Llevo varios días seguidos viendo locos, tantos en tan poco tiempo que estoy empezando a pensar que es una señal de que me estoy volviendo loca (qué loca). ¿No dicen que cuando más te obsesiona algo/alguien más lo ves? ¿No os ha ocurrido que cuando alguien os gusta os parece verlo en todas partes? E incluso llegáis a presentir que os sigue y os vigila, que llega en su alfombra voladora color púrpura a rescataros de un duro día de oficina y os lleva a Estambul o a Petra… ejem, bueno, esto ya es la imaginación de una.Dejando a un lado la imaginación, me preocupa lo de los locos. Es como cuando estuve en L,oceanográfic de Valencia y me dio por ver sillas de ruedas (con sus personas encima, claro). Vi tantas que revalidé mi miedo a viajar en coche, ya que me dio por pensar que todas esas mutilaciones eran obra y gracia de los accidentes de tráfico. Lo pasé fatal y no pude concentrarme en el show de los delfines más que un par de segundos (aunque casi mejor, porque me da mucha pena verlos ahí hacinados como sardinas gigantes en lata, haciendo gracietas para cuatro sopla gaitas. Entre ellos yo, claro).
De todas formas, para que veáis que no exagero vamos a entrar de lleno en el tema de los locos.
Psicología de los personajes:
-La loca del Retiro: Se trata de una señora de edad indefinida, vestida sin orden ni concierto en los colores, con un peinado tipo Elvis y que porta una bolsa de plástico llena de periódicos. Se pasea por el Parque del Buen Retiro (irónico nombre a estas alturas de Madrid) eructando e insultando a los inmigrantes. No hace falta que vea ninguno, los insulta igual. Lo hace a gritos, repitiendo la misma frase una y otra vez:
Si la miras te perseguirá allá donde vayas con su cantinela, seas inmigrante o no. Si la contestas o intentas mantener una conversación a propósito del tema que la ocupa (tan de actualidad, por otra parte) no te hará ni caso, pero te seguirá con su cantinela alzando cada vez más el volumen de su voz y sus eruptos.
-El loco de las cabinas: Un chico joven, bien vestido (camisa blanca, corbata y pantalón negro, zapatos brillantes) y atractivo se pasea por las cabinas de la Milla de Oro de la capital rompiendo los cristales (o intentándolo) con el teléfono. A su paso saltan trozos de auricular o de cristal mientras grita algo así como “Estoy hasta los cojones de vosotros”.
-El/la loco/a del metro: Una persona de sexo indefinido (a veces parece hombre, pero al rato te fijas y es una mujer) que se coloca siempre frente a la puerta de salida del vagón. Cada vez que el tren hace su parada él recita el nombre de la estación, las correspondencias con otras líneas y, llegado el caso, el aviso de que se trata de una estación en curva. Lo hace al unísono que la voz en off femenina del metro y jamás se equivoca de estación o correspondencia.
Que nadie se ofenda por mi uso de la palabra “loco”, pero no se me ocurre otra para estos y otros personajes que pueblan el infierno urbano. Una, que también se sienta al margen muchas veces (y no entiende nada otras tantas), se plantea la cuestión sin ánimo de ofensa y sabiendo, de ante mano, que todos estamos un poco locos. Quizás aún no hemos tenido las agallas para romper un par de cabinas o pensar en voz alta, como ellos, pero seguro que muchos nos quedamos con las ganas…
¿A que si?...

5 comentarios:
Sinceramente, creo que hay varios tipos de locura. Procedo de una gran familia de locos, es cierto. Incluso yo estoy más para allá que para acá.
El problema no es si hay muchos locos o no, la cuestión está más en lo fácilmente que usamos esa palabra para definir a gente o situaciones a diestro y siniestro. Hay mucha gente que comete locuras, pero no está loca. Y hay muchos locos, que si cometen locuras, no saben que lo están haciendo. El problema es cuando alguien comete locuras escudándose continuamente en que está loco y piensa que eso le va a eximir de la culpa. Esos no están locos, son unos psicópatas.
No sé si se me ha ido la olla en la contesatación o tiene alguna coherencia. Ya me lo dirá. Bss.
Nunca he hecho ese tipo de locuras, pero sí es cierto que a veces me sorprendo pensando: ¿Qué pasa si de repente cojo y me pongo...?
Nunca lo hago, pero lo pienso muchas veces. Tal vez algún día me líe la manta a la cabeza...
Me ha gustado mucho tu post.
Mientras piense en locuras inofensivas, todo va bien, querida Norma. El problema es cuando, por ejemplo, experimentas cómo se siente uno al tirar a otr a persona a las vías del metro cuando éste pasa. Mal rollo.
Por cierto, Sue, que hoy he recordado su post, porque he vuelto con una de esas personas que se ponen a insultar a todo el mundo en el bus... Gritaba y gritaba y nosotros chitón, que nunca se sabe por dónde te va a salir. Es una gran conocida por estos lares.
PD: Norma, Sue siempre escribe bonito. Es lo que tiene la chica.
¡¡¡¡¡¡¡¡¡GRACIAS!!!!!!!!!!!!! Al final me hacen ustedes llorar, ein! Que estoy con el síndrome postmestrual ese!
Acorde, se explica usted divinamente, se nota que es "seño" y de las güenas! No se le ha ido la olla para nada. De todas formas, en este post estaría justificado :)
Norma, thanks por su visita y su cumplido. Y por supuesto, no deje nunca de cometer pequeñas locuras. Son la salsa de la vida. Como dice una de las protas de una de mis pelis preferidas (Ficción): "Sino ¿qué?".
Bs!
Gracias a usted por su visita, ¿señorita? Chumi. Ni por asomo pensé que era usted una "espia".
Gracias también por renombrar este blog como "acogedor", jamás nadie lo hizo.
Que la diosa reparta suerte en el concurso.
Saludos.
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