"Siempre que me siento pesimista por cómo está el mundo, pienso en la puerta de llegadas del aeropuerto de Heathrow. La opinión general da a entender que vivimos en un mundo de odio y egoísmo, pero yo no lo entiendo así, a mi me parece que el amor está en todas partes. A menudo no es especialmente decoroso ni tiene interés periodístico, pero siempre está ahí: padres e hijos, madres e hijas, maridos y esposas, novios, novias, amigos... Cuando los aviones se estrellaron contra las torres gemelas, ninguna de las llamadas de los que estaban a bordo fue de odio y rencor. Todos fueron mensajes de amor. Si lo buscáis, tengo la extaña sensación de que el amor, en realidad, está en todas partes". Sé que para el 70% de la población mundial los aeropuertos son lugares odiosos donde te pierden las maletas, te gritan (si eres empleado), te hacen esperar indefinidamente (delayed-delayed-delayed), el café es caro y malo, nunca hay cajeros que funcionen, etc. Sin embargo, yo me quedo con lo que dice Hugh Grant (o su voz en off) y con lo que me hacen sentir y evocar…bueno, además de que me encanta el café aguachirri que sirven por allí (ya lo dijo Billy Wilder : “nadie es perfecto”).
Solo ahora, después de haber visto tres veces esta peli, me doy cuenta de que empezó a gustarme mucho antes de saber que existía, mucho antes de que alguien construyera la historia, más o menos desde que me gustan los aeropuertos y los faros, es decir: desde siempre. Y no tanto porque el amor esté en el aire, como tú dices, sino porque son lugares que encierran un antagonismo casi mágico.
Los aeropuertos no son solo el “hall” de las ciudades, sino la propia ciudad en miniatura, su versión concentrada. Y si se trata de ciudades grandes, como Londres, sus aeropuertos dan la misma impresión que éstas: lugares enormes e infinitos donde parece que todos se aíslan de todos. Como el farero bajo su luz. Sin embargo, tanto en uno como en otro caso, son dos de los lugares más entrañables del mundo. Es decir que están construidos para ser lugares de paso, solitarios y sin embargo pueden convertirse en confortables estancias donde uno puede reconciliarse con el género humano en sus más diversas formas.
En los aeropuertos la gente va y viene, nadie permanece, o no debería hacerlo, sin embargo todos permanecemos siempre más tiempo del que pretendemos y nos comunicamos mucho más de lo que creemos (incluso de lo que quisiéramos). Las despedidas y los encuentros son momentos intensos, tanto de alegría como de tristeza, y en ellos, además, se cruzan historias ajenas que se nos adhieren porque sí.
¿Quién no ha compartido una historia ajena en un aeropuerto alguna vez? ¿Quién no ha escuchado alguna historia de la que hubiera querido ser el protagonista? ¿Quién no ha deseado tomar un avión sin ningún preparativo ni equipaje?
Seguro que alguno de vosotros ha conocido a alguien especial en un aeropuerto y fijo que tenéis anécdotas para aburrir. Yo tengo muchas y ninguna tiene que ver con la soledad o el aislamiento. A mi me parecen lugares muy acogedores, porque acogen a todo el mundo, lugares de paso patria de nadie y de todos.

4 comentarios:
Los aeropuertos son un infierno. No los soporto. A mí solo me gustan las estaciones de tren.
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Un abrazo
Aeropuertos... A mí me parecen sobre todo incómodos. Por varias razones, pero realmente porque llevo muchas cosas de mano y me pesan un huevo y porque los asientos son muy incómodos.
Pero pienso como tú en cuanto a que se puede hacer un estudio sociológico sobre ellos.
Yo, que normalmente llego con muuuucho tiempo de antelación, me encanta observar lo que pasa a mi alrededor. Soy experta en la T1, T2, la T4 y Los Rodeos. De hecho en Madrid he pasado incluso noches casi enteras. Las tardes han sido más para Los Rodeos. Y he visto de todo, no sólo amor. Odio a raudales también. Alivio, pena, sonrisas malvadas... de todo. Y me encanta esa parte (mientras no la sufra yo, claro).
Gracias Carmen, por supuesto que participaré, aunque no coincidamos en el gusto sobre los aeropuertos.
Un abrazo. :)
A Corderetas, estoy contigo en que son un poco incómodos. En cuanto a los "trastos" de mano uff, menudo suplicio. Y desde que se han tomado tan en serio lo de la seguridad es mucho más peor porque te miran hasta los pies, a si que como para llevar cuatro o cinco bolsas.
Pero aún asi son lugares estupendos.
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