Ya se lo dije a mis compañeros de trabajo, que si me largo no será por un marido (como me insinuaron entre bromas), sino por dinero. No sé qué es más ruin, ya hace tiempo que perdí ciertas nociones, pero quizás lo averigüemos al final de esta entrada.Me alucina comprobar que en este país siguen existiendo los bloques y que aún hay muchas personas que son fieles a sus partidos políticos aunque éstos estén representados por inútiles y chorizos. Que no ven (o no quieren ver) cuando las cosas van mal y cuando sus ministros pecan de incompetencia. Da igual que sean socialistas o populares, cuando alguien se arrodilla ante un partido no hay posibilidad de levantarle, aunque tenga las rodillas sobre brasas.
Entiendo que aquellos que están dentro de la cadena de favores de la política (ministros, alcaldes, concejales, compañeros de celda, amantes y familiares, etc.) se hagan los idealistas y se pongan la venda para pillar un buen trozo del pastel, pero no capto por qué una persona de a pie, que ni pincha ni corta esa tarta, puede llegar a estar tan ciega.
Ya hace años que este país tiene serios problemas económicos y sociales (con el PP y con el PSOE, que quede claro), no seré yo quien descubra el muerto, pero parece que ahora empiezan a alarmarse. Evidentemente, no a todo el mundo le afecta del mismo modo, ya sabemos que el capitalismo mal gestionado engorda al noble, apuñala al burgués e ignora al campesino, pero la alarma crece para todos. Se puede hacer humor sobre la situación, y para ello Quino es el mejor, pero la risa no dura mucho si el problema sigue y sigue, como el conejito de Duracell.
Eso si, sacarnos polémicas absurdas de la manga se nos da como hongos. De país de tercera, vamos, como esta última de las ministras de Zapatero que ni tiene gracia ni tendría por qué ser noticia, pero claro, así se despista al personal. A mi, más que alegrarme, me da pena que se le de tanto bombo a que haya más ministras que ministros, cuando debería ser algo superado, un hecho colateral sin efecto alguno, como lo ha sido siempre que haya más ministros. ¿Qué más da?
Sue, despierta, que no vives en Suecia, que aquí esas cosas mosquean, molestan, despistan y se comentan en los bares a falta de neuronas para lo importante.
Lo que más me molesta es que hay muchas cosas que escapan a mi control y no depende de mi que cambien. Es decir, yo puedo cambiar de trabajo mil veces, administrar mi sueldo o irme del país a buscarme la vida, pero me tengo que joder cuando el butanero me dice: “Son 29,40”. Podría maldecirle o preguntarle si es una broma, como a la taquillera del cine el otro día a propósito de los 7 euros, pero ¿de qué serviría? Ni el butanero ni la taquillera tienen la culpa.
Y ahora, para más INRI, se inventan más ministerios. ¡Ala! El país esta sufriendo una recesión económica y en lugar de invertir se despilfarra. Como si fuéramos un país solvente. ¿Pero a qué lucecita se le ha ocurrido semejante idea? ¿Es que nadie se ha parado a pensar lo que significa poner en marcha un ministerio? ¿No podemos esperar a que la economía se levante para hacernos los europeos?
Yo es que no lo entiendo, trato de entenderlo pero no doy más de mi. Debo de ser imbécil o me he equivocado de planeta. O ambas cosas porque se me escapa el objetivo final, bueno no, no se me escapa, el objetivo final es “Ande yo caliente ríase la gente”. Ese es el lema de los dirigentes de este país.
Casi empiezo a ver con buenos ojos que ciertos profesionales del show business y el periodismo anden participando en programas basura. Si yo ganara en media hora de basura lo que gano al mes en un trabajo decente tampoco me pensaría mucho la oferta. No tendría dignidad pero al menos tendría una vivienda digna, como los que se licencian en Gran Hermano.
Llegará un día en que todos perdamos la dignidad y las ganas de luchar por nuestros pequeños sueños, esos que no son cantar, bailar y enseñar las tetas para vivir de gorra. Todo será un escaparate y una gran mentira dividida en dos (derecha e izquierda) y entonces ya sí dará todo igual.
DEDICATORIA: Dedico este post al flautista callejero que solía tocar hace años frente a la puerta de Fnac y que me dio una lección de humildad que a veces me inyecto para seguir viviendo.
Yo estaba deprimida y en lugar de presentarme a un examen me fui a dar una vuelta al centro. Me quedé un buen rato escuchando al flautista, tanto, que al final se acercó y empezamos a hablar.
Me dijo que no podía deprimirme, que tenía salud, un techo en el que vivir, una familia que me quería y además estaba en la universidad. Él vivía bajo un puente en una caja de cartón y a penas sacaba monedas para comer una vez al día, sin embargo, sacó dos y me dijo: “Te invitó a un café en Rodilla”.
No me dejó pagar ni darle dinero y después de aquél café no volví a verle.

1 comentario:
Sí, qué frustrante es ver la facilidad con la que se consigue “despistar” al ciudadano de a pie con polémicas como bien dices absurdas. Es una de las estrategias políticas más antiguas, pero no la única. También está la de “entretener” y “desviar” a través de la telebasura, cambios ridículos en el sistema educativo o creación de “cursillos”, entre otros, que la mayoría de los casos no sirven más que para mantener ocupadas las neuronas y alimentar las esperanzas de los parados o los mal pagados. Y éstos en vez de “quejarse” de forma constructiva y ejercer una presión constante sobre los que mueven los hilos para que los cambios sean “coherentes” y “consecuentes” muchos acaban dejándose mover como peleles, eso sí, haciendo mucho ruido… pero un ruido que para los dirigentes no deja de ser más que eso, ruido.
Quiero pensar, más bien me niego a pensar, que llegue un día en que todos perdamos la dignidad y las ganas de luchar, aunque parezca una utopía, en pro de ganar más dinero. Casualmente ayer estaba yo con un grupo de amigos precisamente hablando del valor del dinero, y creo que no se trata de valorarlo “demasiado” sino de hacerlo desde una posición equivocada, la de cantidad, en vez de la de calidad: cómo se consigue y cómo se invierte, en vez de cuánto se consigue y cuánto me queda. Esto me recuerda a la época del colegio y del instituto cuando una se cruzaba en los pasillos con otros estudiantes y te preguntaban aquello de “Y a ti, ¿cuántas te han quedao?” en vez de “¿Cómo te ha ido?”. A lo mejor es éso, que para ser capaz de verlo claro, uno tiene que salirse del círculo.
Pandereta
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