
En realidad ya caí en la cuenta el invierno pasado (pasado invierno), en aquél inolvidable encuentro con tres amigos blogers: Paloma, Ani y Davidik cuando dos de ellos me preguntaron, precisamente, a qué me dedicaba. “Nunca hablas de ello en el Blog” me dijeron. Y la verdad es que leyendo Cartografía parece que no me dedique a nada, cual fresita mejicana o florero de naviero. Pero es obvio que no es así.
Soy una persona “normal” (aunque a veces no lo parezca o no me sienta como tal) y tengo una ocupación como todo hijo de vecino, tan detestable o soportable como cualquier otra. La razón por la que no escribo sobre ello es porque se trata de un trabajo aburrido y bastante poco gratificante. No es ni por asomo lo que yo soñaba para mi, ni siquiera se aproxima, y por ello jamás he pensado dedicarle el mínimo esfuerzo para un post. Ni siquiera teniendo en cuenta que los post me “salen” solos como si fueran (como son) mi propio aliento.
Sin embargo y para que no parezca que hago apología del odio al trabajo hablaré hoy de él, a mi forma claro, porque de eso sí que no se libra nadie.
Estamos ante un micro mundo que sobrevive en una maraña de pelos, detritus y otros micros mundo tan detestables o soportables como él. En este micro mundo hay microorganismos que cumplen una función y conviven pacíficamente y microorganismos que ni funcionan ni conviven. De esta última clase es de la que voy a hablar, en concreto de un microorganismo que yo llamo: la cucaracha. Le llamo cucaracha porque no se me ocurre un animal más feo y desagradable y dado que los insectos me dan grima (sí, las mariposas también) no podría haber mejor definición.
Pensad en un alimento que no os guste nada, o muy poco, no sé, zarajos, judías verdes, sopa de cocido (a mi es que me gusta todo y no puedo poner un ejemplo personal). Pues bien, imaginaros que cada día tenéis que comer eso que no os gusta con leves variantes. Bien, hasta ahí es soportable. No hay otra cosa de comer o no podéis acceder a ella y vuestro cuerpo necesita alimento, así que coméis cada día ese plato que no os gusta.
Esa es, a grandes rasgos, la sensación que me produce mi trabajo la mayor parte del tiempo. Lo peor que llevo, obviamente, no es comer cada día lo mismo (estoy segura de que me terminaría cansando de mi plato preferido si lo comiera cada día), sino la presencia invariable de la cucaracha.
Creo que ahora se puede entender por qué nunca hablo de mi trabajo.

13 comentarios:
Lo puedes decir más alto, pero no más claro.
A ver si tu cucaracha y la mía son familia....
besos
Pues
es urgente que cambies de trabajo
no puedes continuar mucho tiempo así, es deprimente.
No?.
Besos.
Curiosamente, de esos entornos aburridos de trabajos tediosos y poco gratificantes, es de donde brotan bastantes genialidades creativas. Por eso, yo, siempre tengo más fe en la imaginación de un gris operario que en la de un creativo de Publicidad (estos que se denominan así porque jamás serán Creadores). Y hasta ahora, la experiencia no ha hecho más que confirmar mis hipótesis.
Un saludo.
Nunca es tarde, Sue.
A mí las cucarachas me recuerdan al "cafard". Por aquí tener la cucaracha o el cafard es no andar muy bien de ánimos, y es lo que me inspira tu post.
Hace años trabajaba sólo para él y sólo pensaba en el curro. Ahora, aunque destiña, y lo suele hacer, a pesar mío, me permito hacerle algunos desplantes.
Besos y pasa un buen fin de.
Y yo que creía que trabajabas en un medio hospitalario Je, je..
Vamos, a mi se me ha quedado muy muy claro...
Besos de gracias por la visita
De cenizas, si tu cucaracha es una mezcla entre Aznar y Franco, entonces es familia de la descrita en el blog. Porque aunque yo hable con metáforas, el bicho existe y es una persona (o al menos tiene forma de persona).
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Mau, es bastante urgente sí.
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Guido, un honor verte de nuevo por acá. Es cierto lo que dices. Por mi micromundo pululaba una pintora a la que todos llamaban loca. Ya se prejubiló (chica con suerte) y ahora se dedica a su pasión siempre que quiere.
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Eva, me dejas ojiplática con eso de que creías que trabajaba en un medio hospitalario. ¿Por qué? jajaj es gracioso.
Bueno, a veces se me pasó por la cabeza estudiar medicina, pero no me hacían ninguna gracia las prácticas...
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Belen, gracias a ti.
Eso no es bueno para la salud.
Tienes que cambiar tu destino a la primera oportunidad.
Te lo digo en serio.
Tampoco es que te despidas sin tener nada , pero en cuanto veas pasar un tren , súbete .
Sin pensarlo .
Las cucarachas pueden cambiar de sitio , pero tú ya has tenido bastante .
Gracias por el consejo June. Precisamente en este momento estaba mirando el horario de trenes...
:)
Pues no sé si el problema está en el trabajo en sí, o en el jefe. Pero si es el jefe la cucaracha, a lo mejor cambia si le tratas como si fuera un ruiseñor...
Te mando un beso con cariño, SUE. Y gracias por tus palabras.
Creo que lo has expuesto perfectamente. Espero que te cambien el plato y te den opción de pedir la carta.
Saludos y gracias por tu vivita
Ay Carmen, si la cucaracha fuera mi jefe ya habría salido por patas. No digo que le gustaría o que se lo crea, pero no lo es. No, no.
Y en cuanto a tratarle como a un ruiseñor...uff, lo he intentado. Pero tú conoces ese refrán de "le das la mano y se cojen el brazo". Pues eso.
Gracias por la visita. Siempre.
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TriniReina, que tus deseos sean órdenes.
Un abrazo.
Una descripción perfecta del trabajo de muchos, incluído el mío, que de cucarachas también sé un rato :O)
Besos y gracias por tus paseos por mi blog.
Sue ya veras como la cucaracha emigra, ya sabes q esos animalillos en invierno tienen que invernar, y ya veras como se vienen conmigo, que ultimamente estoy de un gafe...
Animo!!
Keiko.
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