes (por ejemplo). Lo normal sería decirle al camarero y cambiar de plato o de restaurante. ¿No? pues no, no podéis cambiar nada, ni el plato ni el restaurante, sino que tenéis que comeros las judías verdes cada día con la cucaracha dentro. Y da igual que un día, en un alarde de valentía sin precedentes, os comáis la cucaracha para no verla más. El bicho volverá a estar allí al día siguiente.

Esa es, a grandes rasgos, la sensación que me produce mi trabajo la mayor parte del tiempo. Lo peor que llevo, obviamente, no es comer cada día lo mismo (estoy segura de que me terminaría cansando de mi plato preferido si lo comiera cada día), sino la presencia invariable de la cucaracha.

Creo que ahora se puede entender por qué nunca hablo de mi trabajo.

13 comentarios:

Tempus fugit dijo...

Lo puedes decir más alto, pero no más claro.
A ver si tu cucaracha y la mía son familia....



besos

MauVenom dijo...

Pues

es urgente que cambies de trabajo

no puedes continuar mucho tiempo así, es deprimente.

No?.

Besos.

Guido Finzi dijo...

Curiosamente, de esos entornos aburridos de trabajos tediosos y poco gratificantes, es de donde brotan bastantes genialidades creativas. Por eso, yo, siempre tengo más fe en la imaginación de un gris operario que en la de un creativo de Publicidad (estos que se denominan así porque jamás serán Creadores). Y hasta ahora, la experiencia no ha hecho más que confirmar mis hipótesis.

Un saludo.

LA ZARZAMORA dijo...

Nunca es tarde, Sue.

A mí las cucarachas me recuerdan al "cafard". Por aquí tener la cucaracha o el cafard es no andar muy bien de ánimos, y es lo que me inspira tu post.

Hace años trabajaba sólo para él y sólo pensaba en el curro. Ahora, aunque destiña, y lo suele hacer, a pesar mío, me permito hacerle algunos desplantes.

Besos y pasa un buen fin de.

Y yo que creía que trabajabas en un medio hospitalario Je, je..

Belén dijo...

Vamos, a mi se me ha quedado muy muy claro...

Besos de gracias por la visita

Sue dijo...

De cenizas, si tu cucaracha es una mezcla entre Aznar y Franco, entonces es familia de la descrita en el blog. Porque aunque yo hable con metáforas, el bicho existe y es una persona (o al menos tiene forma de persona).

.....

Mau, es bastante urgente sí.

....

Guido, un honor verte de nuevo por acá. Es cierto lo que dices. Por mi micromundo pululaba una pintora a la que todos llamaban loca. Ya se prejubiló (chica con suerte) y ahora se dedica a su pasión siempre que quiere.
.....

Eva, me dejas ojiplática con eso de que creías que trabajaba en un medio hospitalario. ¿Por qué? jajaj es gracioso.
Bueno, a veces se me pasó por la cabeza estudiar medicina, pero no me hacían ninguna gracia las prácticas...

....

Belen, gracias a ti.

June dijo...

Eso no es bueno para la salud.
Tienes que cambiar tu destino a la primera oportunidad.
Te lo digo en serio.
Tampoco es que te despidas sin tener nada , pero en cuanto veas pasar un tren , súbete .
Sin pensarlo .
Las cucarachas pueden cambiar de sitio , pero tú ya has tenido bastante .

Sue dijo...

Gracias por el consejo June. Precisamente en este momento estaba mirando el horario de trenes...
:)

carmen dijo...

Pues no sé si el problema está en el trabajo en sí, o en el jefe. Pero si es el jefe la cucaracha, a lo mejor cambia si le tratas como si fuera un ruiseñor...
Te mando un beso con cariño, SUE. Y gracias por tus palabras.

Trini Reina dijo...

Creo que lo has expuesto perfectamente. Espero que te cambien el plato y te den opción de pedir la carta.

Saludos y gracias por tu vivita

Sue dijo...

Ay Carmen, si la cucaracha fuera mi jefe ya habría salido por patas. No digo que le gustaría o que se lo crea, pero no lo es. No, no.
Y en cuanto a tratarle como a un ruiseñor...uff, lo he intentado. Pero tú conoces ese refrán de "le das la mano y se cojen el brazo". Pues eso.
Gracias por la visita. Siempre.

.....

TriniReina, que tus deseos sean órdenes.
Un abrazo.

Anónimo dijo...

Una descripción perfecta del trabajo de muchos, incluído el mío, que de cucarachas también sé un rato :O)

Besos y gracias por tus paseos por mi blog.

Keiko dijo...

Sue ya veras como la cucaracha emigra, ya sabes q esos animalillos en invierno tienen que invernar, y ya veras como se vienen conmigo, que ultimamente estoy de un gafe...
Animo!!


Keiko.