Leitmotiv

Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.

Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.

Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.

-C. Lispector, La hora de la Estrella-

lunes, 11 de mayo de 2009

MEA CULPA


Por qué grietas de lo superficial hay que mirar lo que aún estando en la superficie, no deja de ser profundo.

Esta magnífica frase de Ramón Gómez de la Serna podría aplicarse a muchas sin razones de nuestra vida: a todas aquellas ideas que nos asaltan cada día y parecen chiquitas y simples, pero que en el fondo son cruciales para nuestra crucial existencia. A esos pequeños detalles insignificantes que los otros no atrapan, pero que para nosotros son la esencia sin la cual no podríamos caminar. A esos instantes que duran una eternidad porque nos marcan para siempre. A ese beso, a esa carta, a ese gesto, a esa mirada sin la que nos costaría respirar. A ese sueño que nos libera y esclaviza por igual y que guardamos en secreto de tan estúpido que nos parece.

Podéis hacer una lista mental de todas esas naderías que siembran vuestro camino y para todas ellas hay un trocito de esta frase del bueno de Ramón....ahora, para lo que jamás fue pensada ni publicada, es para la cantidad de simplezas y sandeces que escuché decir el otro día en la televisión.

Érase un programa basura, o del corazón como reza el eufemismo, en el que una tal B.E. da rienda suelta a su última historia de terror. A su alrededor, desplegando sus alas, sus replicantes chupópteros y frente a ellos, al otro lado del cristal, yo, la estúpida que los mira y escucha. La razón no la sé... supongo que podría poner mil excusas, pero tampoco van por ahí los tiros. Quise ver y escuchar aquella sarta de sandeces porque sí. Llamadlo curiosidad, falta de materia prima para el blog, aburrimiento, apatía por no cambiar de canal... Sea lo que sea fue mea culpa y yo sí soy de las que me avergüenzo/arrepiento de ver este tipo de programas.

En cualquier caso ya está hecho y solo queda contarlo, sino para qué escribir o vivir como diría Kerouac.

No recuerdo el título del show en cuestión, pero da igual porque siempre es el mismo negocio, lo que sí recuerdo es la frase de la señorita E (disculpen pero no se cuál es su inicial de casada) en la que tira al aire el pensamiento ese de que no le gusta que su marido no tenga “aspiraciones”. Dicen que dice que esa fue una de las razones por las que el matrimonio se rompió, es decir, que él (su marido, ya casi ex) no tiene aspiraciones.

Vaya, una gran razón y una gran frase viniendo de la señorita E, tan aspiradora ella, tan cargada de inquietudes, con ese carrerón que lleva de mujer independiente que se ha buscado la vida de una forma honrada, inteligente, sana y pulcra. La mujer que no ha necesitado recurrir al victimismo y a la pantomima para sacar adelante a su hija, la mujer que vende hasta las costras de sus pies por un poco de atención (ya no dinero). Que si da pena, que en el fondo es buena chica, una chica de barrio, pobre, que el otro la dejó tirada, que la familia de él la repudió y bla, bla, bla, y por eso será que todo el clan de pseudo periodistas que la acompañan, cual guardaespaldas, la defienden y la tratan como a una doña respetable y le ríen las gracias. Para troncharse, vamos.

Alguien que es capaz de vender hasta un hijo para vivir del cuento es venerada y aplaudida por decir que su marido es un camarero mileurista sin aspiraciones. No me explico cómo se puede ser tan ruin y como otros pueden aplaudir esa ruindad con tanto descaro, cual buitres esperando el trozo de carroña que les corresponde.
Pero quién eres tú, insensata, para despreciar un trabajo honrado. Quién coño eres tú. Crees que por ganar millones con la basura que haces eres mejor que los demás, eres mejor que un camarero mileurista. De dónde te crees que vienes. Qué aspiraciones tienes tú. Y quiénes sois vosotros para aplaudir tanta desvergüenza.

Algunos dicen “en el fondo la chica me da pena”. ¿Pena de qué? A mi los que me dan pena son quienes los miran y escuchan, quienes pagan por leer su mierda mientras no les llega para la hipoteca. Los niños que mueren de hambre cada día, la falta de rigor y la basura en la que se ha convertido cierto periodismo, los abusos, la violencia, la hipocresía, la mentira... Eso sí me da pena, y no una petarda ignorante y los petardos que la cubren.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Vaya personaje, no merece la pena ni hablar de él, de ella. Como tú dices, es una petarda. Mejor escribe algo sobre A. Vega. Lo leeré con mucho gusto.

Saludos!

Sue dijo...

Uff, difícil me lo ponéis. Ya escribí sobre Antonio hace unos meses, cuando aún vivía, y ya me resultó ún triunfo (y me quedó fatal) y ni me acerqué a lo que quería decir. Ahora me resulta una tarea triste y agotadora. ¿Qué decir sobre el Gran Antonio que no suene manido?

Uno de los mejores compositores de habla castellana, que nos dibujaba su interior con música y letra.

Sorry, es tremendamente difícil.