Leitmotiv

Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres.

Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días.

Pero estoy preparada para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aún la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.

-C. Lispector, La hora de la Estrella-

lunes, 28 de enero de 2008

LENGUAS DE GATO

Río Lobos (Soria)
No sé si alguna vez he pensado en el mundo que he nacido como el mejor de los mundos posibles, seguramente no, pero al menos si recuerdo haber tenido ciertas esperanzas. Esperanzas que año tras año y solamente estando por aquí, han ido oscureciendo el verde hasta volverlo casi marrón. Y no es que tenga nada en contra del color marrón, al contrario, me parece un color muy cálido, pero no es precisamente adecuado como epíteto de la esperanza.

La esperanza, como los vestidos de verano, tiene que ser verde. Verde oliva, verde manzana o verde agua, y tiene que centellear, sino no es esperanza.

No estoy de acuerdo en muchas cosas que ocurren por acá y me sumo a la angustia que confesaba “la Mari” de Chambao cuando dijo aquello de que no soportar leer los periódicos. Ella hace canciones protesta y participa de forma activa en proyectos para el desarrollo sostenible, no es mucho, pero es bastante más que lo que hace, por ejemplo, el rey de Marruecos, a pesar de contar con medios formidables para intentarlo.

Yo también quisiera hacer una canción, como la Mari, o algo enorme que pudiera venderse para pagar la deuda de la miseria, pero solo me da por comer lenguas de gato. Además, el tiempo corre tan rápido...

Esta semana, mientras Shane confesaba sus pecados y desnudaba su alma ante un desconocido, Seiji Shimoda se ha quitado la ropa en público y ha dibujado figuras imposibles sobre una mesa de Ikea.

Lo uno parece un buen guión y lo otro dicen que es arte, pero ... nada es lo que parece.

3 comentarios:

Davidik dijo...

Hola Sue, es un gusto volver a leerte especialmente después de haber pasado un mes lejos de los blogs. Llevo un día pensando cosas muy parecidas, si cambiamos "canción" por "foto". Ayer empecé un curso de fotografía solidaria, con un fotógrafo que lleva años viviendo en Oriente Medio, antes vivió 5 años en Chiapas, da talleres de fotografía a niños que nunca han visto un cámara... en fin, el tema merece un post, el caso es que ahora siento una necesidad inmensa de usar la fotografía para intentar cambiar un poquito las cosas que no me gustan. Y creo que en este taller me van a aconsejar y orientar bastante bien.

Sue dijo...

Bienvenido Davidik. Estoy deseando ver algunas de esas fotos. El taller parece muy interesante.
Gracias por seguir por aquí y bienvenido a la Hispania de nuevo.

Justo dijo...

Dicen que desde siempre, ser lúcido y español aparejó gran amargura y poca esperanza.

Personalmente pienso que si existe un infierno en la tierra, sin duda este sería el de la desesperanza. Seguro que muchos de nosotros alguna vez hemos asomado la vista a ese profundo abismo. Quisiera pensar también que a muchos nos ha sucedido en algún momento un milagro inesperado que nos devolvió la fe.

Para un ser tan limitado y mortal, que además no cree en el más allá, a veces se me hace particularmente difícil encontrar argumentos para no caer en la desesperación. Pero creo que las personas, sobre todo aquellas que amamos y que merecen nuestro respeto compartimos íntimamente esta extraña circunstancia de la existencia. No ceder a la desesperanza es una obligación hacia los demás, y de los demás hacia nosotros, porque si tú cedes, entonces cedemos todos. Es una suerte que compartimos.

Y sobre todo hay pocas cosas tan ciertas como que el futuro nunca está escrito.

Dicen que Tolkien escribió la novela de ‘El señor de los añillos’ inspirándose en la tremenda desolación vital que dejaron tras de sí las tragedias de la segunda guerra mundial. Para mí esta obra simboliza un canto a la amistad, a la nobleza, y sobre todo a dotar de sentido a la lucha en que se convierte a veces la existencia humana. Así, para esos momentos de zozobra me quedo con esa escena de Aragorn, que en el momento álgido que precede a la batalla, cuando todos se rendían al desánimo, él que tenía posibilidad y motivos para marcharse, sin embargo decide permanecer junto a los suyos, aun a sabiendas de que su probable destino sería morir luchando junto a ellos. Porque como bien decía, “Haleth hijo de Háma, siempre hay esperanza”