Leitmotiv

Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.

Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.

Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.

-C. Lispector, La hora de la Estrella-

lunes, 3 de marzo de 2008

ESTE NO ES UN POST DE CUMPLEAÑOS (no, no, no)

Me había prometido a mi misma no escribir ningún post por mi cumpleaños (lo juro), por muchas razones, pero sobre todo porque al final siempre acabo hablando de mis problemas respiratorios al nacer y lo friky que era de canija. Y es taaan aburrido… sobre todo para los ojos forasteros que visitan este blog, muchos de los cuales deben pensar que soy el egocentrismo personificado.

Le doy la razón a todos esos forasteros, pero lo cierto es que si una no es egocéntrica en su blog ¿dónde va a serlo?

Hace unos días lo pensaba, me refiero a esto de la edad, la cantidad de cosas que una deja en el camino y lo difícil que es no dejarse arrastrar por el caos. Los proyectos y deseos se acumulan como los trastos viejos y una a penas tiene tiempo de ordenarlos en la cabeza.
Lo hacía (lo de pensar, digo) sentada en un banco de la Iglesia de Nuestra sra. del Carmen, tras haberme tragado todo el sol de Madrid en mi largo paseo solitario. Hacia las 7.45pm ya no quedaba luz y mis piernas me rogaron un descanso, a si que busqué un lugar alejado del mundanal ruido.

Siempre he sentido curiosidad por las personas que visitan los templos religiosos habitualmente (como quien visita el bar) y es por eso que, a parte de pensar en lo vieja que soy, escruté los rostros de los fieles que volvían de la confirmación (¿se llama así?). Para mi sorpresa no vi tentáculos, ni sospechosos pliegues de piel que escondieran peligrosos aguijones, sino rostros corrientes y molientes. La mayoría con aspecto cansado y cargados de melancolía. Igual que yo.

Reconozco que no aguanté el sopor cristiano más de 10 minutos, pero mis piernas (que son tan ateas como yo) me lo agradecieron enormemente y rejuvenecieron para seguir la marcha. Para entonces, el espectro de mi inminente cumpleaños se había alejado dejando paso a la ilusión de una noche llena de contrastes.

Solo entonces caí en la cuenta de que la vida diaria te aleja de tus sueños pero te regala momentos inolvidables.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Feliz cumpleaños, mi mayoviris linda, y que cuuumplas muuuchos máááááás.

Y recuerda que los proyectos y deseos se te acumulan porque estás ocupada desempolvando muchos otros, así que la vida diaria te aleja sólo de algunos: aquellos que aguardan impacientes su turno.

Te escribo a las 10:40pm en USA, 4:40am en Spain...asi me aseguro de que soy oficialmente "la number one" en felicitarte!!!

Besitos,

Pandereta

A corderetas con mi alma: "Corde" dijo...

Joé, yo también pasé por una iglesia un día en mi cumpleaños, hace como tres años. Recuerdo que hasta entré y todo porque hacía tanto calor afuera que sabía que dentro iba a estar mejor. Querida, somos raras, raras.
¡Felicidades!

Justo dijo...

Esto no es una felicitación, no, no, no....

Para mi la frase obligada y archiconocida que viene a cuento es aquella de John Lennon "La vida son las cosas que suceden mientras hacemos planes". Me resulta curioso que estas cosas las diga gente como Jhon Lennon, porque se supone que tienen unas vidas que muchos soñarían para sí.

Sue dijo...

Gracias por las felicitaciones y las no felicitaciones.
Ya pasó, ya. Uff.

A corderetas, eso no lo digas muy alto que luego te tachan y no hay manera :)

Gracias hermanita mayor.