Leitmotiv

Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.

Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.

Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.

-C. Lispector, La hora de la Estrella-

miércoles, 16 de julio de 2008

AY, SI LA ENVIDIA FUERA TIÑA


Hablando de falta de expectativas, tengo preparado desde hace meses un post que define muy bien la razón originaria de este blog y sus intenciones (sus expectativas), o más bien las mías, aunque a veces creo que es Cartografía quien domina el cotarro y yo soy solo su títere. En cualquier caso, no lo he colgado/publicado todavía porque estaba a la "expectativa" del permiso/autorización/corrección de su protagonista. Sin embargo, llevo meses esperando que me de la venia definitiva y aún no he tenido noticias.

Había pensado no publicarlo hasta no recibir el consentimiento final, porque al fin y al cabo es una historia ajena, pero después de tres mensajes no respondidos y recordando que ya me dió carta blanca en su momento para contar lo que quisiera (eso sí, sin referencias personales, nombres y demás), he decidido colgarlo en breve.

Ahora no porque no tengo tiempo ni ganas de corregir las últimas faltas (que seguro habrá porque el curso de Corrección de momento solo me ha servido para poner más faltas que antes) y porque hay otro tema que me ocupa. Bueno, en realidad me ocupan muchos, porque es leer el periódico y no parar de escuchar hablar a mi cabeza.

Qué mundo de locos.

Pero aún a riesgo de pecar de frivolidad, no voy a hablar de la crisis económica ni otros males que nos acechan, sino de un personaje mediático: Pilar Rubio. Y esto solo para volver a demostrar la tontería y la envidia que domina este mundo (de locos). Y no me refiero que ella sea tonta y envidiosa, no, sino más bien el mundo que la rodea.

Me explico, que parezco tonta yo también. Hace tiempo vi a esta chica en la tele, en un programa de la Sexta, y me pareció una chica guapísima al tiempo que simpátiquísima. Me pareció que le quedaba genial su papel de reportera desenvuelta y aunque yo no soy muy de programas de "reporterismo", volví a verla en otras ocasiones enganchada como estaba a sus reportajes... bueno, y a sus ojos.

La cuestión es que no me gustan las mujeres (al menos de momento, porque al ritmo que va mi éxito con los hombres ya no descarto ni a la mula Francis), pero cuando veo una mujer que me parece muy guapa, de estas que parecen dibujadas, me pasa como con los chicos que me parecen guapos: que no puedo dejar de mirarlos. Y no solo eso, me pregunto siempre si hay algo más allá y me gusta averiguar cosas. Sobre todo (qué cosa más tonta) cómo eran de pequeños, sus hobbies, si habrán tenido problemas en su adolescencia por ser tan guapos, qué leen, qué comen, cómo les fue en la mili o si se asustaron con su primera menstruación...

Por eso, en cuanto me enamoré de los ojos de Pilar empecé a investigar sobre ella en la Red y he encontrado mucha información, a la par que un mundo de opiniones y críticas, la mayoría hacia su fisico claro, porque lo que más llama la atención y vende de Pilar es su físico perfecto. Lo que me parece lamentable es que consideren que un físico de esas características es, por narices, obra de la cirujía y se metan con ella por ser tan guapa.

Es decir, nos pasamos la vida tragándonos anuncios en los que la mujer (sobre todo) tiene que estar divina de la muerte siempre (sin pelos, sin arrugas, sin celulitis, con brillo en los ojos, el cabello Panten, la sonrisa Profident y resto de vainas), criticando a la que no lo está y cuando hay una chica que es tal y como los anuncios dicen que tiene que ser (incluso mejor) ¡ZÁS!: la ponemos a caer de un burro.

Mi pregunta es: ¿por qué?
Mi respuesta es: envidia.

Recuerdo que hace años viví lo mismo con una compañera de trabajo. Una chica guapísima que era diana de criticas constantes. En mi produjo el mismo efecto que Pilar, no podía evitar mirarla y pensar cómo sería de pequeña o lo que le gustaba comer. Sin embargo, al resto de chicas de la oficina les importaba un pepino lo que comía o cómo era su interior y la acusaban de ser una prepotente que se paseaba con aires de diva.
Fijaros hasta donde puede llegar la indocumentación, la falta de sentido común y de respeto. No es que se paseara con aires de grandeza, sino que era una chica alta que además había trabajado como modelo y caminaba y vestía como tal. Además de que era guapa y lo sabía y no creo que tenga nada de malo que alguien se tenga en buena consideración estética.

Pero no, daba igual lo que dijera, la ropa que llevara, como caminara o se sentara, siempre era el centro del huracán y yo me ponía enferma. De hecho creo que me salió una úlcera de aguantarme las ganas de soltar la lengua (y la mano) a alguna de esas enanas que se metían con ella. Que si estaba operada, que si caminaba como un caballo, que si se le transparentaban las bragas con ese pantalón... Me hubiera gustado arrancar el espejo del baño y ponérselo delante a alguna a ver si viéndose a sí misma dejaba de criticar el físico del prójimo.

En fin, que hay cosas que no cambian y yo no puedo cambiar el hecho de que me cabreen ese tipo de tonterías. Si ya sé que Pilar Rubio y esta chica (ni recuerdo su nombre) se pasan por el forro del tanga las críticas y no les hace falta mi defensa, pero ejjjjque me sale así y no puedo evitarlo. ¿Por qué no se meterá la gente en sus asuntos?

3 comentarios:

A corderetas con mi alma: "Corde" dijo...

Tiene razón. Yo tengo una amiga desde que era peque que es guapísima, una pasada. Y siempre la genter la ha prejuzgado. Y es la tía más normal que se pueda echar uno a la cara, pero es que además es una gran deportista y destaca por las dos facetas. Pues bien, hicimos la misma carrera, pero con un año de diferencia y me tuve que oír cada sarta de gilipolleces... hasta que todos se enteraron que yo no era la mejor para reírme de ella, ya que soy su amiga. Hace poco recibió cartas amenazantes de un tío que ni la conoce, pero que se enamoró de su físico. Ella, que lleva casada más de ocho años, tuvo que leer verdaderas barbaridades que además salpicaban a su marido.
¿Por ser guapa? ¿Por envidia? No sé hasta dónde llegaremos los seres humanos.

Anónimo dijo...

Pues iba a decir que qué pena lo de su amiga, a acorderetas, pero pensándolo mejor… más pena me dan todos los que viven amargados por no poseer lo que desean de otros. Su amiga tiene algo muy valioso que debe proteger, las ganas de vivir y superarse sin joder al prójimo.

Yo no le veo absolutamente ningún problema al inconformismo, pero cuando es por mejorarnos a nosotros y al mundo que nos rodea. Sin embargo, lo de esos individuos de los que hablan es puro complejo y envidia de no saber o no tener los huevos de manejar su vida con sabiduría para producir éxitos.

Hoy mismo escuchando la SER desde Philly, se comentaba en una tertulia cómo los españoles somos de comer “una” y “contar cuarenta”. Y estoy de acuerdo, pero no somos una excepción. He encontrado gente así en todas partes. Hay individuos con complejos que, aún incapaces de superarlos, viven su vida anónimamente sin el deseo de llamar la atención ni de perjudicar a otros. Los peligrosos son los otros, los que necesitan ensañarse con los demás para aliviar su frustración e incapacidad de superación.

Estoy convencida de que la envidia en sí no es el problema sino el mal uso que se hace de ella. En vez de dirigir la energía personal en construir, en superar los obstáculos y superarse a sí mismos, los envidiosos se enfocan en destruir a los que envidian. Ojalá se inventara un radar para mantenernos alejados de ellos.

Pandereta

Sue dijo...

Es cierto, Pandereta, la envidia puede ser sana, porque a mi me dan una envidia horrorosa los ojos y la sonrisa de Pilar, por ejemplo, pero también envidio a la gente que es capaz de aprender otro idioma, tocar un instrumento musical,entender una complejísima fórmula química, ofrecer su tiempo y su vida a otros (la madre Teresa)... en fin, no acabaría.

Pero mi envidia no me hace odiar a esas personas, sino todo lo contrario,admiarlas.

Totalmente de acuerdo en que los peligrosos son los que quieren superar sus complejos a base de machacar a los demás. Son como el perro del hortelano: "ni son felices ni dejan a los demás serlo".

A corde, aunque tu amiga se pase ahora por el forro todos los juicios, estoy segura de que ha tenido que soportar muchas cosas. No me cabe la menor duda.