A veces hago fotos sin cámara. De repente sucede algo durante unos instantes que reclama mi atención y mis ojos hacen de flash. No hay nada más alrededor y el encuadre resulta perfecto.Hace unos días hice una de esas fotos y hoy me vino a mi mala memoria, haciéndose hueco entre las otras imágenes del día, prendida ya para siempre en mi particular álbum de recuerdos.
Yo estoy es una habitación de hospital blanca y azul. Mi tío yace en la cama, incorporado por un mecanismo para que la papilla que alimenta su estómago haga su función. Alimentar.
Dos tubos le mantienen con vida. No puede hablar y a penas moverse, pero entonces alza su mano derecha (muy despacio) reclamando la de mi tía, que es su vigía cada noche a los pies de la cama.
Ella nunca se va de su lado y en ese instante en que yo miro se acerca y le ofrece su mano, sonriéndole por encima de la desesperanza y de ese olor a gasas y lejía tan típico de los hospitales.
Y yo permanezco inmóvil, sin dejar de mirar sus manos entrelazadas y la sonrisa de mi tía desafiando al mundo. Sé que mi tío también sonríe, aunque yo no pueda verlo. A veces lo que no se ve también existe. Es difícil de explicar.
PD: Lo siento Acorde, no podía obviar esta fotografía. Aunque sé que no es el post que usted anhelaba.

2 comentarios:
Igual no sería la anhelada por otros (incluyéndola a usted misma), pero a mí me parece tan intimista, tan relevante y tan cercana a mi persona que no lo habría descrito mejor. No soy ajena a los hospitales y tampoco a fotos sin cámara, las cuales realizo constantemente. Y, creo, que tampoco me dejan indiferente las demostraciones de amor, sean las que sean.
Me ha emocionado.
Acorde, siempre "pillas" lo que digo. Eso es exactamente lo que yo ví en mi fotografía: amor.
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