Jo, esto de tener Internet en casa es un chollo. Puedo contaros en directo y en pijama (si lo usara) cómo me siento, lo que se me pasa por la cabeza, lo gilipollas que son mi vecinos... había olvidado esta agradable sensación de libertad y esclavitud. Este eterno conflicto entre lo finito y lo infinito...quiero decir que una vez una se "engancha" a la red... uff, cuesta desliarse, porque aunque la vida siga, parece que sigue a ciegas, porque una no se entera de un montón de cosas absurdas y cruciales al mismo tiempo. Máxime cuando una no ve la tele y a penas lee los periódicos.Leitmotiv
Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.
Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.
Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.
-C. Lispector, La hora de la Estrella-
miércoles, 2 de julio de 2008
EXAGERANDO
Jo, esto de tener Internet en casa es un chollo. Puedo contaros en directo y en pijama (si lo usara) cómo me siento, lo que se me pasa por la cabeza, lo gilipollas que son mi vecinos... había olvidado esta agradable sensación de libertad y esclavitud. Este eterno conflicto entre lo finito y lo infinito...quiero decir que una vez una se "engancha" a la red... uff, cuesta desliarse, porque aunque la vida siga, parece que sigue a ciegas, porque una no se entera de un montón de cosas absurdas y cruciales al mismo tiempo. Máxime cuando una no ve la tele y a penas lee los periódicos.-Jo, ahora tengo que quitarme el tinte, pero estoy con vosotros en diez minutos (ummm.... creo que esto podría habérmelo ahorrado. Una cosa es escribir en directo y otra contar los breaks que una se toma para quitarse el tinte o poner a cocer unos puerros...)-
Voilá!
Ni la peluquera más experta lo hubiese hecho más rápido y mejor...bueno, la más experta quizás sí, pero las de mi barrio fijo que no. Y no lo digo por malmeter, sino porque lo he vivido en mis carnes, o mejor dicho, en mis propios pelos.
Os cuento.
Hace unos meses decidí que ya que tenía que pagar un jodido alquiler todos los meses en un barrio que no me gusta, al menos debería darme algunos caprichos. Aunque solo fuera para sobrevivir a este segundo intento de independencia (del que hablaré largo y tendido en siguientes post). Decidí también que el capricho/los caprichos tenían que ser nuevoss, es decir, nunca antes disfrutados por mi. Esto lo hacía más excitante, deseable y valorable en su totalidad, ayudándome así a superar mis pequeñas crisis de ansiedad urbana.
Y uno de los caprichos elegidos fue permitirme el lujo de visitar la peluquería al menos una vez cada dos meses. Joder, qué bobada diréis, eso lo hace casi todo el mundo (o casi todas las mujeres) desde la adolescencia hasta la senectud y no es ningún lujo ni capricho valorable. Bueno, eso lo pensáis porque no tenéis una mami peluquera que durante 34 años os ha estado tirando del pelo con fuerza y confianza. Para mi era un capricho (y casi una liberación) dejar que una peluquera extraña en un local con olor a líquido de permanente y lleno de revistas del corazón manchadas de tinte me sobara el pelo. Eso si, con dulzura.
Me encantaba la idea de establecer contacto con esos lugares a los que todas las mujeres van casi todo el tiempo y contar con una peluquera de confianza con la que cuchichear sobre lo bueno que esta el chico del gas o lo de mis vecinos gilipollas, por ejemplo.
Sin embargo, a pesar de mis intentos y buena fe, no ha sido posible establecer el vínculo deseado con ninguna peluquera y mi pequeño sueño/capricho se ha convertido en una suerte de pesadilla. Cuatro peluquerías distintas y seis citas con distintas peluqueras han hecho de mi una renegada absoluta de estos centros de recogimiento vecinal. Por varias razones.
Primera: pagas un tinte y te tiñen con agua oxigenada. El poco tinte que te dan va a parar a la piel y la ropa y no a las raíces, con lo que a los dos días pareces tu abuela peliteñida y quieres matar a la peluquera. Eso sin contar que te pongan una mierda que escuece y te pases dos días con el cuero cabelludo ardiendo en llamas.
Segunda: tienes que esperar entre 30 minutos y una hora y media para que te atiendan, con el agravante de que como no cojen cita ni la vez no puedes aprovechar ese tiempo para hacer algo útil. Esto significa que sales de tu casa a las diez de la mañana pensando que a las doce estarás monísima de la muerte dispuesta a comerte el mundo y hacer la compra y en realidad no sales del potro de tortura hasta pasadas las 2 de la tarde. Y ya ni compra ni leches.
Tercera: tienes que dejar propina lo hagan bien o mal (¿?). Yo me fuí de mi última cita sin saber a quién carajo se le deja la propina, me refiero si hubiera querido dejarla, claro. A si que si hay alguna peluquera en la sala que me lo explique: ¿A la que te pone la bata? ¿a la que te cambia de silla veinte veces?¿a la que te trae las revistas? ¿a la que te lava el pelo? ¿a la que te tiñe? ¿a la que te peina?...
Cuarta: se pasa mucho calor.
Quinta: te queman el pelo y te manchan la ropa.
Sexta: nunca te dejan como tú quieres.
Séptima: prefiero a mi mami.
De acuerdo, a lo peor me he pasado y soy una exagerada. Seguro que muchas mujeres tienen buenas experiencias constantes en las peluquerías, y peluqueras de confianza que ya saben cómo es el pelo de una y la tiñen bien y todo eso. Acepto barco, pero aún así mi experiencia manda en mi y, de momento, me manda no volver a una peluquería.
Entiendo que antes era diferente, que se tomaba más interés, se creaba un vínculo más fuerte y todo era primor y buen rollo, me refiero antes de las cadenas de peluquerías con aspiraciones a clínicas de estética. Pero ahora es diferente.
Por eso he decidido cambiar el capricho de las peluquerías por otro... y estoy en averiguaciones a ver por cuál me decido.
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3 comentarios:
Mi madre solo me cortó el pelo una vez y espero que no lo vuelva a hacer nunca. No, no es peluquera, ni siquiera esquiló jamás una oveja.
Pero entiendo sus ansias de quitarme la melena, teniendo en cuenta que quizá piso una peluquería una vez cada dos años. Si a eso le sumamos que me suelo afeitar cada 6 meses más o menos... la comprendo.
Madre de deu, hice un comentario hace días buenísimo y no se quedó guardado.... Era tan bueno que ni me acuerdo de lo que puse.
Por cierto ahora que usted tiene intesnet, yo me quedo sin él. Nuestras vidas van por derroteros tan distintos...
Muy bueno cecil jjajaja! Me has hecho sonreír.
Acorde, mira a ver si encuentras ese coment...jo, no sé porqué no se guardó. Esto de la informática ya sabes, is a mistery misterioso.
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