Leitmotiv

Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.

Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.

Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.

-C. Lispector, La hora de la Estrella-

miércoles, 11 de marzo de 2009

INCRÉDULOS


Algunos creemos que no estamos hechos para tener pareja. Nos levantamos con esa idea cada día, desde chiquitos, y no hay quien nos la saque de la mente. Pensamos que nadie nos aguantará, que a nadie aguantaremos, que el amor es un invento de Shakespeare y Ovidio, que estamos mejor solos, que rendimos más, que nos sentimos más seguros. Grandes, fuertes y hermosos. Geniales en nuestra soledad autosuficiente.

Con el tiempo reafirmamos nuestra creencia, porque a falta de dioses que no pueden verse ni comerse, nos ahogamos en ideas propias y obstinadas que nos aparecen materializadas en libros, películas, experiencias propias y ajenas y visitas varias al psiquiatra de nuestra querida (y formidable) imaginación.

Como cualquier crecimiento que se precie, maduramos contracorriente, a veces sin rumbo, saltando por encima de aquellos que nos niegan o intentan seducir con las antípodas de nuestras ideas. Antes muertos que reconocer que cualquiera nos conoce mejor que nosotros mismos. Antes muertos que sencillos.

¿O debería decir “sencilla”? porque no hablo de él, ni de ellos, sino de ella, de mi. Y sin saltarme mi propia regla (esa que dice que no sentimos en relación a nuestro género, sino a nuestro Todo Total) voy a ver cómo termina esta historia. Aunque es difícil porque toda historia es interminable. A veces creemos que sabemos cuándo empieza, incluso creemos que controlamos su desarrollo o su final, pero no tenemos ni pajolera idea porque la vida puede ser bien rara y bien hija de p...

Será que cumplir... uff, a ver: 36 me hace verme de otra forma y me hace decir todas estas barbaridades. Pues eso, que ya no soy una niña, que tengo más historias de las que puedo recordar a mis espaldas, y que he creído y descreído al amor tantas veces que es difícil saber qué porcentaje gana. Aunque quizás no importe tanto el vencedor como el premio:lo aprendido. También la esperanza, la ilusión y la sensibilidad que nunca faltaron. Incluso en esos momentos helados que rompieron corazones, allí estaban, agazapadas, esperando el momento de intervenir... Vaaale, quizás la intervención fue tardía, quizás ni siquiera fue y quizás esto le de su sentido a la historia.

En fin que... cumplir años es una idiotez necesaria, sobre todo llegada cierta edad porque pasan como balas por encima de tu cabeza, pero al tiempo te obligan a pararte y reflexionar. ¿Reflexionar sobre qué? ¡Menudo rollo! Sobre las consecuencias de tus acciones, sobre el amor, sobre la amistad, sobre lo que esperabas de ti misma, sobre lo que otros esperaban, sobre aquél día sobre el puente de
Brooklyn...

Los incrédulos seguimos imperturbables y perturbados (algo idiotas), pero la vida nos regala la posibilidad de ceder y sonreír, de pensar que quizás no somos al 100% lo que creíamos que queríamos ser y que quizás el bueno de Ovidio no iba tan desencaminado...

12 comentarios:

A corderetas con mi alma: "Corde" dijo...

Creo que ya tuvimos usted y yo cierta conversación en un bar que versaba sobre el primer tramo del post. Y concluímos lo que ha dicho hoy. En ese aspecto (como en otros), nos parecemos.
Ahora, ¿qué nos deparará la vida? Ahí también le doy la razón, no tengo la mínima idea. Eso sí, cada año cumplido es una etapa más en la vida y yo, tras mucho pensarlo, quiero pasar al menos por 35 etapas más antes de sucumbir ante la evidencia de la muerte. Pues eso.
Un besazo.

Ani dijo...

Yo no creo mucho en eso de que cada uno tiene su destino. Pienso que cuando uno se implica de lleno en lo que pasa alrededor, siempre puede cambiar cosas.
Nunca he pensado si estaba hecha o no para vivir en pareja, y sin embargo, viví, desde los 20 a los 42 con una misma persona, y he de decir que fui muy felíz. Ahora llevo 3 años viviendo sola, y lo llevo muy bien.
Mi necesidad de tener a alguien al lado no se refiere a que lleven el coche al taller, a que bajen la basura o cosas así. Es una cuestión de necesidad emocional, de sentirme querida, apoyada y mimada por alguien que sé que siempre va a estar y que siempre me va a querer, aunque ese día me haya levantado con el pie izquierdo. Y lo mismo al revés, claro.
Muchos besitos de jueves

Sue dijo...

Acorde, recuerdo esa conversación, aunque a duras penas debido a mi memoria de peza. Pero tiene usted razón, más que una santa, en eso de pasar por 35 etapas más antes de sucumbir ante la evidencia de la muerte.

Ani, lo has cogido al vuelo, me refiero al post. Yo tampoco creo en ningún destino, si acaso aquél que uno se va marcando y que varía según las circunstancias. La voluntad y la suerte casi a partes iguales hacen de la vida una tómbola, como diría aquella Marisol tan guapa.
Lo de sentirse sola casi siempre es una sensación que muy pocas veces y muy pocas personas entienden y/o padecen. Es un poco a lo que me refiero cuando hablo de que nunca me ví con pareja. Lo raro es que las pocas veces que he sentido que estaba "en pareja" es cuando no me he sentido sola en compañía (y las puedo contar con menos de media mano). Es por eso que digo que quizás Ovidio tiene algo de razón.

En cualquier caso es un tema espinoso que podría llevarme años explicar. A veces, ni siquiera me entiendo yo misma.

Anónimo dijo...

Me gustaría aportar algo a la reflexión con una frase que una vez escuché en la radio y decía más o menos así:

"El origen de todos los males del alma está en nuestros miedos. El remedio para combatir esos miedos es el amor. Pero el amor da miedo."

Sue dijo...

Cierto anónimo, y el miedo es libre.

Anónimo dijo...

Disculpa pero no entiendo el comentario que acabas de poner. Aplicar el adjetivo libre a la emoción del miedo no tiene mucho sentido. Por la manera de hacer la frase, quizá lo que podría decir es que cada uno es libre de tener miedo. Tampoco parece que tenga mucho sentido puesto que las emociones se sienten o no se sienten, pero no son acto de la voluntad Supongo que lo que quieres decir es que cada uno es libre de afrontar el miedo. Esto, aunque discutible, al menos tiene sentido. Pero no deja de ser una interpretación. ¿He acertado?
Quizá.

Motril dijo...

pues yo con mis 35 sigo siendo un niño jejejjejeje

Lo único que exteriormente me he transformado.

Joer me sucede como a los homosexuales que se encuentran, según dicen ellos, encerrados en un cuerpo que no les corresponde, jejee


venga un besote

Sue dijo...

Si, anónimo, es más o menos lo que quise decir. La frase es gramaticalmente correcta y tu interpretación también. Lo mío no deja de ser una interpretación, igual que lo tuyo, lo de acorde, lo de ani...
Cada uno es libre de pensar y actuar como le venga en gana, de tener miedo o dejar de tenerlo. En fin, que a cada uno ya nos viene Paco con las rebajas y aprendemos (o no) lo que haya que aprender.

¿Me explico?
Pues eso.

Juanjo, tu tranqui, niños somos todos (y que dure).

Anónimo dijo...

No se si te explicas, pero de lo que sí estoy seguro es de que no te entiendo; me limito a especular con interpretaciones.

Hay especialistas que llegan incluso a afirmar que el lenguaje no gestual en realidad no se desarrolló tanto para comunicar como para confundir; dicen que simplemente hay que observar lo poco eficaz que resulta para una buena comunicación y en cambio su capacidad para confundir lo dota de una singular utilidad social.

Volviendo al tema, decía Einstein que "podemos hacer lo que queramos, pero no podemos querer lo que queramos". En mi entrada anterior citaba dos posibles interpretaciones, que si no eran opuestas, desde luego eran bien diferentes. Somos libres de afrontar el miedo, pero no de no sentirlo.

Apunté aquella frase de los miedos porque en tu post creía entender que le dabas una oportunidad al amor. Tener miedo es natural, afrontarlo es un síntoma de madurez.

Pues ala.

Sue dijo...

Al 100% de acuerdo contigo, anónimo. En todo.

Anónimo dijo...

Pues entonces seguro que también estarás de acuerdo conmigo en que aquellas personas que tienen una natural tendencia a la confusión desarrollen una natural prudencia. Y que requieran de sus interlocutores un especial esfuerzo comunicativo.

Sue dijo...

Si, tb estoy de acuerdo en eso, anónimo.